sábado, 24 de septiembre de 2016

Los miembros de la Sociedad Teosófica


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PEDRO OLIVEIRA

 El Sr. Pedro Oliveira fue Secretario internacional.

    La estadística del número de miembros en los últimos años revela un patrón de disminución en la Sociedad Teosófica. En la Memoria Anual de la S. T. del 2004, por ejemplo, el total de miembros es 31.920. Disminuye a 30.171 en 2005 y a 29.287 en 2006. La disminución continúa a 29.014 en 2007 y alcanza 28.607 a finales de 2008. Como los números referidos son el registro del número de miembros que manda cada Sección Nacional, Asociación Regional, Agencia Presidencial y Ramas directamente vinculadas a Adyar, se vuelve claro que el patrón de pérdida de miembros se distribuye por muchas áreas del mundo teosófico.

   Existen diferentes enfoques a la cuestión de la disminución de miembros. Uno de ellos es tratar de hacer el mensaje de la Sociedad más ‘popular’ usando estrategias para volverlo más atractivo para el público. A veces esto resulta en planificar charlas públicas con títulos que suenen al estilo de la ‘nueva era’, invitando a oradores que pueden ser populares en su propio campo, pero que no necesariamente transmiten el espíritu de las Enseñanzas de la Sabiduría, o en hacer los sitios en Internet más atractivos e informativos. Sin embargo, las estadísticas de los países en particular, muestran que a pesar de tales estrategias, la disminución de los miembros continúa igual por varios años. Un caso es el de la Sección Brasileña, que a pesar de la pérdida de miembros, es todavía la Sección más grande en América Latina. Se informa que aunque un número de charlas teosóficas se transmitieron en programas televisivos regularmente en ese país, con una audiencia estimada de aproximadamente tres millones de personas, no resultó en un aumento de miembros en la Sección.

   Otro enfoque justifica la pérdida de miembros, atribuyéndolo a ‘competidores’, es decir, organizaciones que pueden ser similares a la S.T. en sus propósitos, pero que han experimentado un aumento en popularidad debido a sus promesas de rápido desarrollo espiritual, una relación segura con los Maestros, métodos de meditación denominados de resultado orientado, etc. Un número de tales organizaciones afirman, a veces abiertamente, que la ST fue importante cuando se fundó pero que ahora no es nada, excepto una institución vieja e irrelevante que está destinada al olvido. ¡A veces escuchamos incluso a los miembros de la ST decir lo mismo!

   La cuestión del número de miembros es importante porque la ST, desde su inicio tuvo la intención de ser una organización con miembros. Los Fundadores de la Sociedad, tanto los internos como los externos, al igual que todos sus líderes sucesivos aclararon que el verdadero crecimiento de la Sociedad Teosófica está directamente conectado a la percepción de su profundo propósito, por parte de sus miembros. Como afirmó en cierta oportunidad el Hno. Sri Ram, si se realizara una campaña para aumentar miembros, y como resultado de la misma, un millón de personas egoístas se hicieran miembros de la Sociedad, ¿le ayudaría en su trabajo? La ST está abierta para todos aquellos que están buscando ponerse en contacto con la Teosofía, la Enseñanza de la Sabiduría, pero su trabajo, su futuro y su utilidad dependen de esos miembros que comprenden la naturaleza de su propósito esencial.

   Por líderes de la Sociedad no quiero decir sólo sus Presidentes. Personas como Clara Codd y Ianthe Hoskins, por ejemplo, nunca desempeñaron ese cargo, pero su contribución a la ST como un todo fue destacada. Ambas dieron conferencias extensamente durante varias décadas y ayudaron a innumerables estudiantes y simpatizantes a comprender algunos de los principios fundamentales de la Teosofía. Quienes las conocieron, pudieron ver cómo el propósito de la ST estaba vivo en ellas y cómo esa profunda comprensión y compromiso encendió el entusiasmo por la causa teosófica en quienes las escucharon y las contactaron.

   En una carta al Sr. Sinnett, el Mahatma M. expuso, con su habitual fortaleza y vigor, su opinión sobre el problema central que afligía a la ST de esa época. Lo que escribió en ese momento parece ser tan relevante hoy como lo fue en 1882:



Por otra parte, nosotros sostenemos saber más de la causa secreta de los acontecimientos que lo que ustedes, hombres mundanos, saben. Y digo entonces que es la difamación y el abuso que se hace de los Fundadores, el general concepto erróneo que se tiene de la finalidad y propósitos de la Sociedad, lo que paraliza su progreso, nada más. No faltaría una definición clara y exacta en estos propósitos, con sólo que fueran debidamente explicados. Los miembros tendrían de sobra qué hacer si persiguieran la realidad con la mitad del fervor con que persiguen espejismos. Lamento verle comparar la Teosofía con una casa pintada en el telón, por cuanto, en las manos de filántropos y teósofos verdaderos, puede ser algo tan fuerte como una inexpugnable fortaleza. La situación es esta: los hombres que ingresan a la Sociedad con el solo objeto egoísta de alcanzar poderes, haciendo de la Ciencia Oculta su única o principal aspiración, es mejor que no ingresen; están destinados a dolorosa decepción tanto como aquellos que cometen el error de dejarles creer que la Sociedad no tiene otro propósito. Y fracasan precisamente porque predican demasiado acerca de ‘los Hermanos’ y muy poco, si es que algo, acerca de la Fraternidad. ¿Cuántas veces habremos de repetir que quien ingresa a la Sociedad con el sólo objeto de ponerse en contacto con nosotros, y si no de adquirir, al menos de asegurarse de la realidad de tales poderes y de nuestra existencia objetiva, está persiguiendo un espejismo? Lo digo de nuevo. Sólo quien alberga en su corazón amor a la humanidad, que es capaz de sentir íntimamente la idea de una práctica y regeneradora Fraternidad, es el que tiene derecho a la posesión de nuestros secretos. Sólo un hombre así, sólo ese hombre nunca hará mal uso de sus poderes y no habrá temor de que los utilice para fines egoístas. El hombre que no coloca el bien de la humanidad sobre su propio bien, no es digno de ser nuestro chela, no es digno de alcanzar más elevado conocimiento que su vecino. (Carta 33, orden cronológico, y 38 CM)



   Examinemos algunas de las opiniones presentadas por Él. Una de las causas de la parálisis en el progreso de la ST se menciona como “el general concepto erróneo de la finalidad y propósitos de la Sociedad”. Él agrega: “No faltaría una definición clara y exacta en estos propósitos, con sólo que fueran debidamente explicados.” Por lo tanto una comprensión clara de nuestros tres Objetivos es muy importante en nuestro trabajo, ya sea dirigido al público o a nuestros propios miembros. Cuando el Sr. Sinnett y el Sr. Hume estaban presionando a los Fundadores para que la ST se concentrara más en fenómenos psíquicos, se les dijo de modo certero, que el Objetivo básico de la Sociedad es la Fraternidad Universal, no los fenómenos, porque es sólo sobre ese fundamento que una exploración significativa de los misterios de la vida, puede suceder.

   Nuestros tres Objetivos permanecen vitalmente válidos. El mundo y sus condiciones en deterioro muestran que la Fraternidad Universal sin distinción es el único y verdadero elixir que puede producir una nueva humanidad; una exploración objetiva de la religión, la filosofía y la ciencia puede entrenar la mente a dejar de lado opiniones absolutistas y por lo tanto acercarse a la Verdad en una condición de apertura y humildad; y una comprensión más profunda de las dimensiones ocultas de la Naturaleza pueden conducir al despertar de esas facultades en nosotros que contribuirán al progreso humano en el verdadero sentido del término.

   El Mahatma también dijo: “Los miembros tendrían de sobra qué hacer si persiguieran la realidad con la mitad del fervor con que persiguen espejismos.” Una de las definiciones de la palabra ‘espejismo’ es ‘una esperanza o deseo irreal que no puede ser’. La literatura teosófica cubre un vasto campo de búsqueda tanto como descripciones de procesos universales. También contiene niveles de exposición metafísica que a veces desafía la comprensión. Es demasiado fácil perderse en un laberinto de terminologías, clasificaciones, y perder de vista lo que es esencial. El otro peligro, también referido por los Fundadores a sus Maestros, es el de considerar el trabajo de la ST como una plataforma para la auto-afirmación individual de tipo agresivo. Estamos en la Sociedad para servir a sus profundos objetivos, no para crear campos de influencia para nuestros propios intereses personales.

   En otro pasaje persuasivo de Su afirmación mencionada anteriormente, el Maestro agrega:



 La situación es esta: los hombres que ingresan a la Sociedad con el solo objeto egoísta de alcanzar poderes, haciendo de la Ciencia Oculta su única o principal aspiración, es mejor que no ingresen; están destinados a dolorosa decepción tanto como aquellos que cometen el error de dejarles creer que la Sociedad no tiene otro propósito. Y fracasan precisamente porque predican demasiado acerca de ‘los Hermanos’ y muy poco, si es que algo, acerca de la Fraternidad, que fallan.



   La ST existe para ayudar a la humanidad en un nivel fundamental, y hacer que la conciencia humana emerja de su capullo de auto-interés y ceguera espiritual. Es responsabilidad de los miembros que han comprendido de qué se trata la ST, aclararle a los recién llegados y a quienes expresan interés en hacerse miembros, los significados más profundos del trabajo de la Sociedad. Durante muchas generaciones de miembros, en muchos países, la ST actuó como un portal hacia un nuevo mundo de descubrimiento, exploración, cooperación e inspiración permanente. Estas cualidades no pueden estar presenten cuando se le permite al egoísmo echar raíces.

