domingo, 14 de diciembre de 2014

¿Cuál es el valor del tiempo?





SANJAY D. SABRIS
El señor Sanjay D. Sabnis es un miembro joven de la Logia Blavatsky, Mumbai.


Durante mis días de universidad, mi padre me dio un reloj de pulsera. El paquete de regalo también traía un cuestionario para completar y devolver a la compañía con un slogan que describiera ‘Por qué prefiero esta marca’. Envié el formulario y aproximadamente tres meses después, el cartero llegó con un regalo de la compañía, ¡un reloj nuevo! Mi slogan fue escogido de entre los mejores diez lemas recibidos: “El tiempo es dinero y esta marca valora mi tiempo”.

Cuando escribí el lema fue sólo un pensamiento que se me vino a la mente, pero hoy día, quince años después, sólo después de leer libros teosóficos, comprendo lo que en realidad significa aplicar este slogan a mi vida.

En estos días, uno puede comprar prácticamente todas las cosas con un click del mouse, excepto unos pocos artículos, como el tiempo. Es algo que ninguna bolsa de valores o mercado de productos puede vender. No está disponible, ni siquiera aunque un billonario quisiera pagar por él toda su riqueza. Sin embargo, la mayor parte de nosotros decimos muy casualmente en nuestra vida diaria: “Oh, no tengo tiempo”.

Las escrituras de los Vedas  declaran que esta forma humana de vida es muy extraña y el tiempo de que disponemos en este cuerpo, tiene que usarse de manera más efectiva para alcanzar la meta de la vida; es decir, ser eternamente felices. El Bhagavadgitâ esboza claramente la fórmula para ser feliz:


“Quien no está conectado con el Supremo (en consciencia Divina) no puede tener ni inteligencia trascendental ni una mente estable, sin lo cual no existe la posibilidad de paz. Y sin paz, ¿cómo puede haber felicidad? (II.66).

“Quien es totalmente consciente de Mí, quien sabe que Soy el máximo benefactor de todo sacrificio y austeridad, el Señor Supremo de todos los planetas y semi-dioses, y el benefactor y Amante de todos los seres, alcanza la paz de los tormentos de las miserias materiales (V.29).

La vida humana tiene  el privilegio de solucionar todos los problemas de la vida. Animales, árboles y plantas o animales acuáticos, no tienen este privilegio. Esta es la causa de por qué se dice que ‘la forma superior de himsa (violencia) es mantener en la oscuridad al ser humano que está con su consciencia de la vida desarrollada’. Para la mayoría de nosotros, el aprendizaje es muy lento. Vivimos bajo la impresión equivocada de que una vida no es suficiente para completar este camino y prolongamos así nuestro proceso de auto-liberación. Si no es ahora ¿entonces cuándo? Si el periodo de vida promedio de una persona es de sesenta años, ella pasa aproximadamente cincuenta y ocho años dedicado a cosas tales como jugar, estudiar, dormir, comer, bañarse, ir de compras, trabajar, divertirse, etc. Tiene apenas dos años para dedicarse a su progreso moral y espiritual. Además, malgasta igual este periodo en cosas triviales. El hombre nace no solamente para comer, beber, crecer y morir sino también para elevarse espiritualmente e iluminar su futuro. ‘Ahora o Nunca’ debería ser nuestro lema en la vida.

Luz en el Sendero dice que el ‘Tiempo’ es un gran engañador. Un aspirante espiritual que experimente el divino descontento, se describe como uno para quien el sentido del espacio se asemeja a los barrotes de una jaula, mientras que el sentido de espacio ascendente  libera de los límites del tiempo y del espacio. Él desea romper estas limitaciones y experimentar la eternidad, donde termina la fluctuación entre dolor y placer.

Si observamos nuestra vida diaria, encontraremos que pasamos mucho tiempo murmurando, leyendo, calumniando, navegando y chateando innecesariamente por Internet, y haciendo un sinnúmero de otras actividades que no agregan ningún valor a nuestra vida. La próxima vez que miremos nuestro reloj, tenemos que darnos cuenta que el tiempo corre, entonces debemos planear nuestras vidas de modo tal que eliminemos estas actividades inútiles y agreguemos valor a nuestras vidas digiriendo la literatura teosófica que leemos y comprendiendo su  significado.



“El presente es de suma importancia, el presente, aún cuando trágico y doloroso, es la única puerta hacia la Realidad. El futuro es la continuación del pasado a través del presente, a través de la comprensión del presente el futuro se transforma. El presente es el único momento para comprender porque abarca el ayer y el mañana. El presente es el tiempo total, en la semilla del presente está el pasado y el futuro, el pasado es el presente y el futuro también. El presente es lo Eterno, lo Infinito”.

                                          Pensamientos de J. Krishnamurti

sábado, 6 de diciembre de 2014

El desafío de la vida.

  

  RADHA BURNIER
 
Un hecho que todos hemos de aceptar es que la vida nos presenta un desafío en todos los niveles. Al nivel no humano de animales y aves, insectos y peces, el reto consiste simplemente en sobrevivir. El desafío existe individualmente además de colectivamente. Para el individuo, el problema es el de prolongar su vida al máximo posible. Colectivamente, es el de perpetuar la especie a la que pertenece el individuo y el de competir con éxito con otras formas de vida.
 
Las fuerzas de la naturaleza elaboran un extenso diseño durante el proceso evolutivo, en el cual el reto con el que se enfrenta el individuo tiene su papel; hay un crecimiento hacia la perfección en  todos los niveles de la vida. Este diseño, este drama, se cumple durante incontables siglos, a través de lo que en India se llama sarga y pralaya, los inmensos ciclos de la existencia que son como la noche y el día de Brahmâ. A medida que el individuo se enfrenta a su desafío y vive durante su período particular de tiempo, y a medida que la especie va labrando su destino en la tierra, la conciencia emerge a  través de la materia. Florece a través de la experiencia y se revela de muchas formas distintas. Se manifiesta de modo cada vez mayor en las formas evolutivas de la vida; despliega nuevos y extraordinarios poderes; la sensibilidad se acrecienta por medio del desarrollo del cerebro y del sistema nervioso.
 
Todo el proceso consiste en que la conciencia se revela a través de la materia y consigue su control sobre ella. En las etapas no humanas de la vida se debe encontrar el significado en el proceso mismo. Tal vez haya que luchar para encontrar alimentos y sobrevivir pero no hay un esfuerzo desesperado por realizarse. Puede que haya dolor pero no hay tristeza ni desespero ni sufrimiento interno por no lograr encontrar un significado a la vida. La vida misma es su propia realización. Tiene su propio significado y gozo, y en esta etapa, ser es suficiente.  Ningún animal, ave o pez tiene que buscar entretenimiento ni inventar diversiones como hace el hombre. Respondiendo al reto de la supervivencia, todas las criaturas de la etapa no humana están no sólo satisfechas sino llenas de vitalidad y gozo por la vida, relajadas y en paz consigo mismas.
 
Durante el proceso de respuesta al desafío por la supervivencia física, se desarrollan varios poderes físicos. De modo que existe una gran maravilla en la gran velocidad del guepardo, en la fuerza del elefante y en la agilidad del mono. Y en la conciencia colectiva del animal están integradas algunas cualidades no físicas como la ingenuidad y la inteligencia. Tal vez el animal individual no sea muy inteligente, pero hay una  inteligencia en la misma especie que le enseña lo necesario para su propia existencia. Por eso, el pájaro sastre sabe tejer su nido y las aves migratorias encuentran su camino en los cielos inmensos sin necesitar indicaciones.
 
