domingo, 20 de julio de 2014

El llamado de Dharma




                                          B. SANDHYA RANI

 Intentemos comprender qué es el “Deber”. Según el diccionario “deber” significa responsabilidad, obligación, lo que tenemos que hacer, tarea asumida, función.

   Luego tratemos de comprender qué representa el Dharma. Según el diccionario es la Ley Eterna del cosmos inherente en la naturaleza misma de las cosas. En el antiguo Egipto la palabra significó Religión, en Persia simbolizó la Pureza, en Caldea era Ciencia, en Grecia expresó Belleza, en Roma manifestó la Ley, y en India era la palabra Dharma. Dharma significa sintetizar el todo en uno. Este es el significado de la palabra Dharma para todo el mundo.

   Karma y Dharma son los dos lados de una misma moneda. Debemos llevar a cabo nuestro Karma a fin de establecer el Dharma. Dharma es la nota clave de toda la raza Arya. Esa nota clave fue dada por el Espíritu Planetario de la tierra. El Dharma está desde el principio al fin del kalpa de la raza Arya. Por lo tanto, este Dharma debería regir nuestra vida como Verdad: satyân nasty paro dharmah, que significa: “No hay Religión más elevada que la Verdad”, que es el reflejo de la Verdad en nuestra vida diaria, conducta y todo eso; si seguimos el sendero de la Verdad, debería estar en consonancia con la Verdad. El deber y dharma no son diferentes. No deberíamos separar el dharma, del deber. Dharma significa deber. Dharma manifiesta deber, y la actividad es Amor.

   La evolución se produce de dos formas, descendiendo y ascendiendo. La separación es la característica del descenso en la materia, y la unión es la marca del ascenso al Espíritu; en otras palabras, pravrtti y nivrtti.

   Actualmente, en la evolución, hemos avanzado de la etapa animal a la del ser humano; de la etapa humana debemos avanzar más para alcanzar la fase super-humana. Este es el propósito o meta en nuestra etapa actual en la vida. Por lo tanto debemos seguir el sendero de nivrtti para alcanzar el objetivo.

   En el sendero nivrtti, el Deber es diferente en cada alma, según el nivel de evolución y Karma. El deber del salvaje no es igual al del hombre culto y desarrollado, el deber del Maestro no es el del rey, el deber del mercader no es el del guerrero, pero el principio siempre es el mismo y es progresivo. En uno de sus libros, la Dra. Annie Besant dice: “Asume las obligaciones que sientas razonable para ti”. Debemos desempeñar el deber sin ningún orgullo o esperando recompensa. Debemos cumplir con nuestro propio deber sin interferir con el de otros seres.

   En La Clave de la Teosofía, HPT expresa:



Deber es lo que se debe a la Humanidad, a nuestros semejantes, vecinos, familia y, especialmente, el que tenemos hacia todos aquellos que son más pobres y más desamparados que nosotros. Esto es una deuda que si dejamos de pagarla durante la vida, nos convertirá en insolventes espiritualmente, y nos llevará a la bancarrota moral en nuestra siguiente encarnación.



   Todos sabemos que no somos este cuerpo físico solamente; somos Alma, parte de Dios, donde la Conciencia Superior se debe manifestar a sí misma en todo su poder.

   En A los Pies del Maestro se dice: “Cualquier hombre rico puede alimentar el cuerpo, pero sólo quienes saben, pueden alimentar el alma. Si tú sabes, es tu deber ayudar a otros a saber. Lo realmente importante es que los hombres conozcan el plan Divino. Porque Dios tiene un plan, y ese plan es la Evolución. Una vez que el hombre realmente lo reconoce, no puede sino identificarse con sus designios y trabajar de acuerdo con él, porque es tan glorioso como bello. Así conociéndolo, permanece al lado de Dios, firme para el bien y resistente contra el mal, trabajando para la evolución y no por egoísmo”.