   El Maestro continúa afirmando cuál es la condición sine qua non para que un miembro realmente ayude a la ST en su trabajo en un nivel más profundo: “Sólo quien alberga en su corazón amor a la humanidad, que es capaz de sentir íntimamente la idea de una práctica y regeneradora Fraternidad, es el que tiene derecho a la posesión de nuestros secretos.” Aunque afiliarse a la ST está abierto para quienes se sienten en afinidad con sus Objetivos y pagan la cuota correspondiente, su verdadero significado sólo puede ser apreciado por quienes comprenden sus importantes fundamentos filantrópicos. La inspiración para formar la Sociedad Teosófica provino de esas Grandes Almas que no viven para sí mismos. Como Ellos mismos lo han expresado, viven para la humanidad. Esa fue la nota clave al comienzo mismo de la Sociedad y permanece hasta hoy como su fuerza sustentadora. El énfasis de los Adeptos respecto a la Fraternidad no fue el de un mero cuerpo social filantrópico, ajustado a vicisitudes mundanales. Fue una ‘Hermandad práctica regeneradora’, un cuerpo unido en el que hay renovación constante por medio de la firme y constante eliminación de toda intención y actitud egoísta. Tal cuerpo de personas, verdaderamente unidos, se vuelve el vehículo para algo mucho más grande que él mismo, ‘un cuerpo sobre cuyo rostro se mueve el Espíritu allende la Gran Cordillera’.

   El mundo en el 2010 es muy diferente al de 1882, cuando el Mahatma M. escribió su carta al Sr. Sinnett. Se produjo una revolución tecnológica que ayudó a conectar el mundo electrónicamente, particularmente por medio de Internet. También hubo vastos avances en muchas áreas de la ciencia que han beneficiado la vida de millones de personas. Pero, ¡ay! la naturaleza humana en general no ha cambiado. Los seres humanos todavía son llevados por impulsos egoístas, por crueldad e indiferencia hacia otros seres humanos y hacia los animales, al igual que hacia la Naturaleza.

   Para difundir el mensaje y los valores de la ST, el uso de la tecnología moderna no sólo es aconsejable, es necesario. Un número de Secciones y otras unidades de la Sociedad en diferentes partes del mundo ahora tienen sitios en la Web, por medio de los cuales los buscadores pueden conocer sus programas, actividades y material educativo. Sin embargo, tal progreso tecnológico, per se, no puede favorecer el propósito esencial de nuestra Sociedad. Sólo pueden lograrlo los miembros verdaderamente comprometidos, aprendiendo a trabajar juntos en un espíritu de cooperación, buena voluntad y humilde dedicación. El hermano Râjâ, en una carta a un miembro nuevo, describió bellamente la profundidad y cualidad transformadora de tal dedicación:



Nuestra vida está compuesta de reacciones hacia los demás cada minuto del día. Algunas de estas reacciones están llenas de belleza y felicidad, como aquellas que tenemos con quienes amamos y admiramos; pero otras nos causan muchos problemas y miseria. Siempre que tengas que reaccionar hacia alguien que te ha causado dificultades, o que es tu enemigo, entonces, antes que comience tu reacción, expresa para ti mismo: “Él es mi hermano.” Entonces verás que tu reacción hacia él será más justa y caritativa. De modo similar, trata de no hacer de los hombres y mujeres que están cerca de ti, el mero número que son ahora. Cuando te sientas en el ómnibus o el tranvía, piensa en el que está a tu lado, como tu hermano. Poco a poco, al enfatizar este pensamiento, serás capaz de descubrir por ti mismo muchas verdades de la Teosofía que te inspirarán, conduciéndote a una conducta y a un vivir mejor.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Meditación Taijasa


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Pablo D. Sender


Existe un acercamiento a la meditación que promueve el desarrollo de una atención sin elección, en lugar del uso de algún proceso del pensamiento como análisis, visualización, repetición de mantram-s, etc. Esta meditación perceptiva fue muy apreciada por J. Krishnamurti, como también por diferentes tradiciones espirituales. La podemos encontrar, con variaciones, en varias escuelas de Budismo—como Vipassana en Theravāda, Dzogchen y Mahāmudra en Budismo Tibetano, y Shikantaza en Zen—y también en otras tradiciones como Vedānta, Taoísmo, etc. Esta práctica es considerada frecuentemente como una de las más transcendentales.
¿Por qué esta meditación es tan apreciada por diferentes tradiciones? ¿Qué sucede en nuestra conciencia cuando estamos en un estado de atención? Usando las detalladas enseñanzas Teosóficas sobre la constitución humana y los procesos de la conciencia, exploraremos aquí tales cuestiones, y el acercamiento teosófico a la meditación perceptiva.


Nuestra Naturaleza Espiritual y su Evolución
El Principio más elevado en el ser humano, ātman, es un rayo de la Realidad Absoluta. Este Principio universal es eterno, incorruptible, perfecto, y completo. Siendo absoluto e incondicionado, no puede manifestarse en forma directa en el Cosmos condicionado. Necesita un vehículo más diferenciado, buddhi, a través del cual lo Real se pueda reflejar en los mundos de ilusión. Ātma-buddhi constituye lo que en Teosofía se denomina la Mónada, es decir, la Chispa divina que se sumerge en la materia y sufre el proceso de evolución cósmica. Al comienzo de este proceso, la Mónada divina es inconciente en los planos inferiores. Evoluciona a través de los reinos inferiores de la naturaleza, desde los elementales a los animales, empujada por la evolución física. Como resultado de esto, la Mónada gradualmente despierta a la conciencia. Los esfuerzos de la evolución física, sin embargo, no son suficientes para desarrollar la  auto-conciencia. Esto es posible sólo cuando se alcanza el reino humano, y comienza el estadio de evolución intelectual. En este punto, la Mónada se conecta al producto más elevado de la evolución física—el hombre animal—a través de manas, el cual actúa como un puente entre lo espiritual y lo material.
Manas se lo describe como el Principio de la Mente, y es la fuente de la auto-conciencia. En su naturaleza original, sin embargo, está más allá de lo que concebimos como mente. Nuestra mente es sólo el sombrío reflejo de este Principio espiritual funcionando a través de nuestro cerebro. Lo mismo sucede con la auto-conciencia manásica pura, la cual, según HPB, es auto-conciencia “en el sentido espiritual más elevado”.1 Ésta no es una conciencia nuestra como siendo el cuerpo o la mente, esto o aquello, sino un puro sentido de ser, de Yoicidad, que no está identificado o condicionado por ninguna característica en particular.
Así, al ponerse en contacto con manas, el hombre animal es dotado de mente y auto-conciencia. Sin embargo, dado que este Principio es demasiado espiritual para funcionar completamente a través del cerebro físico, sólo puede enviar un rayo de sí mismo. Esto condiciona fuertemente la expresión y cualidad original demanas. La mente espiritual se ve ahora limitada a percepciones materiales, manifestándose como la mente inferior, o concreta. Y la auto-conciencia pura, actuando en asociación con el cuerpo y los sentidos, genera el sentido de “Yo soy, esta personalidad o cuerpo en particular, separado del resto”. Esto produce el nacimiento del yo ilusorio, el ego inferior.
Debido a su asociación con manas, al final de este ciclo de evolución, la Mónada dual (ātma-buddhi) adquiere auto-conciencia divina, tornándose triple (ātma-buddhi-manas). Sin embargo, la Chispa divina puede asimilar sólo la esencia espiritual de manas. Por lo tanto, para volvernos conscientes de nuestra naturaleza espiritual es necesario purificar nuestra mente y nuestra auto-conciencia.


Elevando el nivel de la Auto-Conciencia
Como resultado del proceso que se acaba de describir, la mayoría de nosotros siente que es la personalidad, y es incapaz de reconocerse a sí mismo como la Mónada espiritual. ¿Cómo podemos tornarnos conscientes de nuestro verdadero Ser? La Dra. Annie Besant explica lo siguiente:

La única certeza para cada uno de nosotros, que no necesita prueba, que está más allá de todo argumento, incapaz de ser fortalecido por un acto de la razón, es la verdad cierta: Yo soy. Éste es el hecho último de la conciencia, el cimiento sobre el que se erige todo lo demás. . . . Si, estudiando al hombre en su estado presente de evolución, buscamos conocer dónde se ubica esta auto-conciencia, encontramos que en la mayoría de nosotros su trono es la mente inferior. . . . Desde esta vida de la mente inferior, en la que las sensaciones todavía ejercen una gran influencia, el hombre se eleva a la vida del intelecto, y la mente inferior se convierte en su instrumento, cesando de ser él mismo. Desde la vida del intelecto debe elevarse a la vida del Espíritu, y conocerse a sí mismo como el Uno.
El nivel de la Auto-conciencia se eleva desde la mente inferior a la superior por medio del pensar enérgico, por medio del esfuerzo intelectual del estudiante, el filósofo, el hombre de ciencia—si éste último torna sus pensamientos de objetos a Principios, de fenómenos a leyes. Y así como sólo el pensar enérgico puede elevar la ubicación de la Auto-conciencia de la mente al intelecto, así sólo la profunda concentración y la meditación pueden elevar ese nivel desde el intelecto al Espíritu.2