Al nivel humano, al desafío de la vida se le responde de modo muy diferente, mediante el desarrollo de los poderes de la mente, y no simplemente en la conciencia colectiva sino en la individual. Al usar estos poderes, que incluyen todos los procesos del pensamiento racional, la capacidad de inferir, de relacionar hechos y de llegar a conclusiones basadas en esos hechos,  el hombre ha dominado su propio entorno y ha hecho posible la conquista de todas las demás especies. Cada forma de vida distinta a él está a su merced; el entorno también está formado en parte por él y adaptado a su conveniencia y comodidad.
 
Cuando se enfrenta con el poder de la mente, el poder del mundo animal resulta inadecuado y le da al hombre la posibilidad de exterminar a todas las demás criaturas de la tierra. Muchas especies animales se han  extinguido porque el hombre las ha destruido a ellas y a su entorno. El hombre es capaz de cambiar el curso de los ríos, de arrasar y levantar montañas, de modificar su entorno según su conveniencia. Pero después de vencer a todos sus enemigos y de conquistar a la naturaleza, el hombre se enfrenta a un nuevo desafío consigo mismo.
 
Ansias por la variedad  
La mente del hombre le ha dado un extenso significado a la supervivencia física y amplió el sentido de las necesidades básicas como casa y comida. El hombre no se contenta simplemente con alimentar el cuerpo; ha perdido el instinto que le permite al animal saber qué y cuánto debe comer. La comida se ha convertido en un gran problema y una gran industria. El hombre ya no encuentra satisfacción en unos cuantos alimentos que son buenos para él, anhela una variedad interminable. Construye restaurantes y hoteles, y para preparar y presentar los distintos platos que ha inventado necesita diferentes tipos de utensilios y recipientes de todas las formas y tamaños. Las industrias que tienen que fabricar todo esto crean también enormes organizaciones que gestionan la publicidad y los anuncios. Esto resulta en una intensa competencia y en los grandes males que esto acarrea.
 
Igualmente, aunque la vivienda es necesaria para sobrevivir individual y colectivamente, el hombre no se contenta con el simple hecho de cobijar el cuerpo. Se imagina que necesita ocupar una amplia zona, tal vez un palacio de cien habitaciones y colecciona objetos para llenarlos.  Diseña todo tipo de muebles y gasta enormes sumas de dinero en la decoración de interiores.
 
También la ropa es necesaria para el cuerpo, pero el hombre ha creado una enorme esfera de actividad para poder tener telas y tejidos diversos, ha inventado la moda y ha diseñado los adornos. Grandes organizaciones, como industrias, mercados, bancos y medios de comunicación, han ido  surgiendo como tumores cancerígenos a partir de las necesidades más simples del cuerpo. El hombre vive inmerso en sus propias complicaciones y está aislado, perdido y frustrado entre los objetos y las organizaciones que ha creado él mismo. 
 
Al hombre ya no le preocupa la mera perpetuación de la especie; el sexo y la comida se han convertido en “experiencias  placenteras”. El placer se ha convertido en una idea, en un pensamiento de la mente. Y como es una idea, el hombre ha creado varios tipos de placeres y, asimismo grandes industrias que los suministran, incluyendo cines, discotecas y revistas.
 
En el proceso de la búsqueda del placer, del diseño de diversiones y entretenimientos, no existe el gozo, porque éste sólo existe realmente en el descanso interno. Por eso, cuando la mente está ansiosa por encontrar placer, cuando siente la tensión de la búsqueda, se pierde el gozo que podría encontrar en una vida sencilla. El aumento de las necesidades humanas es la fuente primaria de conflicto  en el mundo, porque esas necesidades (que eran en su origen las de alimento, cobijo y sexo) ahora se han convertido en ideas de la mente y por esto son la base de la tensión y el conflicto. A nivel nacional, todo esto produjo grandes guerras mundiales, a movilización de poblaciones, y a la crueldad y el sufrimiento que hemos observado por décadas y siglos. En la vida personal, ¿quien no ha conocido el dolor causado por un hermano y una hermana que se pelean, por amigos que dejan de serlo, por el marido y la mujer que se sienten aislados el uno del otro?
 
Por esto el Buddha enseñó que el hombre tiene que llegar a entender que el nacimiento significa dolor para el hombre, que la muerte significa dolor y que la vida también es dolor. Todo se convierte en una fuente de dolor. Y en las condiciones  actuales, creadas por la mente del hombre, parece que no existe solución para el sufrimiento.
 
El deseo conduce al conflicto.
Esta es la situación que la humanidad se ha creado para sí misma. Ha eliminado casi todas las fuentes anteriores de peligro, pero ha creado otras nuevas y terribles que es incapaz de controlar porque se ve empujada por su instinto animal de supervivencia. Ahora el deseo por sobrevivir se ha convertido en sí mismo en una fuente de peligro. Por esto, dado que todo cuanto hace es una fuente de peligro, podemos suponer que la mente del hombre ha llegado al final del camino y no puede seguir más allá. Ante el desafío con el que se enfrenta en el mundo actual, se ha convertido en algo tan impotente y obsoleto como lo era la fuerza bruta cuando se desarrolló la mente.
 
La situación actual nos ofrece una nueva etapa en la cual el intelecto parece estar ya indefenso frente a poderosos desafíos. Y en esta situación son pocos los que preguntan qué otros poderes contiene la vida en sí misma. ¿Existe solamente el poder de la mente o acaso la vida, en este extenso proceso esté revelando otros poderes olvidados hasta ahora? Como la mente del hombre ha estado tan prendada de sí misma, ha creído en su propia invencibilidad, pocas veces se ha enfrentado a esta pregunta seriamente. Naturalmente, contamos con algunos individuos excepcionales que han  examinado la vida en más profundidad para poder descubrir si esa mente que razona es todo cuanto puede mostrar como culminación de varios eones de evolución. Y si la mente va a descubrir lo que la vida tiene que revelar todavía, también debe examinar la pregunta de si el desafío que se le plantea es realmente de supervivencia.
 
El hombre ha adquirido su “reflejo de supervivencia” de su pasado y todavía no ha conseguido liberarse de sus compulsiones imaginarias. Pero la vida le empuja a buscar nuevos poderes de conciencia que todavía se hallan ocultos en su interior y que, con el tiempo, asumirán el papel principal igual que la misma mente acabó por triunfar sobre la mera fuerza física.
 
En el Bhagavad Gitâ, Arjuna se enfrenta a un inquietante dilema, el de tener que elegir entre luchar o retirarse. Le parece una situación imposible porque siente que, decida lo que decida, se equivocará. Por una parte, están sus maestros, sus mayores, la gente que ama, y contra quienes ahora debe pelear. Por otra parte, está la lealtad hacia su hermano y la necesidad de hacer lo correcto. Y debatiéndose en la necesidad de elegir, se desespera.
 
La verdad del dolor.
Tal vez esta sea la situación de todos nosotros hoy. Nos enfrentamos a una crisis que nos fuerza a preguntarnos cuál es el verdadero propósito de la vida, y si ese propósito es la simple supervivencia o si es algo radicalmente distinto. Somos como los malos estudiantes, reacios a investigar la vida demasiado, y examinamos sus preguntas cruciales sólo cuando nos enfrentamos a una crisis. Incluso entonces, el impacto de la conmoción se pierde pronto y con demasiada frecuencia nos resignamos a recorrer distraídamente la senda que ofrece menor resistencia.
 