   La ley del Deber es la primera verdad que todos nosotros tenemos que obedecer, si deseamos elevarnos a la vida espiritual. A todos los que contactamos les debemos algo, el deber de reverenciar y obedecer a quienes son superiores y están sobre nosotros; el deber de ser amable, afectuoso y útil con quienes están cerca de nosotros y a nuestro propio nivel; el deber de protección, bondad, servicio y compasión con quienes están en un nivel inferior al nuestro. Estos son deberes universales y ninguno de nosotros debería fallar, por lo menos en el intento de llevarlos a cabo. Sin cumplirlos no habrá una vida espiritual para nosotros.

    Luego surge la pregunta: ¿Qué es espiritual? Es la vida de la Conciencia que reconoce la Unidad, que ve el Yo en todo y todo en el Yo. H. P. Blavatsky expresa que “la ley fundamental en la Ciencia Oculta es la Unidad radical de la esencia última de cada parte constituyente de los compuestos en la Naturaleza, desde una estrella a un átomo mineral, del Dhyan Chohan más elevado, al organismo más diminuto”.

   Para vernos en todo y todo en el yo, existe un camino. Es el del SERVICIO. El Dharma no es sólo un código de conducta, es la obediencia voluntaria a nuestro Yo Superior. No importa en qué lugar nacen las almas, cuando han pasado por las primeras etapas, luego su naturaleza interna exige la disciplina del servicio, y lo que debería aprender por medio del servicio para alcanzar las cualidades necesarias para la próxima etapa. Cuanto más servimos más sabios nos volvemos porque la sabiduría no se aprende por medio del estudio sino viviendo.

   En A los Pies del Maestro se afirma: “El intenso deseo de servir ha de llegar al máximo, hasta el punto de estar siempre a la mira para aplicarlo alrededor de vosotros, no tan sólo a las personas sino a los animales y a las plantas. Debéis prestar vuestro servicio hasta en las pequeñas cosas de la vida diaria de modo que se establezca el hábito de servir. Pues si deseáis llegar a ser uno con Dios, que no sea para vuestro propio beneficio, sino para convertiros en canal por donde fluya Su amor para alcanzar a vuestros semejantes”.

   En esta obra también se afirma: “Quien está en el Sendero, no existe para sí mismo, sino para los demás, se ha olvidado de sí mismo (no existe el yo o el egoísmo) para poder servirlos. Es como una pluma en la mano de Dios por la que fluye Su pensamiento y tiene expresión aquí abajo, lo que no podría suceder sin ella. Es a manera de un canal de fuego viviente que derrama sobre el mundo el divino Amor que llena su corazón”.

   Según la tradición Hindú, se deben realizar cinco tipos de sacrificio cada día:

1.      Sacrificio a los Veda-s, a los Rshi-s, a Brahman: Brahma Yajña, Enseñanza (Estudio); cultivar la inteligencia y compartir el conocimiento con otros es un deber que todo hombre le debe al Supremo.

2.      Sacrificio a los Deva-s: Deva Yajña, Homa: verter ghee sobre el fuego (cuidar la Naturaleza).

3.      Sacrificio a los Pitr-s: Pitr Yajña Tarpana, ofrecer agua (bienestar y cuidado a los padres).

4.      Sacrificio a Bhuta-s: Bhuta Yajña-bali (alimento), deber hacia nuestros hermanos menores.

5.      Sacrificio al Hombre: Manusya Yajña, hospitalidad y servicio a la humanidad.

   Al cumplir con nuestro deber hacia nuestra familia, debería ser de acuerdo con el Dharma, según la Verdad. El Maestro dice que si tú quieres cumplir tu deber con tu familia, debes sacrificar diariamente lo que no sea Dharma. Para sacrificarnos a Dios, debemos alcanzar la perfección, siguiendo nuestro propio Dharma al desenvolver la semilla de la vida divina interna.

   Este deber se debería desempeñar no sólo hacia nuestra familia con un espíritu de Auto-sacrificio. Es la conquista diaria del yo. Aquí “yo” significa lo que nos separa de la verdadera naturaleza. “Yo” es Âtmâ, para realizar este Yo con mayúscula debemos sacrificar el “yo”, el pequeño yo. Todo lo que hemos acumulado en cada encarnación, se interpondrá en el camino para comprender la Verdad. Esto se llama auto-sacrificio. Debemos sacrificar la actitud que tenemos hacia el reino inferior, actitudes negativas tales como prejuicio, pasión, crueldad, etc., y desarrollar actitudes positivas como caridad, justicia, tolerancia, bondad, generosidad, compasión, etc., de modo que nunca nos equivoquemos al ayudar a nuestros Hermanos.