La mente inferior es la mente concreta; la que está interesada en objetos materiales, y que vive en y por las sensaciones. La mayoría de las personas son auto-conscientes principalmente a este nivel. Ellos no están interesados en Ideas, en una comprensión de la vida y su propósito. Están interesados en cosas más “prácticas”, es decir, en aquello que pueda traer un resultado físico o psicológico palpable. La Dra. Besant dice que el primer estadio en este proceso de elevación del asiento de nuestra auto-conciencia, es comenzar a experimentar esta dimensión menos concreta de la vida y de nuestro  ser; descubrir que nuestro cuerpo y mente inferior no son la única realidad. Esta dimensión superior es captada por lo que ella llama el “intelecto”, es decir, la mente abstracta. Ella dice que la persona comienza a ser consciente de estos aspectos más sutiles a través del estudio de temas universales, que no están directamente relacionados con nuestra existencia personal; a través del intento de captar Principios abstractos y leyes de la vida. En otras palabras, la persona tiene que adoptar una actitud filosófica y tornarse un buscador de la verdad. Por medio de este esfuerzo, la mente se refina y se torna capaz de percibir gradualmente el mundo sin forma del Espíritu. Esto es lo que HPB llamó Jñāna Yoga en conexión con el estudio de La Doctrina Secreta.3
Luego, la Dra. Besant describe el segundo estadio, que está más allá incluso del “pensar enérgico”. Como señaló HPB, la obtención del Auto-conocimiento espiritual, y el tornarse consciente de nuestra naturaleza divina, no son posibles por medio del razonamiento o por ningún otro proceso cerebral.4 Aquí, es necesaria una meditación no-conceptual. Para esto, debemos recurrir a esa fuente de sabiduría en nosotros que está más allá del intelecto y sus procesos—buddhi. Este Principio, además de actuar como el vehículo de ātman, es una facultad de percepción unitiva y espiritual. Sin embargo, las enseñanzas Teosóficas establecen que si no existe un elemento manásico unido a buddhi esta sabiduría permanece sólo de modo potencial en nuestro plano. En otras palabras: la naturaleza original de nuestra conciencia es inherentemente sabiduría, pero somos inconscientes de ella. Cuando hay una unión de sabiduría (buddhi) y auto-conciencia pura (manas), esta sabiduría innata se torna disponible, y tiene lugar una transformación en nosotros, nos tornamos conscientemente divinos. En palabras de HPB:

Manas es Auto-Conciencia Espiritual, en sí mismo, y Conciencia Divina cuando está  unido a Buddhi.5


Meditación Taijasa
Exploremos ahora el acercamiento Teosófico a este tipo de meditación no-conceptual.
Dado que todas las virtudes están ya presentes en nuestra conciencia espiritual, no necesitamos agregar u obtener nada. Lo que se necesita es desenredar nuestra auto-consciencia pura de su asociación con la personalidad, para tornarnos conscientes a un nivel espiritual. En otras palabras, tenemos que trascender el sentido de “Yo soy este nombre, cuerpo, y mente”. Como hemos dicho, esto no puede hacerse por medio del pensamiento porque los pensamientos pertenecen a la personalidad. El problema, sin embargo, no yace en el proceso mismo del pensamiento—el cual es la actividad natural de manas cuando funciona a través del cerebro—sino en la identificación de nuestra conciencia con el pensador ilusorio. Es importante comprender que, aunque existe un proceso continuo de pensar, no existe un pensador como entidad real a nivel psicológico. Parece que existiera sólo como resultado de la unión de este proceso de pensamiento viviente, y la auto-conciencia pura.[*] En otras palabras, el sentido ilusorio de “Yo soy el pensador” es creado cuando aparece una sucesión de pensamientos en nuestra mente, y la auto-consciencia manásica se refleja en ellos.
Hay varias prácticas meditativas para tornarse conscientes al nivel espiritual, algunas de las cuales fueron explicadas en un artículo previo (“¿Quién Soy Yo?”The Theosophist, Agosto de 2009). En la meditación perceptiva esto se logra a través de la observación de nuestra mente y sus movimientos. Según HPB, cuando la conciencia individual se dirige hacia adentro, sobreviene una conjunción entre buddhi y manas.6 Aquí, hay “auto-conciencia en su forma más pura”.7 Esta conjunción es permanente en la persona iluminada que se ha vuelto consciente de su conciencia divina, mientras que el aspirante es capaz de alcanzarla sólo momentáneamente. Este estado mental temporario en el aspirante es llamado taijasa, “radiante”, ya que en él manas es “iluminado por la radiación del alma divina [buddhi]”.8
J. Krishnamurti explica los pasos para este tipo de meditación del modo siguiente:

Primero de todo, siéntate muy quieto; no te fuerces para hacerlo, siéntate o acuéstate quieto sin hacer fuerza de ninguna manera. . . . Entonces observa tu pensamiento. Observa en qué estás pensando. . . . Y cuando aparece un pensamiento, no lo condenes, no digas está bien, está mal, es bueno, es malo. . . . Cuando miras así, cuando vas muy, muy profundo en cada pensamiento, tu mente se torna extraordinariamente sutil, viva. Ninguna parte de la mente está dormida. La mente está completamente despierta.
Ése es meramente el cimiento. Entonces, tu mente está muy quieta. La totalidad de tu ser se aquieta. Entonces, ve más allá, más profundo a través de esa quietud, ese proceso total es meditación.9

En el estado taijásico de nuestra mente, estamos en contacto con nuestra sabiduría innata (buddhi). Éste es un estado de presencia clara, radiante, más allá de todo conocimiento mental. Pero no podemos producirlo en una forma directa, por medio de la actividad del pensamiento. Sólo se logra  a través de un reconocimiento sin esfuerzo de nuestra identidad trascendental, a través de una sabiduría discernidora. “Sin esfuerzo” significa aquí que no podemos forzar o producir esta percepción. Todo lo que podemos hacer desde abajo es crear condiciones adecuadas para que la percepción búddhica aparezca desde arriba. Exploremos cuáles son estas condiciones.
La percepción búddhica está más allá de lo personal. Sólo puede aparecer cuando no existe la distorsión producida por nuestros gustos y aversiones personales. Por lo tanto, debemos permanecer conscientes de los movimientos de nuestra mente con ecuanimidad, sin entrar en juicios o reacciones a lo que percibimos. Somos testigos puros. Esta conciencia superior, sin embargo, también es descripta como estando asociada con un estado de amor y dicha. No puede manifestarse si en nuestra auto-observación existe un sentido de condenación o severidad. Observamos lo que sea que esté en el campo de la conciencia con un sentido de amor e integración.
Dado que esta percepción espiritual es no-dualista, debemos dejar ir la separación entre el observador y lo observado, entre el pensador y el pensamiento. Como hemos dicho, los pensamientos no son un problema en sí mismos. Son como las olas del océano, como las nubes que pasan por el cielo inmutable. No intentamos frenarlos o manipularlos, porque en ese mismo acto estamos asumiendo la posición del pensador. Sin intervenir, relajamos todo esfuerzo, interno y externo, y dejamos el continuo proceso del pensamiento funcionar en su propia actividad auto-dirigida. Soltando la identificación con el pensador ilusorio, simplemente permanecemos conscientes en silencio.
Este estado taijásico es pleno de sabiduría. Sabiduría aquí significa que vemos las cosas como realmente son, sin enredarnos en condicionamientos o reacciones personales. Estando más allá de los procesos psicológicos, este estado está más allá del tiempo, y en su misma atmósfera se disuelve la ilusión. Como leemos en Luz en el Sendero:

No vivas en lo presente ni en lo futuro, si no en lo eterno. Esta maleza gigante [del yo inferior] no puede florecer allí: esta mancha de la existencia es borrada por la atmósfera misma del pensamiento eterno.10

El estado de taijasa, por sí mismo, purifica gradualmente nuestra auto-conciencia de sus elementos personales. Nos tornamos conscientes del sentido impersonal de Yoicidad y entonces nuestra conciencia puede ir más allá, elevándose “a la vida del Espíritu.”

 



Referencias

1- H.P. Blavatsky (HPB), La Doctrina Secreta II, Estancia III, p. 89
2- Annie Besant, The Reality of the Invisible and the Actuality of the Unseen Worlds.
3- R. Bowen, Madame Blavatsky sobre Cómo Estudiar Teosofía.
4- HPB, Collected Writings (CW) VIII, “Self-knowledge”, p. 108
5- HPB, CW XII, “The Philosophical Rationale of the Tenet”, p. 630
6- HPB, CW XII, “ES Instruction No. II”, p. 545
7- HPB, CW VIII, “Modern Idealism, Worse Than Materialism”, p. 96-7
8- HPB, La Clave de la Teosofía, Cap. 9, “De la Conciencia Post-Mortem y Post-Natun”, tercera nota al pie.
9- J. Krishnamurti, On Education, p. 58
10- M. Collins, Luz en el Sendero, Parte I, “Regla 4”.

 
[*] Este proceso de pensamiento (kāma-manas) que se expresa a sí mismo a través de los Principios inferiores, tiene una inteligencia propia—la conciencia elemental. Incluso luego de que el Ego transpersonal deja atrás estos Principios, después de la muerte, ellos todavía pueden reproducir el mismo proceso de pensamiento al ser atraídos hacia un medium, y ser confundidos con la persona real.

viernes, 26 de agosto de 2016

Las ruedas del cambio: La transición de lo mundano a lo sagrado


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Linda Oliveira

La señora Linda Oliveira es la Presidente Nacional de la Sección de Australia y ex Vice-Presidente internacional de la ST.

 Algunas palabras acerca del cambio fueron escritas en 1878 por el poeta Henry Wadsworth Longfellow:

¡Gira, gira, rueda mía!