El Señor Buddha dijo que la primera verdad que el  Hombre debe reconocer es la verdad del dolor. Si el Hombre empieza a examinar la vida en serio y a estudiar cómo se puede comportar mejor, tal vez no tenga que enfrentarse a dolores ni a crisis. Pero como,  individualmente, ha ignorado las lecciones de la naturaleza y sus leyes, la humanidad en conjunto se ha visto abocada a una situación de crisis ante la cual su mente se encuentra indefensa. Se requiere de gran sensibilidad para descubrir el significado de la vida. El hombre tiene que adquirir una percepción totalmente distinta, que actualmente no posee, y que no puede tener mientras tenga la mente ocupada,  consciente o inconscientemente, con la simple supervivencia. Seguramente se ha llegado al punto ¡en el que habrá que hacer un giro inmediato! Ya es hora de que el Hombre ponga los pies firmemente en el Nivritti Marga, renuncie a la voluntad primaria de sobrevivir y, tal como dice Madame Blavatsky, aprenda un nuevo alfabeto en el regazo de la Madre Naturaleza. Para poder aprender este nuevo alfabeto, tiene que dejar de lado el conocimiento anterior con el que empezó.
 
Ilusión y realidad.
 La literatura Vedânta enseña los diferentes niveles de realidad percibidos por la conciencia. Solamente cuando hemos pasado totalmente una dimensión de la realidad es posible ser consciente de otra más amplia. Mientras la mente del Hombre se preocupe solamente por la supervivencia y su amplio significado, vivirá en una ilusión.
 
En la famosa enseñanza Vedânta, la cuerda enroscada es una cuerda para los que tienen la visión clara y una serpiente para los demás. Sus reacciones varían según su nivel de percepción. Los de temperamento tímido se asustan y se alejan corriendo. Los de naturaleza agresiva, buscan como remedio la destrucción en vez de escapar, avanzan con osadía para matar a la serpiente. Estos experimentan la emoción de la violencia y los primeros la del miedo, pero las dos formas de reaccionar nacen del mismo error básico de percepción. Para quienes ven claramente y saben que el objeto no es una serpiente sino simplemente una cuerda, ambas formas de actuar son imposibles. De modo que las acciones que antes eran habituales van perdiendo significado cuando hay una nueva percepción.
 
Cuando un hombre reconoce que no necesita ya preocuparse por un falso concepto de supervivencia, descubre un nuevo modo de acción y un nuevo significado en la vida. Este “giro inmediato” tiene que ser radical. Hay quienes buscan nuevos valores y al mismo tiempo se aferran a sus antiguas maneras de actuar. Buscan gurús y prueban  distintas técnicas de meditación esperando descubrir, con esos medios, el secreto de la vida. Pero mientras las formas de actuar que practican sean las que surgen de la mente que da prioridad a la supervivencia, nunca podrá descubrirse la verdad sobre la vida.
 
Si una persona sueña, sólo puede experimentar sueños. Cuando despierta a una realidad distinta y percibe los hechos de la vida, el sueño termina. Hasta que no termine el sueño, no podrá experimentar el estado despierto. Tan imposible resulta experimentar los hechos de los sueños y los de vigilia al mismo tiempo, como dedicarse a las ilusiones relacionadas con los procesos de supervivencia y también a la nueva comprensión que nos puede ofrecer la vida. En las enseñanzas del Yoga se afirma que la mente tiene que estar totalmente en silencio antes de poder encontrar un nuevo significado. Que la mente renuncie a sus ocupaciones preferidas y deje de preocuparse por el “yo” y lo “mío”, es terminar el sueño en el que todos vivimos. Esta es la transformación que tiene que tener lugar en el mundo actual donde el Hombre tiene que reconocer una fuerza universal que actúa en bien de todos y no en bien del individuo o de unos pocos. La mente del Hombre le ha concedido una importancia exagerada a su voluntad personal, que intenta imponer sobre todos aquellos con los que se encuentra. Pero esa voluntad del yo tiene que rendirse a la vida superior antes de poder entender su significado.
 
Este es pues, el desafío que nos presenta la vida: que el hombre aprenda conscientemente a comprender y a recibir su mensaje, igual que aprende la vida no humana a recibirlo de forma inconsciente. Se ha dicho que en el extenso diseño que está desplegando la naturaleza, hay un movimiento que va desde la perfección inconsciente hasta la imperfección consciente, y que desde esa imperfección consciente se debe avanzar hacia la perfección consciente. La perfección consciente puede producirse solamente cuando aprendemos a trabajar en armonía con el diseño de la vida misma. La vida exige que la mente del hombre renuncie a sus propios deseos, a sus propios impulsos, instintos y reflejos, para que pueda desenvolverse y revelarse un poder más grande, no según la voluntad del hombre sino en obediencia a las leyes divinas y a la voluntad de la naturaleza.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Liberar belleza


 


Radha Burnier
 
De acuerdo con la filosofía platónica, el alma del hombre existía en el mundo puro del ser, antes de que fuera atraída hacia este mundo de sombras, aquél  es un mundo de perfecta belleza, armonía y luz en el que no hay un devenir. Por consiguiente, aquí, en este mundo de sensaciones que es un mundo de sombras efímeras y simples imágenes, cuando el alma tiene ciertas experiencias, por ejemplo, cuando encuentra un objeto hermoso, es una reminiscencia de lo que conoció en el mundo invisible de perfección, lo cual ha olvidado por un tiempo.
 
De acuerdo al pensamiento hindú, también el Espíritu del hombre, su verdadero ser, es la base de todos los valores fundamentales. El hombre es en esencia divino, aunque pueda estar limitado por las vestiduras con las cuales se cubre y la misma naturaleza de lo divino es tomar la forma de la Verdad, la Bondad y la Belleza. Éstos son los atributos del ser perfecto, como también lo son la Bienaventuranza y la Conciencia pura.
 
Estos atributos divinos son siempre co-existentes. En el estado absoluto ninguno de estos atributos existe sin los otros. En realidad, son meramente aspectos o facetas de la divinidad, reflejos de la misma luz. Por consiguiente no es posible llegar a un conocimiento de belleza, verdad o bondad absoluto, a menos que la conciencia que conoce estos atributos esté en una condición más pura, no sujeta a tentaciones y variaciones superfluas. Y en ese estado de conocimiento o de ser, también se encuentra la Bienaventuranza, que es un regocijo del Espíritu, muy alejado del placer que sólo es su débil sombra.
 
La verdadera naturaleza del hombre, al ser divina, mientras esté en este mundo de percepciones sensoriales, está siempre impelida a buscar entre las sombras aquello que le recuerda una realidad que alguna parte profunda de él mismo ha conocido. Por lo tanto se dice en India que la percepción de la belleza, en cualquier medida en que pueda ser, es una convergencia de la pasada experiencia del alma.
 
Como la Belleza que es absoluta es siempre co-existente con la Bienaventuranza, es natural que en la mente de las personas el placer esté conectado con la belleza relativa que perciben en las formas, porque como se dijo antes, el placer es la contraparte grosera en el mundo de las sensaciones de un regocijo del Espíritu, que es Bienaventuranza.
 
Por lo tanto cuando el placer se obtiene de un objeto particular, o cuando la mente reconoce la posibilidad del placer en un objeto, puede parecer hermoso. Quien está enamorado de una mujer en la que reconoce una fuente de placer para él mismo y a la que desea poseer, encuentra todo tipo de belleza en ella, que no es visible para los demás. La misma mujer no le parecerá estar repleta de toda la belleza con la que previamente su mente la dotó, cuando por la saciedad cese de ser un objeto de gratificación.
 