   Si cumplimos con nuestro deber hacia los deva-s invisibles, entonces los Deva-s que son la encarnación de la Divinidad nos ayudarán. Comparados con la humanidad, ellos han avanzado más que nosotros en términos de evolución: Nuestra actitud hacia ellos debería ser de reverencia. Reverenciar la naturaleza superior de la que ellos han evolucionado. Cuando los reverenciamos y les mostramos nuestro respeto y consideración, ellos nos bendicen y por medio de nosotros, a todo el universo. Existe un flujo libre de vida psíquica y espiritual. El Deber y Dharma se han unido.

   El Dharma es la naturaleza interna que alcanzó en cada hombre cierta etapa de desarrollo y desenvolvimiento. Es esta naturaleza interna que moldea la vida externa, que se expresa por medio de pensamientos, palabras y acciones, la naturaleza interna que nace en un ambiente adecuado para su crecimiento. Dharma no es algo externo como la ley, la religión o la justicia. Es la Ley de la vida que se desenvuelve, la que moldea todo lo que está fuera de ella para su misma expresión.

   El Dharma es el mismo para todos los que están en la misma etapa de evolución y en las mismas circunstancias, y existe cierto Dharma común a todos. A su vez, el Dharma de un individuo es diferente del Dharma de otro. Lo que es correcto para uno, puede ser malo para otro. Por lo tanto, es mejor nuestro propio Dharma ¡que el Dharma de otro!

   Después de alcanzar esta etapa, nuestra actitud hacia la vida cambia. Siempre que una persona llegue a nuestro círculo, dejará el anterior volviéndose mejor. (Por ejemplo: un hombre ignorante tendrá más conocimiento; una persona que sufre se sentirá mejor; un indefenso se fortalecerá). Nos volveremos una fuente de sosiego y de paz, de modo que todos puedan caminar con más seguridad cuando lleguen dentro del círculo de nuestra influencia, porque el hombre no tiene una existencia individual separada sino que está interrelacionado e interconectado y es interdependiente. Seamos cuidadosos para que el mundo pueda ser más puro, mejor, más feliz, por el hecho de que nosotros vivamos en él. Podemos juzgar nuestra espiritualidad por nuestro efecto en el mundo. Estamos aquí para ayudarnos, amarnos y elevarnos mutuamente. Al producir este tipo de Karma, podemos establecer en el mundo el Dharma dado a la India por la raza Arya.

domingo, 13 de julio de 2014

El mundo es la extensión del Yo






 MARY ANDERSON

 La Sa. Mary Anderson ha sido Vice-Presidenta internacional de la Sociedad Teosófica y ha disertado ampliamente en varios idiomas.

 ¿Qué queremos significar cuando decimos ‘yo mismo’?

   ‘Yo mismo’ es un pronombre reflexivo. Hace referencia nuevamente al sujeto, por ejemplo, a ‘mí`. Refleja el sujeto como cuando decimos “Me veo a mí mismo en el espejo” o “un hombre auto-forjado”, queriendo decir alguien que se hizo a sí mismo y que debe su situación, su fortuna, etc., a sí mismo, a sus propios esfuerzos. Las palabras ‘yo mismo’ también pueden enfatizar el sujeto, como cuando decimos “Sólo tú mismo puedes hacerlo” o “yo mismo lo vi”. Si somos algo, somos ‘nosotros mismos’. Cuando nos sentimos de mal humor, tal vez decimos “Hoy no soy yo mismo”.

   Pero ‘yo mismo’ puede tener diferentes significados. Si nos miramos en el espejo, decimos “Me veo en el espejo”, pero lo que vemos es un cuerpo físico. Si tenemos hambre, frío o dolor, o estamos cómodos, describimos lo que llamamos yo como hambriento, con frío, con dolor o cómodo. Pero en tales casos, ¿no es el cuerpo el que tiene estas sensaciones?