Todo debe tornarse  algo nuevo, algo extraño

Nada que exista puede detenerse o permanecer

La luna crece, la luna mengua,

La niebla y la nube serán lluvia

La lluvia será niebla y nube otra vez

Mañana será hoy

 (Kéramos)

¡Cuán ciertas eran esas palabras! "Todo debe tornarse  algo nuevo, algo extraño”. Nada de lo que podemos percibir con los sentidos físicos en este mundo permanece igual. Podemos dar la bienvenida de todo corazón al cambio de las estaciones, que hemos conocido desde la infancia. Felizmente, las estaciones son todavía bastante predecibles en estos tiempos de cambio climático. Por otra parte, podemos fascinarnos ante los cambios en el crecimiento de las pequeñas plantas en nuestro jardín, o de nuestros hijos o nietos. Podemos deleitarnos especialmente por el cambio casi imperceptible en la cualidad de la oscuridad a medida que la noche se convierte poco a poco en día, hasta que el sol emerge en el horizonte en todo su esplendor. Estamos acostumbrados a ellos; son tipos de cambios agradables, conocidos. Un paseo por las calles de Varanasi para contemplar el amanecer en el Ganges, es sin duda un espectáculo para la vista. Una vez comencé este viaje cuando aún estaba oscuro. No había actividad y uno podía ver muy poco. Finalmente, una tras otra aparecían las personas, al igual que las figuras emergen en el escenario durante el inicio de una obra de teatro. Más y más personas se hacían presentes, hasta que finalmente la multitud rebosante llegó hasta el río Santo y asomaron los primeros rayos de luz. Toda la experiencia se convirtió en un fantástico espectáculo de vibrante color y movimiento. En cada uno de estos cambios, para utilizar palabras de Longfellow, emerge algo "nuevo".



En la Tradición de Sabiduría, una de las grandes proposiciones presentadas acerca de nuestro universo es la de la periodicidad. El opus magnum de Madame Blavatsky, La Doctrina Secreta, habla de innumerables universos “manifestándose y desapareciendo incesantemente”, de la “aparición y desaparición de mundos”. Hoy estos innumerables universos son designados por los científicos como el multiverso o metauniverso, siendo el conjunto hipotético de posibles universos. La aparición y desaparición de mundos enseñada por Blavatsky es una forma macro cósmica de cambio en una escala que para la mente cotidiana es difícil de comprender. La Proposición referida también menciona la universalidad absoluta de la ley de periodicidad, de flujo y reflujo, en todos los departamentos de la Naturaleza. Esto vemos a diario en todo tipo de formas. La noche sigue al día, períodos de sueño son seguidos por períodos de vigilia, y así sucesivamente. El cambio es uno de los “supuestos” de la vida.

Volviendo a la idea del poema de Longfellow, todas las cosas tienen que cambiar, aunque no sólo hacia algo nuevo, sino hacia algo extraño. Algunos cambios son bastante predecibles, dentro de ciertos parámetros. Pero ahora llegamos al aspecto más difícil del cambio que es menos cómodo: el cambio hacia algo que no es tan predecible. ¿Por qué es más difícil? Porque muchos de nosotros tenemos miedo a lo desconocido. Sabemos que la luna crece y mengua; sabemos que la niebla y las nubes pueden convertirse en lluvia, para usar términos poéticos del bardo. Pero la Tradición de Sabiduría sugiere que un tipo diferente de cambio es posible para el ser humano. Esto va mucho más allá de los ubicuos cursos de desarrollo personal prevalentes hoy en día; implica una transformación radical que se aleje de búsquedas egoístas que desean hacer crecer el yo personal, hacia el surgimiento de una nueva conciencia. Esta es la última renovación del ser humano, una conciencia que debe ser inmensamente extraña en comparación con el conocido "yo" que ha existido desde nuestro nacimiento en esta vida. Nosotros realmente no sabemos lo que podría sucederle al "yo" si nos transformáramos significativamente. Podemos adivinar, podemos leer lo que los sabios han dicho, pero en realidad no lo sabemos hasta que se produce la experiencia.

Esta presentación sobre la transición de lo mundano a lo Sagrado se centrará en la esfera del cambio humano. Por lo tanto, ¿qué es lo mundano? ¿Qué es lo Sagrado? ¿Y qué significa la transición de lo mundano a lo Sagrado? Tendremos en cuenta estas tres preguntas con alguna referencia al pensamiento oriental y occidental, y a escritos antiguos y modernos.

Lo Mundano

Estamos arraigados al mundo, que es temporal o terrenal, “absortos en los asuntos temporales, sobre todo en la búsqueda de la riqueza y el placer”; también somos “experimentados en la vida, sofisticados, prácticos”. La sensación general que transmiten estas definiciones de diccionario es que la mundanidad consiste en nuestro ensimismamiento, en actividades temporales con todo su dolor y placer, en la denominada  “sabiduría mundana” que proviene de la experiencia, en una fachada de la siempre creciente sofisticación, y muchas otras cosas más. Lo mundano es el entorno en el que vivimos día a día, con todas nuestras esperanzas, temores y anhelos, así como nuestra respuesta a ese entorno, tanto colectiva como individualmente.

Hay muchas formas de ver el mundo de los humanos. Un autor, Hugh Mackay, ha escrito una serie de libros en el campo del análisis social, la psicología social, y la ética. Él escribe sobre lo que denomina  “el Complejo de Utopía”. La palabra "utopía" viene del título del libro del siglo XVI de Thomas Moro que lleva el mismo nombre. Se refiere a un lugar o situación perfectos e imaginarios. Mackay afirma que, para muchas personas en Occidente,

esto se parece a una edad de oro. ¿Y por qué no? Extraordinarios avances en medicina, la explosión de la tecnología de la información y la comunicación que estimula, informa y nos entretiene como nunca antes; viajes internacionales rápidos y económicos; automóviles eficientes, fiables y asequibles; discursos prometedores sobre una revolución de una energía limpia; las compras en línea . . . [Etcétera]. (Pág. 3)

Sin embargo, uno podría preguntarse si este Complejo de Utopía -es decir, este sentido de que con el materialismo hemos llegado a un estado perfecto- se limita sólo a Occidente, dado la rapidez con que cambios similares están afectando a muchos países de todo el mundo. El autor también señala que sería más difícil mantener una impresión de una Edad de Oro si fuéramos a echar un vistazo dentro de los “campos de refugiados del mundo, los estragos de las constantes guerras (impulsados, como de costumbre, por rivalidades religiosas o codicia territorial, o ambos), las eternas tensiones de Oriente Medio. . .” etcétera. (Pág. 3)

Mackay continúa diciendo que estamos ocupados estableciendo centros de excelencia en todas partes y que nos hemos convertido en adictos a la idea de la felicidad como un derecho natural. Según él, la elevación de la autoestima se ha consagrado como una virtud cardinal (por ejemplo, Twitter, el uso excesivo de Facebook). Y los utopistas están condicionados a “suponer que la perfección en cualquier cosa debe estar a su alcance”. Observa que muchas personas han adoptado el materialismo como su filosofía.

Volviendo ahora a la filosofía oriental, leemos en ese clásico poético de Advaita Vedanta, el Viveka-Chudamani o la “Joya Suprema de la Sabiduría”:

En los bosques de los objetos vaga el gran  tigre llamado manas; hombres puros deseosos de la liberación, no vayan allí.

Manas, habiendo nublado la conciencia absoluta, que está sin apego, adquiere nociones de "yo" y "mío", y a través del apego al cuerpo, los órganos, y la vida, vaga sin cesar gozando del fruto de sus acciones. (180)

Con la ayuda de nuestras mentes vagamos por este mundo. Existe una obsesión muy común con la búsqueda de todo lo que el mundo material tiene para ofrecer -impulsado, como dice el texto, por ese gran tigre llamado manas, que se refiere a nuestro vasto campo de pensamiento y razonamiento que está hermanado con el deseo.

Esta búsqueda de la materia está bien ejemplificada en la siguiente historia. El Maestro contó una vez de un vecino en el campo que tenía la obsesión de adquirir tierras.

-       Me gustaría tener más tierra, dijo un día.

-       Pero ¿por qué? preguntó el Maestro. ¿No tienes suficiente?

-       Si tuviera, podría criar más vacas.

-       ¿Y qué harías con ellas?

-       Venderlas y ganar dinero.

-       ¿Para qué?

-       Para comprar más tierra y criar muchas más vacas. . .

Además de la codicia, Hugh Mackay mencionó que el materialismo a veces está vinculado con la fe religiosa o política. Se podría añadir que ambas son muy probablemente utilizadas por muchas personas hoy en día para apoyar estilos de vida muy materialistas. Él describe el Complejo de Utopía como una “neurosis”, un trastorno que está indisolublemente ligado a conseguir lo que queremos. Las marcas estuvieron alguna vez limitadas sólo a las corporaciones, pero en estos días, los individuos crean su propia marca personal, para competir por la atención en ese mercado saturado que también llamamos sociedad. Por otra parte, el narcisismo ha resurgido en el siglo XXI en un nuevo envase: como ensimismamiento ligado a un sentido banal acerca del derecho.

Un analista social, Richard Eckersley, habla de cómo tendemos a dar forma a nuestra identidad y significado "cada vez más a partir de los logros y posesiones personales y menos de las tradiciones y creencias culturales que compartimos”. Observó que esto distrae a la gente de lo que es más importante al bienestar, “la calidad de sus relaciones ... que, idealmente, contribuyen a un sentido profundo y perdurable de valor intrínseco y certeza existencial”. Mientras tanto, el Complejo de Utopía llena un cierto vacío.

La transición

Pero el Complejo de Utopía inevitablemente comienza a acercase a su fin. Cuando esto sucede, la fuerza de todo lo que es mundano comienza a perder su atracción magnética. Se necesita algo distinto para poder llenar el vacío. Así comienza lo que puede ser inicialmente una lenta transición hacia una nueva forma de vida, hacia una Vida completamente nueva. Las transiciones son períodos de cambio, que no son tan predecibles; no son del todo cómodos. El proceso de transición puede comenzar, luego detenerse, y luego volver a empezar. Para volver a las palabras de Longfellow, estamos empezando a entrar en ese algo nuevo, que también es "algo extraño"-extraño en comparación con cómo estamos posicionados ahora con respecto al enorme peso del condicionamiento mundano con que tenemos que lidiar, el cual es reforzado a diario, a cada hora, por los medios masivos de todo tipo.