Toda forma y objeto que sea aparentemente hermoso, si el sentimiento de belleza se funda en el placer de los sentidos y de la mente, antes o después pasa a perder su encanto. Aún la belleza derivada de los placeres más sutiles de los sentidos, libres del deseo de posesión, tales como la belleza que se siente al mirar un paisaje o al escuchar una pieza musical, desaparece después de un tiempo. Aquéllos que viven constantemente en un lugar muy hermoso, o cerca de algo hermoso, pronto no les emociona más como lo hacía antes, cuando el objeto por primera vez entró dentro de su visión y estimuló sus sentidos. Con frecuencia, por supuesto, sucede que un individuo piensa que él debería apreciar la belleza, y por consiguiente periódicamente dará expresión verbal a una belleza que realmente ya no le impresiona interiormente, porque él ha cesado de ser estimulado por ello. No nos estamos refiriendo a tales expresiones verbales, sino a la respuesta interior.
 
La naturaleza misma del placer y por lo tanto de la belleza que está asociada con el placer es aquélla que cansa y deja de gustar, o siempre está buscando mayor estimulación. Un crítico muy conocido, Eric Newton, declara que la prueba de la presencia e intensidad de la belleza es el placer causado por la gratificación del deseo de repetir la experiencia. En contradicción a esto, otro escritor renombrado, Jacques Maritain, dice que la percepción de la belleza produce regocijo “pero es el elevado deleite del espíritu, lo absolutamente contrario del placer, o la agradable cosquilla de la sensibilidad”.
 
Cuando la Belleza pura es tocada aunque sea por un instante, la conciencia está en un estado de liberación, por ese momento, de los impedimentos y limitaciones que normalmente la deforman y restringen. Y en ese periodo de liberación existe siempre el deleite del espíritu, porque tanto la belleza como el verdadero regocijo son coexistentes con la conciencia en su estado puro, como lo mencioné antes.
 
Esta experiencia de libertad y regocijo momentánea que acompaña a la percepción de la belleza, actúa como un estimulante en aquél que ha tenido la experiencia, y busca repetirla. No son sólo las formas groseras del placer, tales como el deseo de poseer físicamente objetos atractivos, lo que el hombre desea tener una y otra vez. Sino que él tiene una sed de experiencias que comienzan en el nivel más grosero y luego, a medida que va creciendo en evolución, requiere entretenimientos más sutiles.
 
Por tanto, hay personas que están ocupadas con lo que piensan es algo hermoso. Ellos quieren derivar de ello una continua satisfacción, buscan el placer de la estimulación, están tan completamente absortos en el deseo por la repetición de este tipo de experiencia y la excitación que brinda, como otros están concentrados en la estimulación que el conocimiento intelectual brinda.
 
El deseo por la repetición de la experiencia crea, por supuesto, un hábito y una adicción, aunque la experiencia que se busca repetir sea hermosa y elevada. La sed de experiencia de cualquier naturaleza es el verdadero obstáculo que impide la realización de la Belleza y Bienaventuranza divina, porque tironea a la mente en una permanente búsqueda, que modifica siempre a la conciencia.
 
Aún cuando no está el anhelo de repetir la misma experiencia, existe  la expectativa de una experiencia similar, basada en la memoria de lo que se conoció previamente. La mente está por tanto en una condición de inquietud. La conciencia se vuelve insensible y cesa de reflejar lo divino, al ser envuelta por la oscuridad de las cosas finitas.
 
“El que se abalanza sobre las bellezas inferiores, como si fueran realidades, cuando sólo son como imágenes hermosas que aparecen en el agua, sin duda, como en la fábula, al estirarse hacia la sombra, se ahogan en el lago y desaparecen”, dice Plotino.
 
La Belleza pura, la Belleza de lo Divino, no puede capturarse por desearla. Uno no puede ver la belleza porque está la intención de verla. No es la revelación de algo nuevo, sino la revelación de algo que existe siempre, que sucede cuando el que percibe de alguna manera participa de su naturaleza, es decir, cuando él mismo se libera de todas las impurezas que surgen en su ser a partir de las actividades de la mente nacidas del deseo. En palabras de Wordsworth:
 
Piensa en esta  suma poderosa
De cosas que siempre dicen
Que nada surgirá de sí mismo,
Aún así ¿debemos seguir buscando?  
 
Así, aprender a ver la Belleza en todo su esplendor no es sólo apreciar objetos bellos o cultivar un gusto por ciertas cosas. Algunos antiguos indos lo han descrito como el regocijo que nace con la cesación de la sed. “Existe una belleza que no ofrece estímulo… Uno contacta esa belleza, no a través del deseo, del querer, de tener anhelos por la experiencia, sino sólo cuando todos los deseos por las experiencias han llegado a un fin”, dice Krishnaji.
 
Esto no significa retirarnos del mundo y negarnos a mirar las maravillas de la creación: los árboles, los ríos, el cielo, los rostros de las personas, etc., todo lo cual expresa la Belleza Una, sino observarlos con una mirada diferente, “depurada de las brumas de los sentidos”.
 
“Debemos despertar y adoptar un ojo interno más puro, que todos los hombres poseen, pero que sólo pocos usan”.
 
Este ojo interno se abre sólo cuando hay un estado de mente que tiende hacia el objetivo humano más elevado, que es la libertad. Es un estado de mente en el cual las transformaciones causadas por los apegos llegan a su fin, cuando no hay dependencia de algo externo y las limitaciones causadas por el sentido del tiempo, del espacio, del nombre y de la forma, se rompen en pedazos. Estas limitaciones existen porque hay apego a objetos y formas particulares, a su memoria y al deseo por más placer. Cuando el alma o el espíritu se libera de estas limitaciones, entonces adopta su propia y verdadera forma, que es la forma de la más pura conciencia, que brilla por sí misma con belleza y refleja lo divino. Por consiguiente, uno de los más grandes escritores indos sobre el tema de la Belleza ha dicho que el que quiera verla debe tener un corazón que, al estar libre de impurezas, brille con claridad. A menos que el corazón esté limpio como el cristal y sea delicado y sensible como el capullo de una flor, no será capaz de vibrar en armonía con la vida, de trascender la limitación de la existencia separada.
 
Miguel Ángel dijo: “La Belleza es la purgación de las superfluidades”. Él probablemente se refería al trabajo de un escultor que hace surgir la belleza a partir de una piedra al retirar lo innecesario. Pero la cita se aplica más acertadamente a lo que tiene lugar dentro de cada individuo. La belleza no es ni objetiva ni subjetiva, porque está en todos lados, esperando ser descubierta. La percepción llega cuando cualquier individuo se mira a sí mismo como un escultor mira la piedra sobre la cual va a liberar una belleza invisible, y entonces procede a quitar lo que es superfluo, cortando y puliendo hasta que asume una Belleza nunca vista hasta ahora.
 
Cuando no hay belleza interior tampoco la hay en lo exterior, sólo puede haber una apariencia de belleza. Pero si a través de la recta percepción y conocimiento uno comienza a liberar el alma o el Ser de la sórdida prisión construida por un aumento de los deseos del cuerpo y de los sentidos, entonces hay una percepción cada vez mayor de la Belleza inmortal. Y con cada percepción, hay una claridad en aumento, porque aún una momentánea visión de lo Real es como una ablución purificadora. Por lo tanto en el proceso de liberar la Belleza, la Belleza se convierte en el Liberador.
 
“El hombre miserable no es el que descuida la búsqueda de bellos colores y hermosas formas corporales, quien es privado de poder y cae de la dominación y el imperio, sino sólo el que es destituido de esta posesión divina, por la cual debe renunciar y olvidar la amplia dominación de la tierra y el mar y el aún más extendido imperio de los cielos, si despreciando y dejando éstos bien atrás, intentamos siempre arribar a la felicidad substancial por medio de la contemplación de la Belleza misma.”
                                                                                                                      Plotino.
 
 
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Los Aspectos principales de la Belleza son la Luz y la Proporción. El Cristo en ti es ambos: la Luz, y la Sabiduría de Dios. Entonces vives Bellamente cuando esta Luz circula a través de tus Pensamientos, Sentimientos, Acciones, brillando en todo y haciendo a todas las cosas proporcionales a sí misma.
                                                                                     Meter Sterry

domingo, 16 de noviembre de 2014

Yoga de compasión


 

  S. RAMU
Gerente de la Editorial Teosófica, Adyar

 
Yoga esencialmente significa armonía. El Yoga de Compasión es estar en armonía con un estado del ser que es compasivo.
 La compasión es una conciencia marcada y sensibilidad por el sufrimiento que uno presencia, con un profundo anhelo por verlo aliviado. La compasión literalmente significa “sufrir con”, lo que implica reciprocidad en la experiencia del sufrimiento. La compasión es bondad amorosa, expresada en el contexto del sufrimiento.
 Buddha significa “el despierto”. Él despertó a la compasión cuando se sensibilizó por el sufrimiento que presenció.
 
La compasión no es la relación entre quien da y quien recibe. Es una relación entre iguales. La compasión se hace real cuando reconocemos nuestra humanidad compartida.  –Pema Chödrön
 
La compasión no es la simple muestra de bondad o simpatía hacia alguien que sufre. Requiere de una identificación completa con el sufrimiento experimentado por otro y por aliviar ese sufrimiento.
 
La compasión es uno de los “poderes latentes en el hombre” que alivia el sufrimiento. La Teosofía nos enseña que el cosmos está guiado por la justicia y el amor. Existen diferentes clases de amor, tales como el amor patriótico, el amor filial, el conyugal, etc. Un tipo de amor es la bondad expresada como compasión para aliviar el sufrimiento.
 
A menudo la compasión genuina sólo fluye de un corazón que ha sufrido. El corazón que se ve afectado por la angustia de otros es más capaz de aliviar el sufrimiento efectivamente que una mente que se aflige al ver el dolor.
 
Annie Besant sintió gran compasión por el terrible estado de las niñas que trabajaban esforzadamente en la industria de los fósforos. Es el sufrimiento causado por la mera injusticia del hombre contra el hombre que hizo que personas como Annie Besant, Gandhi, Nelson Mandela y Martin Luther King Jr. emprendieran causas compasivas.
 
El sufrimiento abrumador de la humanidad se produce por la intolerancia, falta de compasión, odio, prejuicio, ira, miedo, avaricia, deseos de gratificación, supersticiones religiosas, búsquedas materialistas ciegas, egoísmo, tendencias violentas, ilusiones sobre la naturaleza de la existencia e ignorancia de las verdades fundamentales que gobiernan la vida y todas las relaciones que la vida implica. Un teósofo ayuda a aliviar el sufrimiento y se esfuerza por eliminar la causa raíz del dolor.
 
Sólo el desarrollo de la compasión y la comprensión de otros, puede brindarnos la tranquilidad y felicidad que todos buscamos.   – S. S. Dalai Lama
 
La compasión ennoblece la vida de todos. H. P. Blavatsky dijo que “La religión y la filosofía deben ofrecer la solución a todo problema. Pero la religión y la filosofía están tan lejos de la solución como siempre lo estuvieron… para éstas debe haber en algún lugar una solución consistente.” Yo sugeriría que la posible “solución consistente” a la que HPB se refirió puede muy bien ser la “Compasión”.
 
El verdadero teósofo es un yogui compasivo. El teósofo permite seriamente el permanente desarrollo del poder de la compasión, que está “latente en él”. El teósofo se da cuenta que sólo por su vida compasiva puede despertar la compasión en otros.
 
Los actos más simples de bondad son mucho más poderosos que mil cabezas inclinadas en oración.   –Mahatma Gandhi.
 
La espiritualidad se relaciona con el nivel de consciencia y hay marcas o firmas de la consciencia superior. La compasión es la firma de la consciencia superior. Los grandes sabios sintieron compasión por quien sufre, producido por la asociación del espíritu con la materia o del ser espiritual envuelto en el materialismo, que esencialmente es la ilusión de confundir el mundo fenomenal por la Realidad.
 
La compasión es la más magnánima de las virtudes, la que mueve al mundo. Thiruvalluvar.
 
El estado compasivo está marcado por un nivel elevado de consciencia cuando uno está profundamente emocionado por el sufrimiento. En ese estado de compasión surge de nosotros un caudal de bondad creativa. Valmiki, Vyasa, Shakespeare, probablemente Homero también, son ejemplos de esta creatividad. Estos autores nos dieron obras de arte de creatividad, conmovidos por los predicamentos humanos fundamentales, como se ven en los exámenes de resistencia, por el dolor y el sufrimiento que esas personas deben soportar. Finalmente, es la creatividad la que resuelve los problemas humanos, alivia el sufrimiento y agrega dicha a la vida.
 
Hasta que extienda el círculo de su compasión hacia todas las cosas vivas, el hombre no hallará la paz.   –Albert Schweitzer.
 
Compasión hacia todos sin excepción es la religión universal que es la base de todas las verdaderas religiones. “Samatvam Yoga Uchyate”, Yoga es la ecuanimidad (Bhagavadgitâ), “recta comprensión” o el “recto conocimiento” mencionado en varias escrituras, significa sin discriminación y unidad. Un Yoga superior es la capacidad de considerar todo como “lo mismo”, en el sentido de cada una y todas las entidades de los hombres y los materiales a nuestro alrededor, como “que son una porción de Brahman, la energía Primordial”. En el Bhagavadgitâ se recomienda quedar establecido en “la igualdad” y la ecuanimidad para una acción yóguica perfecta. El espíritu de la unidad es el fundamento de la verdadera acción compasiva.
 
La compasión es nuestro primer instinto básico. Todos los mamíferos, dice el Dalai Lama, practican una compasión básica que surge del lazo madre-infante. Nosotros los humanos por lo tanto, tenemos por naturaleza, un sentido de amor y afecto.
 
Nuestro instinto natural está obstruido por el intelecto analítico de nuestra mente condicionada y sus pensamientos. La consciencia es nuestra cualidad esencial y la compasión es la facultad innata. En la comprensión de este condicionamiento, existe la posibilidad de trascender las limitaciones y despertar la compasión. El egoísmo es un fuerte impedimento para la práctica del Yoga de Compasión.
 
Muchas personas se preguntan por qué las enseñanzas de los sabios, santos, filósofos y humanistas no han elevado nuestra consciencia individual y colectiva al nivel deseado de compasión? ¿Por qué existe una total ausencia de sensibilidad? ¿Por qué estamos dormidos? Incluso cuando se ve la compasión, parece una experiencia ocasional en vez del alivio a una vida dominada por el conflicto.
 