El viaje espiritual humano es fundamentalmente el mismo, independientemente de diferencias de cultura, etnia, religión y así sucesivamente. Porque todos somos una sola raza; solamente nos vemos diferentes unos de otros. Este viaje invariablemente nos mueve desde lo mundano hacia lo universal, hacia una plenitud de “otro mundo”, que ha sido descrita por los sabios a lo largo de la historia de diferentes maneras. La tradición Teosófica incluye la enseñanza de la reencarnación, lo que presupone una serie de muchas vidas. También presupone la continuidad de la conciencia entre vidas. Si asumimos que el alma evoluciona, entonces parece extraño imaginar que nos den sólo un cuerpo, que vivamos sólo una vida física y luego simplemente dejemos de existir.

La transición de lo mundano hacia lo Sagrado no es probable que comience con nuestros gobiernos. Otros pueden servir de ejemplo e inspirarnos. Pero nadie más puede hacer esto por nosotros; ¡no podemos nombrar a un apoderado para que nos ayude a reconectarnos conscientemente con nuestras raíces! Uno de los discursos del Bhagavad Gita menciona el árbol Asvattha:

El bendito Señor dijo:

Con raíces arriba, ramas abajo, se dice que el Asvattha es indestructible; sus hojas son himnos; el que lo conoce es un conocedor del Veda. Hacia abajo y hacia arriba extendió sus ramas, nutridas por las cualidades; los objetos de los sentidos sus brotes; y sus raíces crecen hacia abajo, los vínculos de la acción en el mundo de los hombres. . . (15: 1-2)

El árbol Asvattha también se describe como el árbol baniano del Samsara, o la vida mundana. Cuando estamos enredados en el mundo las raíces crecen hacia abajo como las del árbol baniano; perdemos la conexión con nuestras raíces celestiales. No podemos conocer su forma en este mundo. Sus verdaderas raíces sólo pueden ser conocidas a través de la “inquebrantable arma del desapego”. Ya que durante el tiempo que el mundo material es nuestro principal apego, hemos perdido ese Norte, esa brújula que de otro modo puede ayudar a producir estabilidad, perspectiva, y lo Sagrado en nuestras vidas. Si no adoptamos una actitud de plena atención nos convertimos, sin pensar, en plenos participantes del Complejo de Utopía.

En una línea similar un especialista de occidente, el Dr. David Tacey, autor de La Revolución de la Espiritualidad, menciona que "lo que nos agota es la falta de conexión con nuestras raíces invisibles y vitales” (p. 226).  Describiendo la sociedad actual como adictiva, sostiene que estamos obsesionados con “volver a tocar lo mismo", haciendo lo que ya sabemos y lo que trae consuelo sentimental o nostalgia. Es más fácil reproducir algo que hacer algo nuevo. ¿Por qué? Porque hacer algo nuevo requiere esfuerzo. Yendo aún más lejos, sin embargo, convertirnos en algo nuevo exige una profunda conexión con lo que él describe como la "raíces profundas de la creatividad”. Estamos mucho más cómodos con lo conocido, pisando el sendero familiar de nuestras vidas rutinarias. La humanidad aferrada a lo conocido nos lleva de nuevo al "algo extraño" de Longfellow. Esto ocupa un lugar preponderante cuando la naturaleza del cambio no es tan predecible. También puede ser considerado con temor debido al miedo a lo desconocido.



Tacey escribe: “La esperanza para el futuro es que podamos superar nuestra obsesión con las imitaciones, suplentes, sustitutos y copias, y nos enfrentemos a la naturaleza de lo real. No sólo lo real a nivel superficial, sino la realidad profunda, de la que emergen cosas sorprendentes, alarmantes y transformadoras”. Esto requiere valor. Del mismo modo, la Dra. Annie Besant se refirió varias décadas antes en sus escritos al "punto de inflexión", el período de transición entre la Pravitti Marga, o el sendero del avance, y el Nivmargatti, el sendero del regreso. Al igual que con las transiciones en general, éste puede ser un período doloroso, porque por un lado podemos responder gradualmente con mayor sensibilidad a la Vida Una en cada persona y ser con que nos encontramos; sin embargo, a menudo seguimos queriendo actuar para beneficio personal, para expandir nuestro yo personal hacia el mundo. En resumen, hay contradicciones entre nuestro nuevo incipiente Norte, por un lado, y cómo actuamos en el mundo por el otro.

Los sabios a lo largo de la historia han demostrado la belleza de la humildad –el sometimiento y transmutación de la sensación de yo personal con el fin de servir a lo Sagrado en todo. La falsa humildad es bastante común. La auténtica humildad no parece tener mucha difusión en el siglo XXI; de hecho, parece ser extraordinariamente rara. El individualismo impera, como puede verse en distintos tipos de medios de comunicación y marca personal. Hace algunos años la revista Time eligió a "usted" como la persona del año, dando a entender que estamos obsesionados con nosotros mismos. Sin embargo, ¿qué pasaría si pudiéramos dejar de lado nuestro ego, incluso por un instante?

El Maestro le dijo a un pintor: "Para tener éxito, cada pintor debe invertir horas en incesante trabajo y esfuerzo. Solo a unos pocos les es dado liberarse de su ego mientras pintan. Cuando esto sucede, nace una obra maestra”.

Más tarde, le preguntó un discípulo: "¿Quién es un Maestro?" El maestro respondió: "Cualquiera a quien  le sea dado liberarse de su ego. Y a partir de entonces, la vida de esa persona es una obra maestra”.

En contraste con la supremacía del individuo en el mundo de hoy, David Tacey ha descrito el espíritu (o, podríamos decir, lo Sagrado) como "la fuente de la creación humana y el núcleo del mundo natural"(p.147). Él sostiene que si bien puede ser descubierto inicialmente dentro de nosotros mismos a través de una tranquila introspección, o tal vez reclusión, una vez que se contacta produce un imperativo deseo de salir de nosotros mismos para servir a los demás y al mundo. Esto es análogo al Sendero del Bodhisattva en la tradición budista, lo que nos lleva ahora a lo Sagrado.

Lo Sagrado

En las páginas del Viveka-Chudamani se encuentra la observación:

Así como al mezclarse con agua y por medio de la fricción, el sándalo emite un excelente aroma, eliminando todos los malos olores, así también la aspiración divina se manifiesta cuando se remueve el deseo externo. (274) A medida que la mente se torna firme por devoción a âtman, renuncia a todos los deseos de las cosas externas; cuando todos los deseos están completamente agotados, la realización de âtman no tiene obstáculos. (277)

Parece que el antídoto contra  lo mundano, contra el Complejo de Utopía, fue prescrito por Sri Shankaracharya hace miles de años, siendo éste la renuncia al deseo de lo externo para que âtman sea alcanzado. Esto suena bastante simple en teoría, pero su práctica es probablemente el último desafío para el ser humano.

Lo Sagrado también aparecía en la antigua Grecia. El término griego eudaimonia se utiliza en la ética aristotélica y la filosofía política. Comúnmente traducido como felicidad o bienestar, se dice que tiene implicaciones de integridad, sabiduría y prosperidad humana. En las obras de Aristóteles, denota el mayor bien humano, relacionado a “una vida bien vivida con  nobleza -el deber cumplido, sacrificios realizados en servicio de los demás, el sufrimiento soportado con valentía, el cultivo de la virtud, la compasión ofrecida  desinteresadamente”.

En la actualidad, el autor Hugh Mackay escribe acerca de vivir una buena vida, no como algo que nos hará sentir fenomenales, o que nos hará necesariamente ricos o pobres, sino como una vida animada por la bondad y la compasión, una vida virtuosa e incluso noble. Tal vida puede producir calma interior, confianza moral y una profunda sensación de bienestar. Su opinión es que si las circunstancias son las adecuadas, y con una "buena dosis de suerte", "también vamos a vivir momentos de gran satisfacción y esporádicas chispas de felicidad "(Pág. 68).  Para que cualquier acto sea considerado como noble o virtuoso, él afirma "tenemos que eliminar nuestra propia felicidad de la lista de motivos” de tal acto. Si realizamos esa acción para nuestro propio beneficio emocional, "si estamos actuando con compasión, virtuosamente, o éticamente con el fin de sentirnos bien con nosotros mismos, no hemos comprendido nada”, ya que eso “significa explotar a la persona hacia la cual hemos actuado con caridad”. Aquí tenemos una resonancia occidental contemporánea a uno de los mensajes centrales del Bhagavad Gita, en el que Arjuna es exhortado por Krishna a no preocuparse por el fruto de la acción.