Es un poco incómodo que después de cuarenta y cinco años de investigación y estudio, el mejor consejo que le puedo dar a la gente, es que sean mutuamente un poco más amables.   –Aldous Huxley
 
Muchos países gastan enormes cantidades de valiosos recursos para aumentar  rápidamente los sistemas de seguridad, detección del crimen y el sistema de justicia criminal, y también en el estilo de vida relacionado con temas de salud. Sería bueno si le dieran preferencia a la educación en los años de la formación, a valores universales tales como la vida compasiva y a un modo de vida modesto, en el que se considere la prevención de gastos innecesarios de recursos y su uso para causas más productivas. Padres, maestros y profesionales de la salud deberían dar el ejemplo de un estilo de vida modesto y compasivo. El Presidente Obama dijo, al hacer un comentario sobre una tragedia reciente ocasionada por el hombre, “deberíamos preguntarnos si estamos haciendo todo lo que podemos para ampliar el círculo de compasión en nuestras propias comunidades.”
 
Una sociedad que promueve la indulgencia, la gratificación y demasiada competitividad basada en la explotación, es muy poco plausible que sea sensible al sufrimiento de sus semejantes los seres humanos, y que sea compasivo. La riqueza económica creada sin alimentar a su vez los valores, tales como la compasión, sólo conducirá hacia la envidia, la tensión social y crímenes violentos; además de la fácil disponibilidad de armas. Muchos consideran que leyes más severas se harán cargo de estos problemas. Es sorprendente que la inter-conectividad y la vida compasiva casi no se enseña a los niños y a los jóvenes. Y sin embargo la gente se queja del  aumento de conflictos y violencia. La educación está diseñada para hacer que la gente piense que sólo cuenta el intelecto: saber cómo resolver problemas, cómo arreglárselas, cómo identificar una ventaja y alcanzarla. Pero las funciones del intelecto son insuficientes sin amor, amistad, compasión y empatía.
 
El intelecto es una herramienta del ego y observa todo desde el punto de vista de “¿Qué hay allí para mí?” Una de las causas de falta de compasión es que estamos condicionado para juzgar, evaluar y preguntar “¿qué hay allí para mí?” ¿Podemos trascender ese deseo psicológico para que la compasión pueda fluir sin dificultad? “¿Qué hay en el intelecto o la razón? Avanza unos pocos pasos y allí se detiene” dijo Swami Vivekananda.
 
Si no es templada por la compasión y la empatía, la razón puede conducir a hombres y mujeres hacia un vacío moral.   – Karen Armstrong.
 
Uno de los rostros humanos del ego es el egoísmo. Este aspecto del ego carece de cualquier capacitad de empatía, compasión, generosidad o amor; y lo peor de todo es que nunca jamás reconocerá lo que es sagrado. El despertar de la compasión requiere de la sublimación del ego.
 
No hay duda que la compasión es la sabiduría más elevada, pero para hacerla real y sustentable, debe estar enraizada en la realización de la verdad de la unidad del ser. Armonizar con la “unidad del ser” es el Yoga final. En ese sentido Cristo y Buddha fueron verdaderos yoguis y la personificación de la compasión. “El ´ser´ es igual en todos” dijo Ramana Maharshi. Todos los seres tienen una experiencia de “Yo soy” y es la misma en todos. Yo soy esto y tú eres aquello (identidad), es una superimposición que parece dar origen a la separación. La ilusión del sentido de separación y la total compasión no pueden coexistir. La compasión es comunión del espíritu con el espíritu, y al ser el espíritu el mismo en todos los seres, implica automáticamente la unidad del ser. En otras palabras, la compasión debe estar enraizada en el espíritu de la unidad. A la compasión no se la puede generar, enseñar, despertar o practicar en soledad. Muchos pueden preguntar: “Cómo se despierta la compasión?” Pero el “cómo” implica un proceso que funciona principalmente al cambiar algo que está hecho de materia. En el contexto espiritual es la realización más que el proceso que produce una transformación esencial.
 
Para concluir, reflexionemos en las palabras de Samdong Rinpoche:
 
Deberíamos ser conscientes de la miseria existente en el mundo en general y de todos los seres humanos en particular. ¡Sean conscientes y siéntanlos! Al sentirlos, desarrollarán un bondadoso amor y compasión hacia todos los seres vivos, y en la medida en que la compasión se desenvuelva dentro de ustedes, vuestra ilusión del yo disminuirá. Estas dos cualidades de compasión y bondadoso amor en una persona indican que está comenzando a desarrollar la espiritualidad. Tal vez al principio las expresará de modo limitado, pero luego abarcará todo el universo. El poder de la compasión y la sabiduría son mucho más fuertes que el poder de la ignorancia y el odio. Al ser esto así, deberíamos llenar nuestras mentes de compasión, bondadoso amor y sabiduría, e irradiarlos hacia todos los seres vivos, junto con un fuerte deseo por su felicidad. Nunca olviden enviar la fuerza del bondadoso amor hacia todos los seres vivos.

sábado, 8 de noviembre de 2014

En el mundo pero no del mundo


Mary Anderson

Algunas veces podemos escuchar la expresión: “En el mundo pero no del mundo”, y podemos preguntarnos “¿Cuál es la diferencia?”
 
La diferencia yace en dos pequeñas palabras, en sólo dos preposiciones: “en” y “del”, ¡pero hay una gran diferencia! Consideremos estas preposiciones. “En” implica lugar o locación. Algo o alguien puede estar en algún lado, temporal o permanentemente. En un sentido, es un término neutral, incoloro, desapasionado. Pero “del” implica posesión, pertenencia. No es neutral, hasta  tiene una connotación apasionada. Aún un pequeño niño puede decir “mis juguetes”, “mi osito de peluche”, “mi muñeca” y defenderlos como sus posesiones.
 
Cuando decimos “en el mundo” y “del mundo”, ¿Qué significa “el mundo”? La preposición, estar “en” o ser “del”, cambia el significado de “el mundo”. “En el mundo” implica estar situado en el mundo físico, el mundo de la materia. Esto no es despectivo. No olvidemos que la materia es tan divina como el espíritu y no debe ser menospreciada, como es o fue hecho por varias tradiciones ascéticas que decían o dicen “el mundo, la carne y el demonio”, como algo a ser condenado y eludido. “Del mundo”, por el otro lado, implica la identificación con ciertos valores conocidos como “mundanos”, no queriendo decir material, sino más bien materialista. Por lo tanto, en el caso de “del mundo”, se presenta una connotación posesiva, emocional. De la misma manera, decimos “sabiduría mundana”, que no es sabiduría en el más profundo sentido sino más bien significa habilidades para encontrar el mejor camino, a menudo un camino cruel, de conseguir lo que uno quiere, de lograr los objetivos, sean materiales o sean lo que ellos imaginan como “espirituales”.
 
Alguien que aspira a la espiritualidad puede sentir que el primer paso es huir del mundo y sus tentaciones, retirarse, volverse un ermitaño, vivir fuera del mundo. Pero tal persona puede ser todavía “del mundo”, asaltada por tentaciones en la soledad aún más que cuando él o ella estaban en el mundo, porque ser “del mundo” es un estado de mente y no sólo un lugar. A veces puede ser sabio huir de las cosas externas, circunstancias externas. Por ejemplo, alguien que está superando el alcoholismo debería evitar frecuentar bares. Pero en definitiva no podemos huir de nosotros mismos.
 