Un número de exponentes de la Teosofía han expresado lo Sagrado de maneras que no son tan distintas a ésta. Las palabras 'Sagrado' y `sacrificio´ tienen orígenes similares. La Dra. Besant mencionó “La Ley del Sacrificio” en su pequeño libro Las Leyes de la Vida Superior. Ella la describió como la vida del Espíritu, que "consiste en dar, y no en tomar, en verter y no en tomar, en la auto-entrega y no en la auto-apropiación. . . La inagotable vida se encuentra... burbujeando desde la plenitud ilimitada del Ser” (Pág. 58)

Con bastante crudeza describió el combustible sacrificial como todo lo que pertenece al yo inferior personal. La renuncia, o abandonar ciertas cosas, es la nota del Nivritti Mârga, la nota de nuestro regreso a lo Sagrado. Sin embargo, es nuestra actitud frente a este tipo de proceso lo que marca la diferencia. En lugar de la experiencia ocasional de la felicidad mencionada por Hugh Mackay, la Dra. Besant veía el sacrificio no como dolor, sino como alegría, no como tristeza, sino como deleite, incluso bienaventuranza al Espíritu. También describió la Ley del Sacrificio como la Ley de la Alegría, como una vida libre y sin cargas, en la que el carácter personal se entrega a Brahman, el Eterno. Un profundo sentido de unidad impregna una vida que está inmersa en lo Sagrado, en lugar de estar llena de -y ser rehén de-  todo lo que es mundano. Tal vez, de hecho, todos somos rehenes de lo mundano, en mayor o menor medida. Todos vivimos en este mundo, todos necesitamos ciertas cosas para poder funcionar dentro de éste. Pero renunciar a lo personal con el fin de dedicar nuestra vida a lo Sagrado no significa necesariamente despojarnos de todas nuestras posesiones. Más bien, es un estado mental caracterizado por la reverencia y el discernimiento, que considera a lo Sagrado como de máxima importancia. Es la Sabiduría Divina, no la sabiduría mundana. Una mente que está dedicada a lo Sagrado es profundamente sabia, enraizada en la Divinidad (recuerden el árbol Asvattha) y es capaz de funcionar de manera práctica en el mundo.

Cabe mencionar dos destacados científicos visionarios modernos que han vislumbrado lo Sagrado. Uno de ellos fue Albert Einstein, posiblemente el más grande físico de todos los tiempos y de quien se dice poseía en su escritorio una copia de La Doctrina Secreta de Blavatsky. Significativamente, escribió: Yo sostengo que el sentimiento religioso cósmico es el motivo más fuerte y noble para la investigación científica.

Un contemporáneo ha dicho, no sin razón, que en esta era materialista los trabajadores serios son las únicas personas profundamente religiosas. (Citado en Wilber, pp. 105-106)

La importancia del elemento religioso en la naturaleza humana fue reconocida también por Max Planck, el físico teórico alemán y ganador del premio Nobel que dio origen a la teoría cuántica:

Cada persona seria y reflexiva se da cuenta, creo, de que el elemento religioso en su naturaleza debe ser reconocido y cultivado si todos los poderes del alma humana han de actuar juntos en perfecto equilibrio y armonía.

Y, de hecho, no fue por ningún accidente que los más grandes pensadores de todas las edades también fueron almas profundamente religiosas, aunque no demostraban públicamente su sentimiento religioso. La ciencia realza los valores morales de la vida, ya que fomenta el amor por la verdad y la reverencia; el amor a la verdad se plasma en el esfuerzo constante para llegar a un conocimiento más exacto del mundo de la mente y la materia que nos rodea, y la reverencia, porque cada avance en el conocimiento nos pone cara a cara con el misterio de nuestro propio ser. (Wilber, pág. 161-162)

El enfoque de la ciencia por estos dos hombres fue claramente influido por lo Sagrado, no por lo mundano.

Sagrado es una palabra que utilizamos para describir un estado que no deja de ser, en muchos sentidos, un misterio desconocido y, por lo tanto, extraño. La disminución de nuestro apego a lo mundano de hecho juega un papel fundamental en su revelación. El Viveka-Chudamani lo describe utilizando la siguiente imagen:

Así como no se manifiesta el agua en un tanque cubierto por musgo, âtman cubierto por las cinco envolturas, producidas por su propio poder y comenzando con el annamaya, tampoco se manifiesta. (151)

Al eliminar el musgo se ve el agua pura capaz de disipar el calor y la sed, y deleitar al hombre de inmediato. (152)

El musgo puede crecer con tanta densidad y tan profusamente que lo que se encuentra por debajo queda completamente oculto. También es un placer poder contemplarlo. Sin embargo, sólo cuando se quita, podemos ver lo que estaba oculto. El musgo, representa aquí los múltiples y complejos aspectos de la naturaleza humana que cubren la conciencia pura subyacente. Representa todas esas cosas que nos unen a lo material, a lo mundano, y que parecen tan atractivas para muchas vidas. Representa todo lo que nos hace sentir "seguros" en este mundo. Es el desprendernos de esta aparente seguridad, combinándolo con el discernimiento, lo que promueve un cambio completo a medida que la conciencia se abre a la intemporalidad de lo Infinito, a la pura Conciencia.

El Viveka-Chudamani proporciona una secuencia lógica para que procedamos:

Habiendo controlado la (búsqueda de) objetos externos, se produce la tranquilidad de la mente (manas); de la tranquilidad de manas surge la visión de Paramatman (el Logos); la clara percepción de Paramatman (produce) la destrucción de la esclavitud de la existencia condicionada. La restricción de lo externo es el camino hacia la liberación. (336)

Darse cuenta de que tú eres 'Eso' -Brahman- lo único que brilla, que está más allá del Logos, que todo lo penetra, uniforme, verdadero, conciencia, dicha, que no tiene fin, indestructible. (264)

Por último, la imaginación es también una herramienta muy potente que puede ayudar a diseñar el cambio. ¿Podemos realmente visualizarnos como recipientes de 'Eso'? Nos definimos de muchas maneras, especialmente a través de nuestros logros, nuestras posesiones, y así sucesivamente. ¿Es posible dejar de lado estas definiciones y simplemente visualizarnos como Brahman, lo único que brilla?

* * * * * *

Hemos incursionado desde lo mundano, hacia la transición a menudo dolorosa de lo mundano a lo Sagrado, hacia lo Sagrado en sí. El sentido de lo Sagrado es quizá nuestro sentido último. Hay una interioridad muy real al respecto. El sentido de lo sagrado se energiza y sostiene mediante una clara perspectiva acerca del mundo material, mediante la reverencia, la compasión, la verdad, la belleza, la bondad, mediante la capacidad de discernir lo que es realmente importante y, sobre todo, por un sentido inquebrantable de Unidad. Es apropiado finalizar con otro verso del Kéramos de Longfellow que describe, poéticamente, la unidad de la humanidad. Las palabras del poeta hablan por sí solas:

¡gira, gira, mi rueda! La raza humana,

de toda lengua, de cada lugar,

caucásico, copto o malayo,

todo lo que habita esta gran tierra,

cualquiera que sea su rango o valor,

son almas gemelas y aliadas de nacimiento,

y hechas de la misma arcilla.

viernes, 19 de agosto de 2016

La Condesa Wachtmeister refiriéndose a Annie Besant



 


ISAAC JAULI
Miembro de la ST en España y ex Secretario General de la ST en México, actualmente trabaja en los Archivos de la ST en Adyar.
El artículo está basado en una charla dada en la Sede Internacional en Adyar el 1ro de Octubre del 2015


La Doctora Annie Besant, segunda Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica (ST), nació el 1ro de Octubre de 1847. Era tan conocida en todo el mundo que cualquier noticia relacionada con ella era leída por todos con sumo interés. Tuvo una vida tan dramática que de muchos modos ella simboliza algunas etapas del desarrollo general.

La autobiografía de Besant, escrita en 1893, describe su vida hasta 1891, el año que marca el fallecimiento de Madame H. P. Blavatsky (HPB), Co-Fundadora de la ST junto al Coronel Henry Steel Olcott. La autobiografía de Annie Besant revela tantos eventos asombrosos, que es una de las biografías más fascinantes que puedan leerse. Pero el año 1891 sólo marcó el punto medio de su memorable e incomparable vida.

Uno de esos eventos involucró a W. Q. Judge, que prosiguió luego de la partida de HPB y que produjo muchos interrogantes en algunos miembros de la ST alrededor del mundo. Al respecto, me gustaría compartir los siguientes hechos sobre la vida de Annie Besant, puestos en circulación en un mensaje privado impreso por la Condesa Constance Wachtmeister en tal controvertido momento ('H.P.B., y la Presente Crisis en la Sociedad Teosófica', por Constance Wachtmeister, Women's Printing Society, 66, Whitcomb St., Ltd, Londres, W.C.: blavatskyarchives. com/theosophypdfs/wachtmeister_hpb _and_the_present_crisis_1895.pdf).

La Condesa sintió la responsabilidad de publicar este mensaje porque ella era una de las miembros más antiguas de la ST, y porque tuvo una relación de amistad íntima con HPB durante los últimos seis años de su vida. Por ello, se sintió profundamente destinada a compartir con los miembros de la ST algunos de los pensamientos que HPB había guardado para sí, porque se sintió sorprendida por los eventos que habían tenido lugar en el caso del Sr. Judge y la Sra. Besant. La Condesa manifiesta en su mensaje impreso:

HPB siempre me dijo que su sucesor sería una mujer, mucho antes de que Annie Besant se hiciera miembro de la ST. Ella hizo algunos intentos con diferentes personas con la esperanza de encontrarla, pero no tuvo mucho éxito, así que se deprimió y desanimó mucho, y dijo 'Ya no queda nadie para tomar mi lugar cuando me marche'. Sólo fue cuando Annie Besant se unió a la Sociedad que su esperanza revivió, porque parecía sentir que en ella había encontrado un sucesor. HPB me dijo esto.

            Pero la Condesa tenía serias dudas sobre esta candidata que HPB había encontrado y continúa diciendo:

Yo estuve tan desanimada con los fracasos anteriores [los fracasos con los sucesores potenciales], que estaba determinada a protegerme y a no aceptar a Annie Besant a menos que estuviera completamente convencida de su desinterés de propósito y de su integridad. Pensé que también era posible que fuera una mujer ambiciosa, que se había integrado a la Sociedad Teosófica con la idea de gobernar y de tenerlo todo bajo su control, así que la observé minuciosamente, examinando cada acción desde este punto de vista.