Ciertamente hubo ermitaños que fueron santos genuinos y tal vez todavía existen quienes son verdaderamente santos. No pienso que por evitar ciertos ambientes, buscar la soledad, deberían ser censurados. Podemos estar en soledad y aún internamente cerca de otros, en solidaridad con ellos, y por lo tanto no estar solos. Es una cuestión de temperamento, de nuestro dharma personal, al menos en esta vida, ya sea que permanezcamos en el mundo o busquemos la soledad. Los monjes y las monjas o los ermitaños pueden meditar en soledad, pueden orar por los demás y pueden dar ayuda e impulsos o formas de pensamiento de sanación que contribuyan a cambiar el mundo. Recuerdo un poema de una teósofa norteamericana en el cual ella describe a una joven que da vueltas por el mundo haciendo el bien activamente. Ella tiene una amiga que es una monja y que también hace el bien a su manera:
 
Sus pensamientos volaban hacia su amiga a través
De la montaña, temblando en su áspero habito
Mientras está sentada en meditación junto
A la fuente del convento.
 
Sólo yo sé la razón de por qué ella hizo eso,
Aislada con Dios. Su amante reñía con ella, y sus amigos
Y familia decían: “¡Tiene miedo a la vida! Ella está más loca que una cabra. ¡Sería mejor para ella estar muerta! Ella sabía qué debía hacer en los próximos sombríos años.
 
En un mundo dedicado a la acción, esclavizado a la maquinaria por los sumos sacerdotes de las cosas, sólo unos pocos podían conocer la clamorosa necesidad de reservas espirituales. Ella llevará cada vez más peticiones al Trono mientras su vida dure. Por mi parte andaré por todo el mundo, y donde vaya, lanzaré mi amor a los cuatro vientos. No sabremos dónde caerá la semilla, o en qué surco podremos sembrar.
 
Nuestra única esperanza es prender similares lámparas dónde y cuando podamos, y confiar que quizás una pueda ser una estrella brillante en la jungla, que ilumine al hombre, que lucha de regreso al lugar de donde comenzó, buscando el mapa del Paraíso, extraviado apenas comienza su peregrinar. Unos pocos deben orar y unos pocos entregarse a planear para las grandes multitudes. Unos pocos deben servir como lámparas en el sombrío claro de bosque.
 
Evitar el mundo no debería ser una forma de escape. En ningún caso podemos escapar de nosotros mismos.
 
En la otra punta de la escala, desde el ermitaño que huye del mundo para no ser del mundo o aquel que genuinamente no es del mundo, tenemos al Avatāra, el Bodhisattva o el Mesías, que ya no es más del mundo, que está internamente libre, pero que está en el mundo, que limita su libertad pero lo hace sólo externamente, para ayudar y servir a los demás, para que ser un faro para ellos. Aún los más grandes instructores espirituales, sin necesariamente ser Avatāra-s, Bodhisattva-s o Mesías, pueden dar a menudo consejos en las cuestiones prácticas cotidianas. Ramakrishna, Ramana Maharshi y Krishnamurti hicieron esto con frecuencia. Estos personajes no están enceguecidos por las consideraciones personales, como lo estamos la mayoría de nosotros ya sea conciente o inconcientemente. Sus ojos son únicos y sus cuerpos llenos de luz.
 
No tenemos que tener miedo de permanecer en el mundo. No sólo la verdadera sabiduría nos capacita para actuar sabiamente, para practicar Karma Yoga como destreza en la acción. Sino que, viceversa, vivir una buena vida abre el camino a la Sabiduría. Se ha dicho: “Vive la vida y alcanzarás la Sabiduría.” Aldous Huxley lo expresó de este modo:
 
La naturaleza de la Realidad Una es tal que no puede ser directa e inmediatamente aprehendida excepto por aquellos que han elegido cumplir ciertas condiciones, haciéndose a sí mismos bondadosos, puros de corazón, y puros en espíritu. (La Filosofía Perenne, p.2)
 
No sólo actuamos físicamente. Todas nuestras acciones físicas están acompañadas por pensamientos, sentimientos y motivos, que también son acciones.
 
El verdadero artista trabaja en la materia física, creando gran belleza: edificios, estatuas, pinturas, los movimientos de la danza, poemas, sinfonías, etc. Él o ella trabajan en el mundo de la materia. Viven en el mundo, pero sus más grandes obras se logran con el olvido del yo. Entonces ese artista no es “del” mundo. Pero cualquier trabajo físico puede ser arte, aún arte que no es de este mundo. El trabajo considerado monótono puede ser creativo. El trabajador que hace agujeros en la ruta, sólo para rellenarlos luego, el obrero de la fábrica ocupado en su línea de ensamblaje, la ama de casa o la doméstica, limpiando, sacando el polvo, lavando, fregando platos, todos ellos pueden ser artistas en este sentido.
 
¡Es tanto lo que depende de nuestra actitud! El poeta George Herbert escribió:
 
¿Un sirviente con una oración convierte en divino su trabajo pesado?
Quién barre una habitación, como para tu ley,
Lo hace divino y la acción bien hecha.
Ésta es la famosa piedra que convierte todo en oro.
 
No es en vano que los monjes Zen, por ejemplo, disfrutan al ocuparse en trabajos físicos. Hay una frase que se aplica en algunas ordenes monásticas cristianas: “Laborare est orare” – “trabajar es orar”. En A los Pies del Maestro, leemos: “Piensa cómo harías tu trabajo si supieras que el Maestro vendrá de pronto a verlo.”
 
Podemos hacer las cosas por amor a Dios o a alguien querido, o por amor a lo que hacemos o simplemente por amor. Lo principal es que nos olvidemos de nosotros mismos. Entonces podemos realmente estar concientes de lo que estamos haciendo. Entonces no somos “del mundo” aunque estemos ciertamente “en el mundo”. SOMOS el mundo.
 
Quien está activo en hacer el bien en el mundo puede ser personificado como un luchador, como era Annie Besant, o como un caballero. El caballero en la Europa medieval tenía un código de caballería, de hidalguía, probablemente parecido al del Kshatriya: mantener la justicia, derrotar a los opresores, lo injusto y lo malo, defender al débil, especialmente las mujeres que son ahora como en ese entonces, las víctimas de la injusticia y la crueldad.
 
Pero se puede dar un significado más profundo a esto, como en el caso de Arjuna en el Bhagavadgitā. Los enemigos, los crueles opresores derrotados por el caballero pueden muy bien referirse no sólo a los enemigos externos sino a los internos, es decir, a su propia debilidad, a los rasgos negativos de carácter, a la cobardía, la injusticia y el egoísmo.
 
Lo espiritual no es lo mundanal. Uno no puede actuar en los reinos del espíritu de acuerdo a los términos mundanos. Como Krishnamurti ha dicho: “Si tú quieres alcanzar la otra orilla, no debemos comenzar desde esta orilla, sino que debes comenzar desde la otra orilla.” ¿Cómo puede suceder esto si todo lo que conocemos es esta  orilla? Quizás olvidando esta orilla, por el olvido del yo, por no esperar nada, por estar abierto a todo lo que pueda venir. Si hemos de cruzar la corriente, no ser más del mundo, ¿no debemos dejar atrás, de todo corazón, todo lo que conocemos, lo que poseemos? – como Cristo le replicó al joven rico que buscaba el Reino de los Cielos y que ya había cumplimentado las condiciones de una vida buena, diciendo que él siempre había cumplido los mandamientos. Pero esto no era suficiente. Se le dijo que vendiera todo lo que tuviera y diera las ganancias a los pobres. Pero él no podía hacer eso “porque era muy rico”, quizás no sólo rico en cosas materiales sino también en conocimiento, en popularidad, en auto-estima.
 