Sin embargo, gradualmente la Condesa cambió de parecer desde que escuchó sobre la vida de Besant, una vida de sacrificio constante y de esfuerzos por corregir sus propios errores. Con un poder de voluntad indomable, supo superar los obstáculos que se le presentaron. En palabras de la Condesa: 'Me veo obligada a confesar que mis suposiciones han sido injustas y erradas'. La prueba que terminó de convencer a la Condesa la expresó de esta manera:

Un día vi a Annie Besant envuelta en una nube de luz, del color de la del Maestro. Él estaba parado a su lado con la mano sobre su cabeza. Yo dejé la habitación y rápido corrí donde estaba HPB y hallándola sola le dije lo que había presenciado y le pregunté si esto era una señal de que el Maestro había escogido a Annie Besant como su sucesora. HPB replicó 'Sí' y luego se alegró de que lo hubiera visto.

Esta no fue la única experiencia de este tipo que presenció la Condesa, como ella misma relata:

Otra vez, una tarde acompañé a Annie Besant a un pequeño salón en Londres, donde ella daba una conferencia a unos trabajadores, cuando de repente el Maestro estaba a su lado y habló con una elocuencia que nunca antes había escuchado de sus labios; fluyó de ella como un torrente de fuerza espiritual. Debo agregar que desde entonces y aquí en la India, tengo pruebas repetidas de que ella estaba en comunicación directa con el Maestro.

La condesa deja muy claro en su mensaje que durante el último año de vida de HPB, cuando vivía en Avenue Road, Besant pasaba algún tiempo con HPB cada tarde recibiendo enseñanzas ocultas. Y antes de que Besant partiera rumbo a América con un mensaje de HPB para los Hermanos Americanos, HPB le dijo a la Condesa:

El Maestro se comunica verdaderamente con Annie Besant, su desarrollo en esta vida ha sido realmente rápido; es la explosión repentina a través de la cáscara de todo el desarrollo y conocimiento obtenidos en sus vidas previas de ocultismo.

La Condesa señala finalmente que HPB escribió una carta a W. Q. Judge con fecha 27 de Marzo de 1891, de la que ella poseía de una copia. En esta carta HPB describió a Besant como:

...el alma de honor y de veracidad sin concesiones... un diamante inquebrantable,... tan transparente que nadie puede ver lo lleno que están sus bordes, de puro entusiasmo y Teosofía inalterable. INEGOÍSMO Y ALTRUÍSMO son los nombres de Annie Besant... Judge, ella es una mujer maravillosa, mi mano derecha y sucesora.

La Condesa termina su mensaje diciendo: 'Luego de que HPB falleciera en Londres, fui notificada de que el [su sello] anillo se le entregara a Annie Besant según sus indicaciones expresas; supe entonces que Annie Besant era su sucesora'.

Finalmente podemos decir que 'para conocer a un ser humano, tenemos que conocerlo desde su nacimiento hasta su muerte'. Estas son palabras de la Dra., Annie Besant, pero no podemos omitir el considerar los incidentes narrados por la Condesa Wachtmeister, que nos ayudan a tener una visión de esta gran alma que difundió las enseñanzas Teosóficas alrededor del mundo y supo cómo hacer para que llegaran a miles de corazones.

sábado, 6 de agosto de 2016

El arquetipo del fracaso




PEDRO OLIVEIRA
Coordinador de Educación en la S. T. en Australia y
ex Secretario Internacional y Gerente en la Oficina Editorial en Adyar


Uno de los motivos recurrentes en los relatos de la literatura clásica y mitológica es el fracaso. Cada héroe tiene fallas que tiene que aprender a superar. Al hacerlo, el héroe experimenta una transformación. Este principio se aplica a Buddha como también a Arjuna, Jesús, San Pablo, Giordano Bruno, Florence Nightingale y a muchos otros. El fracaso está definido como 'la negligencia u omisión de una acción esperada o requerida'. Fracasar puede ser paralizante y entorpecedor del alma, y puede conducirnos a las profundidades del abatimiento y de la desesperación.

Generalmente la sociedad contemporánea no fomenta una actitud generosa hacia el fracaso, basada como lo está en una obsesión por el éxito y sus resultados. Cada individuo que fracasa, en cualquier circunstancia, usualmente es estigmatizado y apartado a un lado como un 'fracaso mortal'. El éxito y los resultados son la deidad binaria a la que se rinde culto en un mundo en el que el fracaso es su lado oscuro.

Pero no siempre ha sido así. Escuchemos a San Pablo ejercitando un profundo nivel de honestidad del alma:

Y yo sé que en mí (es decir, en mi carne) no mora el bien, porque el querer el bien está presente en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. (Romanos, 7:18-19)

San Pablo expresa un profundo dilema humano: el deseo de hacer el bien y la irresistible incapacidad para hacerlo. Su descripción es quizás una buena representación de cómo trabaja kama-manas, la mente personal. La conexión íntima entre la mente y el deseo genera un sentimiento de auto-interés que se arraiga profundamente y que, al ser fuerte, muy a menudo le impide a la mente seguir en una dirección que pudiera ser la correcta. El resultado es el fracaso y su corolario, el conflicto. ¿Puede convertirse el fracaso en maestro?

Joseph Campbell propone el tema de una manera no lineal, ni prejuiciosa, sino desde una perspectiva mucho más amplia de la experiencia humana en general:

Cualquiera que sea tu destino, cualquier cosa que suceda, debes decir: 'Esto es lo que necesito'. Puede verse como una ruina, pero enfréntalo como si fuera una oportunidad, un reto. Si traes amor a ese momento, en vez de desánimo, encontrarás allí mismo la fuerza. Cualquier desastre que puedas resistir es una mejora en tu naturaleza, en tu carácter y en tu vida. ¡Que privilegio! Aquí es cuando la espontaneidad de tu propia naturaleza tendrá una oportunidad de fluir.

Luego, cuando mires hacia atrás en tu vida, verás que los momentos que parecían ser grandes fracasos, seguidos por ruinas, fueron los incidentes que le dieron forma a la vida que tienes ahora. Verás que esto es completamente cierto. Nada te puede suceder que no sea positivo. Incluso si en el momento parece y se siente como una crisis negativa, no lo es. Las crisis te desafían, y cuando se te pide que tengas fortaleza, se hace presente.
De Un Compañero de Joseph Campbell

Entonces ¿puede ser visto el fracaso como un arquetipo en la corriente de la evolución humana? El Oxford Dictionary define un arquetipo como 'un símbolo recurrente o un motivo en la literatura, el arte, o la mitología: “arquetipos mitológicos del bien y del mal”. La palabra proviene del Griego arkhetypon, algo formado primero como un modelo'. Podemos observar la presencia de este arquetipo en las muchas guerras periódicas del siglo pasado, en la violencia urbana, en las relaciones forzadas, en las diferentes formas de adicción, en la ambición que destruye al alma y en la profundamente arraigada creencia en la separatividad.

El rol del fracaso en la evolución
Las enseñanzas Teosóficas parecen sugerir que la inevitabilidad del fracaso en la evolución humana está equilibrada por la Ley del Karma y el proceso de la reencarnación. Siempre que uno continúe ejercitando la conciencia, cada fracaso lleva consigo el germen de una futura oportunidad para aprender a entender más, tanto sobre uno mismo como también sobre el profundo propósito de la vida. ¿Realmente importa si esta oportunidad se nos presenta en esta vida o en la siguiente? Cuando lo vemos desde un modo puramente personal y egoísta, el fracaso puede convertirse en una influencia paralizante. Visto desde una perspectiva más amplia, puede conducir hacia la transformación.

Elaine Pagels, en su libro Evangelios Gnósticos2 (Vintage Books: New York, 1989, p. 123), sugiere que algunos términos Bíblicos traducidos del Nuevo Testamento Griego (hamartia) y del hebreo (“sin” o “syn”) como 'pecado', se originaron en el tiro al arco y literalmente se referían a haber fallado al 'punto dorado' en el centro de la diana, sin acertarle al objetivo, es decir, errar. En la tradición cristiana, tres famosos pecadores se convirtieron en santos muy queridos de la Iglesia: San Pablo, San Agustín y San Francisco. Ellos no sucumbieron a sus fracasos, cualesquiera que fueran, sino que fueron capaces de entender su propia naturaleza y así elevarse a un nivel más profundo de conciencia dentro de sí mismos. Antes de que Cristo pudiera convertirse en su Preceptor y Maestro, fueron aprendices de sus propios fracasos.

La mente como escenario para el fracaso   
La mente es un principio multifacético dentro de nosotros que puede manifestar diversos poderes creativos en nuestra vida. Pero la mente también se convierte, inevitablemente, a través de incontables eras de evolución humana, en el escenario en la que el fracaso tiene lugar. Y no es muy difícil entender por qué. La mente es el lugar de encuentro entre purusha y prakrti, el Espíritu y la Materia. Este puede ser por excelencia uno de los dilemas del ser humano. Dentro de la mente, se encuentran y batallan claramente dos fuerzas opuestas: buddhi-manas, la mente iluminada, un campo de conciencia y percepción compasivos y kama-manas, la mente-deseo, asiento de ahamkâra, la facultad hacedora del yo, que establece una relación unidireccional con la vida, basada particularmente en el interés propio, en la auto-importancia y la indiferencia a la santidad de toda la existencia.
           
La clásica obra teosófica Luz en el Sendero afirma que 'trabajar para sí es trabajar para una decepción inevitable'. La importancia de esta enseñanza no puede ser sobrestimada. Por su misma naturaleza el auto-interés está condenado a atraer el fracaso, tarde o temprano, porque refuerza, fortalece y busca legitimar la separatividad en contra de la profunda realidad de la unidad, la interdependencia y la totalidad. Funciona en la dirección opuesta al movimiento de la vida y de la conciencia que está siempre desenvolviéndose. En un universo establecido en el principio de la totalidad sin divisiones, el intento de mantener la separación a toda costa, está destinado a generar sufrimiento, decepción y un verdadero sentido del fracaso. De hecho este fracaso puede convertirse en nuestro maestro si los destellos de la humildad pueden aparecer en nuestro ojo interno.

HPB y el fracaso
Escribiendo sobre la naturaleza de los Elementales, no sólo como inteligencias encarnadas en los mundos de la materia, sino también como realidades metafísicas, HPB sugiere que el fracaso es de hecho una necesidad cosmológica en el gradual desenvolvimiento del proceso universal:

Así, los primeros mundos y Seres Cósmicos, salvo el 'Auto-Existente', un misterio que nadie puede atreverse a considerar seriamente, porque es un misterio percibido sólo por el ojo divino de los más altos Iniciados, pero uno que ningún lenguaje humano puede explicar a los hijos de nuestra era, los primeros mundos y Seres fueron fracasos, en la medida en que los primeros mundos no poseían esa fuerza creativa inherente necesaria en ellos para su ulterior evolución independiente, y las primeras órdenes de Seres carecían de alma inmortal. Parte y fragmento del Anima Mundi en su aspecto Prakrtic, el elemento purusha en ellos era muy débil para permitirle a cualquier conciencia en los intervalos (entre actos) entre sus existencias durante el período evolutivo y el ciclo de la Vida.
(Escritos Compilados de HPB, VI, 192-193)

Las sutiles y complejas interacciones entre la Conciencia y la Materia son difíciles de desentrañar, pero la cita antes mencionada parece sugerir que la manifestación las une con un propósito, uno que es demasiado vasto, rico y diversificado para ser comprendido totalmente, hasta que uno alcanza el final del Sendero, como losYogasutras de Patañjali lo sugieren. Según la traducción del Dr. Taimni en La Ciencia del Yoga:

El propósito de la asociación de purusha y prakrti es obtener por medio de purusha la consciencia de su verdadera naturaleza y el desarrollo de poderes inherentes él y en prakrti . (II, 23)

¿Puede ser percibido el fracaso como un mediador en este vasto proceso? ¿Puede, en vez de se visto como el final del camino, como un episodio negativo o negador de la vida, ser percibido como una oportunidad única de entendernos a nosotros mismos, de comprender a los demás y al mundo en el que vivimos? La leyenda de Parsifal, narrada por Wolfram von Eschenbach, declara que el sendero que toma Parsifal en busca del Grial incluye varios fracasos, cada uno de ellos enseñándole una valiosa lección.

La Voz del Silencio y los fracasos
Los versos siguientes del Fragmento III de La Voz del Silencio presentan, en su lenguaje único y elocuente, el rol significativo que el fracaso puede tener en el Sendero de la Compasión como una fuerza que puede impulsarnos hacia adelante, incluso cuando tropezamos y caemos:

Ten paciencia, Candidato, como aquel que no teme ningún fracaso, ni acaricia ningún éxito. Fija la mirada de tu Alma en la estrella de la cual eres un rayo, la estrella flamígera que brilla en las profundidades lóbregas del ser eterno, los campos ilimitados de los Desconocido.

Prepárate y prevente con tiempo. Si has tratado y has fracasado, Oh luchador indómito, no te desanimes: sigue luchando, volviendo al ataque una y otra vez.

El guerrero valiente, aun cuando su preciosa sangre vital fluye de sus amplias heridas, sigue atacando al enemigo, sacándolo de su citadela, derrotándolo antes de perecer. Entonces, todos ustedes que fracasan y sufren, actúen como él; y desde la citadela de su Alma, expelan todos sus enemigos, la ambición, la cólera, el odio, hasta la sombra del deseo, aun cuando hayan perdido...

Recuerda, tú que luchas por la liberación humana, cada fracaso es un éxito y cada tentativa sincera recibe su recompensa a su tiempo. Los gérmenes sagrados que brotan y crecen invisibles en el alma del discípulo, tienen tallos que se fortifican en cada nueva prueba, se doblan como juncos sin nunca quebrarse, ni perderse. Mas cuando la hora suena, florecen...

Annie Besant y el fracaso
En el siguiente pasaje del libro La Doctrina del Corazón, Annie Besant apunta a una verdad profunda de la vida, interna y espiritual, la insignificancia relativa de los acontecimientos externos. Aunque las experiencias son un hecho de la vida lo que importa no es tanto las experiencias en sí mismas sino cómo respondemos a ellas. Cuando respondemos correctamente, las oportunidades para un futuro progreso se presentan a sí mismas:

El desastre pende sobre la cabeza del hombre que pone la fe en los atavíos antes que en la paz de la vida interna, la cual no depende de los estados mentales o emocionales de la vida externa. En efecto, cuanto más embarazosas las circunstancias y mayor el sacrificio respectivo de vivir entre ellas, tanto más cerca se halla uno de la meta final de la naturaleza misma de las pruebas a superar. No es sabio, por lo tanto, dejarse atraer demasiado por ninguna manifestación exterior de la vida religiosa, pues todo cuanto se halla en el plano de la materia es efímero y fugaz y ha de llevar al desengaño. Quienquiera que sea atraído fuertemente hacia cualesquiera de las modalidades externas de vivir, tarde o temprano ha de aprender la comparativa insignificancia de todas las cosas externas. Y cuanto antes se pase por las experiencias requeridas por el Karma del pasado, tanto mejor para el individuo. Es desagradable en verdad verse repentinamente arrojado de su elemento, pero la copa que cura la torpeza es siempre amarga y debe probársela si ha de erradicarse la enfermedad. Cuando la suave brisa que viene del Loto de Sus Pies susurra sobre el alma, entonces comprendes tú que las peores circunstancias externas no son lo suficientemente fuertes para malograr la encantadora música interna.

El Karma como Maestro
Como se ha dicho anteriormente, el fracaso es 'la negligencia u omisión de una acción esperada o requerida'. Las consecuencias del fracaso pueden, de hecho, ser devastadoras: abatimiento, desilusión, tristeza, culpa, depresión, entre otras. En sus momentos más difíciles genera un profundo sentimiento de carencia de significado y también de desconexión que nos conduce a una experiencia de completo aislamiento  y alejamiento de uno mismo. Al ser esto así, la Tradición de la Sabiduría sugiere que en esta oscura y profunda desesperación hay una lección que aprender:

¡Oh noche que me guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el Amado transformada!

San Juan de la Cruz,
La Noche Oscura del Alma

Cuando la naturaleza personal es golpeada así por el proceso de la experiencia, se encuentra a sí misma lo suficientemente flexible para comenzar a entender sobre la vida y su significado. Los golpes del Karma solamente se perciben como 'golpes' cuando la mente aún actúa desde un centro reactivo. La profundidad del fracaso puede revelar que estos 'golpes' son de hecho la mano del Karma mostrándonos que la propia importancia y la presunción no son la verdadera dirección del progreso espiritual interno. Sea lo que sea que Karma nos presente, en cualquier circunstancia, siempre es una oportunidad de crecimiento en conocimiento de sí mismo, humildad y paz interior, condiciones necesarias para la realización de la unidad de toda la vida.

Compasión sin límites
En un artículo publicado en The Theosophist (Marzo de 1946), Clara Codd revela, en un pasaje del Bhagavadgitâ (La Canción Celestial de Edwin Arnold, Duodécimo Discurso) la profundidad de una respuesta compasiva al fracaso de Sri Krshna, la encarnación de la compasión y del amor universal. Es una conciencia que no excluye nada de su esfera ilimitada de inefable simpatía y entendimiento. Para él, no hay fracaso final:

¡Aférrate a Mí!
¡Abrázame con la mente y con el corazón!
Pero si tus pensamientos
descienden desde estas alturas; más si eres débil
para entregarme constantemente tu cuerpo y alma,
¡No desesperes! ¡Ofréceme tus mundanos servicios!
Busca para alcanzarme a Mí,
con devoción y voluntad firme;
Y si no puedes obrar con devoción firme,
trabaja para Mí.
Porque aquel que trabaja laboriosamente por
amor por Mí, finalmente llegará a Mí.
Pero si tu débil corazón falla, ¡tráeme tus fracasos!
Encuentra refugio en Mí.


Notas al pie:
1.     Fundación Joseph Campbell, 2003, San Anselmo, California, USA.
2.     Vintage Books, Nueva York, 1989, página 123.


Si admitimos que nos hallamos en la corriente de la evolución, debemos considerar que para nosotros son justas todas las circunstancias en que nos hallemos; y esta consideración será nuestro mayor auxilio cuando fracasemos en el cumplimiento del deber, pues no podemos adquirir de ningún otro modo la serenidad que tanto recomienda Krishna. Si todo nos saliere a la medida de nuestro deseo, no echaríamos de ver ningún contraste. También es posible que por estar nuestros planes ignorantemente y, en consecuencia, erróneamente trazados, la benéfica Naturaleza no permite que los realicemos. No se nos vituperará por el plan; pero engendraremos mal karma si no nos resignamos a la imposibilidad de llevarlo a cabo. Si estáis por entero abatidos, será porque antes decayeron vuestros pensamientos. Puede un hombre estar encarcelado y, sin embargo, trabajar a favor de una causa. Así os exhorto a que eliminéis de vuestra mente todo disgusto por las circunstancias en que os veáis, y si conseguís considerarlas según las miras de vuestro Yo superior, no sólo vigorizarán vuestros pensamientos, sino que se reflejarán en vuestro cuerpo y lo fortalecerá.