Como ejemplos de aquellos que están realmente en el mundo pero que no son del mundo, podemos citar al Avatāra, el Bodhisattva, el Mesías. Estos son seres que han evolucionado más allá de la etapa humana, pero que tienen compasión por aquellos que aún están en las etapas humanas o sub-humanas, permanecen en estrecho contacto con el mundo o incluso regresan a reencarnarse en él.
 
Citando a la Dra. Besant, la tradición hindú habla de los Avatarā-s como:
 
. . . lo más sagrado de lo sagrado, aquellas manifestaciones de Dios en el mundo en que él se muestra a sí mismo como divino, viene a ayudar al mundo que él ha hecho, brilla en su naturaleza esencial, la forma es sólo una delgada lámina que apenas vela la divinidad de nuestros ojos. (Avatarā-s, p.2)
 
Se ha dicho que ha habido nueve Avatāra-s, los primeros cuatro se dice aparecieron en forma animal. Los más conocidos de los Avatāra-s humanos fueron el Rey Rāma y Sri Krishna, aunque el Señor Buddha es también considerado como un Avatāra, el noveno. En el Bhagavadgitā, Sri Krishna declara cuál es la función de un Avatāra:
 
Cada vez que decae la rectitud … y se exalta lo incorrecto, entonces Yo mismo vengo. Para proteger al bueno, para la destrucción de los que actúan mal, por el bien del establecimiento firme de la rectitud, Yo nazco de tiempo en tiempo. (IV. 7-8)
 
Rāma fue el rey perfecto, dio ejemplo de un reinado ideal al ser puro, justo y fuerte. El Señor Krishna fue y es reverenciado como el travieso pero adorable niño de su madre adoptiva, quien mató los demonios que atemorizaban a los aldeanos, el irresistible amante de las almas de las Gopi-s, el encantador flautista, el guía, filósofo y amigo del guerrero Arjuna, a quién Él se le revela como la encarnación del Señor del Universo.
 
Como está indicado en las palabras de Sri Krishna, los Avatāra-s encarnan cuando hay necesidad de reforma. Se dice que Sri Krishna tenía una lección para los Kshatriya-s. Similarmente, el Señor Buddha tiene una lección para los Brāhmana-s que le dieron más importancia a la forma, a la letra de la ley que a su espíritu, y olvidaron la necesidad de compasión hacia todos los seres. Buddha, como Cristo, se dice, no vinieron a traer una nueva religión sino a reformar una religión existente, pero con el pasar del tiempo se desarrolló una nueva religión en ambos casos.
 
En el Budismo del Norte, el Bodhisattva es reverenciado como una clase de Avatāra, quien ha alcanzado el umbral del Nirvāna pero rehúsa entrar a la bienaventuranza del Nirvāna hasta que todas las criaturas vivientes estén también listas para entrar en él. Los Bodhisattva-s permanecen en el mundo aunque ellos no son del mundo. La promesa de Kwan-Yin expresa esto:
 
Nunca buscaré o recibiré la salvación privada o individual; nunca entraré a la paz final sola; sino que para siempre y en todos lados viviré y me esforzaré por la redención de todas las criaturas en todo el mundo.
 
Estar en el mundo no significa en el caso de un Bodhisattva, que él o ella es nuestro vecino de al lado o que podemos encontrarlo en la calle. Un Bodhisattva puede en realidad estar entre nosotros y puede ayudarnos pero no será reconocible a menos para aquellos que tienen “ojos para ver”. Pero su ayuda está siempre presente. Para citar a Madame Blavatsky en La Voz del Silencio:
 
Condenado por ti mismo a vivir durante los venideros Kalpa-s, inadvertido para el hombre y sin que te lo agradezcan; incrustado a guisa de piedra entre las otras innumerables piedras que forman el “Muro protector”, tal es tu porvenir … Construido por las manos de numerosos Maestros de Compasión, levantado con sus tormentos, cimentado con su sangre, (ese muro protector) protege a la humanidad desde que el hombre es hombre, protegiéndola contra nuevas miserias y sufrimientos mucho mayores. (293)
 
En el judaísmo y en el cristianismo tenemos el concepto del Mesías. Muchos judíos ortodoxos esperan la venida del Mesías. La mayoría de los cristianos creen que el Mesías fue Jesucristo en su encarnación en Palestina al comienzo de la era cristiana, y algunas sectas cristianas esperan su retorno día tras día. Una joven que yo sabía pertenecía a una de esas sectas, según parece desde el departamento de su familia a cualquier hora del día o de la noche se escucha en alta voz, “¡Jesús está viniendo!”
 
En años recientes se han analizado descubrimientos interesantes respecto al origen del cristianismo, que revelan que la visión tradicional es algo así como un “encubrimiento”.
En la tradición judía a veces se mencionan dos Mesías: un Mesías regio, descendiente del Rey David y un Mesías sacerdotal, descendiente de Aaron, el primer Sacerdote. Se sugiere a veces que los dos roles pueden ser ocupados  por la misma persona. Se los ve como dos columnas unidas por un arco, lo que significa Shalom o paz, quizás “la paz de Dios que sobrepasa el entendimiento”. Estas dos columnas se reflejaron y deformaron en la situación posterior en Europa, donde el Emperador gobernaba sobre el llamado “Santo Imperio Romano”, y representaba el poder secular, y el Papa representaba el poder espiritual. Pero idealmente este concepto corresponde al ideal Hindú y Budista del Chakravartin y el Buddha.
 
Para citar a Heinrich Zimmer en Filosofías de la India:
 
Existe una antigua idea mítica, un idílico sueño compensatorio, nacido del anhelo de estabilidad y paz, que representa a un imperio mundial, universal de tranquilidad constante a cargo de un monarca virtuoso y justo, el Chakravartin … quién pondría un final a la perpetua lucha de los estados contenciosos. 8p.128)
 
De acuerdo a la concepción budista, el monarca Universal es la contraparte secular de Buddha, el “Iluminado”, quién se dice él mismo “puso en movimiento la rueda de la doctrina sagrada” … Su rueda, el dharma budista, no está reservada para las castas privilegiadas … sino que es para todo el universo, una doctrina de liberación con el propósito de traer paz a todos los seres vivientes sin excepción. (pp. 129-30)
 
El monarca mundial hindú, pacifica la humanidad al incorporar bajo su exclusiva soberanía a todos los reinos – el “gran rey” … “rey sobre reyes”, tiene que ser proclamado igual en rango a aquellos buddhas salvadores del mundo, quienes, a través de sus doctrinas, ponen  en movimiento la rueda. (p.135)
 
El sol, la luz y vida del mundo brilla sobre todos igualmente, sin distinción, así también brilla el verdadero Chakravartin. (p.136)
 
 
¿Cuánto tiempo tendremos que esperar para un monarca así,  por un Buddha asi? Quizás hasta la próxima Edad Dorada, que sin dudas no está a la vuelta de la esquina. Mientras tanto, quizás, depende de nosotros estar en el mundo sin ser del mundo. Entonces el mundo estará listo a su debido tiempo. ☼
 
 
 
 
La liberación del sentido de posesión, ya sea con respecto a las cosas, personas, el propio país, raza o religión o aún las propias virtudes reales o imaginadas, exige una comprensión madura. Tal libertad hace la vida más simple, sin superficialidades y racional, de una manera que manifiesta la verdadera belleza y naturaleza del Espíritu interior.
N. Sri Ram