   Podemos observarnos de muchas otras formas. Si estamos felices o tristes, sentimos que somos nosotros mismos los que estamos felices o tristes. Y, si hemos solucionado un problema decimos: “Yo mismo encontré la solución”, y pensamos cuán inteligente ese yo es. Pero en momentos de inspiración, tal vez escuchando música o disfrutando la paz de la naturaleza, o sintiendo afecto o devoción o en un estado de meditación, podemos sentirnos inspirados, y tener una visión más amplia de ese ‘yo’.

   Entonces, es a lo que nos referimos como el ‘yo’ siempre el mismo yo? Y si creemos en la reencarnación, podemos preguntarnos “¿Es el yo que reencarna, el mismo que en la última vida?

   Por lo tanto el ‘yo’ puede significar muchas cosas, especialmente cuando indagamos profundamente en una filosofía espiritual como la Teosofía. Por ello, a veces se ha adoptado el sistema de escribir la palabra ‘yo’ de tres modos diferentes: con minúscula, para referirnos a nuestro yo consciente diario; con ‘Y’ mayúscula, para referirnos al Yo espiritual, y todo en mayúsculas para referirnos al YO uno y divino.

   Consideremos el significado de cada uno por vez:

   Escrito en minúscula, el ‘yo’ se refiere a lo que se llama en términos teosóficos la personalidad, nuestro pequeño yo más o menos egoísta de cada día, y que consiste en nuestro cuerpo físico, la punta visible del témpano, y del que todo el resto es invisible, incluyendo la vitalidad del cuerpo físico y el vehículo de la vitalidad. Además está nuestra consciencia diaria, nuestra consciencia psíquica o psicológica, es decir, nuestros pensamientos cotidianos, combinados con nuestros sentimientos. Esto es lo que se conoce como kâma-manas en sánscrito, o la mente-deseo, la mente impura o egoísta, y también la mente llamada lógica. Todo esto, el cuerpo físico y nuestra naturaleza psicológica, constituye lo que se llama en términos teosóficos la personalidad. La palabra ‘personalidad’ procede del latín, ‘persona’, que es la máscara usada por los actores en el teatro romano clásico. La personalidad es ciertamente una máscara que usamos la mayor parte del tiempo. A veces, claro está, somos conscientes de que estamos usando una máscara. Esta máscara, sin embargo, dura sólo una encarnación, al igual que el actor en el teatro romano usaba su máscara durante su actuación. Nuestra encarnación es meramente una actuación, o es como la máscara provista para esa actuación. Pero nos identificamos con ella. Sin embargo, mañana o en la próxima vida, usaremos otra máscara que de algún modo es el hijo y por cierto el heredero de la máscara anterior.

   Este ‘yo’ es sólo un rayo del ‘Yo’, haciendo referencia al Yo Espiritual, que a veces en términos teosóficos denominamos Yo Superior, la Individualidad, el Ego Espiritual o el Alma, en sánscrito Buddhi-Manas. Es la mente espiritual, libre de deseos y sentimientos tempestuosos, la Mente Superior, la mente pura y generosa. Es también la sabiduría y el amor puro. Este Yo es generalmente inconsciente en nosotros. Permanece de encarnación en encarnación, tanto tiempo como estemos sujetos a encarnar. Cuando ya no lo estemos, se disuelve o regresa a su origen, al YO, como el río fluye hacia el océano del que es una gota, o como el rayo de luz regresa a su fuente.

   Ese océano o esa fuente de luz es el YO. Es Espíritu o, en sánscrito, âtmâ. No es ‘mi’ espíritu o ‘tu’ espíritu, sino que es universal y divino: âtmâ es brahman. Como el sol es el corazón del sistema solar, así es âtmâ que es brahman, el corazón no sólo de todos los seres humanos, sino también de todos los seres vivos, incluso de lo que consideramos materia muerta. Es lo Uno sin segundo, lo Uno que es el Todo. Es sat, el ser puro, lo que la Sra. Blavatsky llama no el Ser sino la Seidad. Es lo divino que mora en todo.

   Pero normalmente somos conscientes solamente al nivel de la personalidad, del ‘yo’. Sin embargo, no somos solamente esa personalidad. La dificultad es que hemos olvidado quiénes somos y, como un buen actor, nos identificamos con el rol que desempeñamos en esta vida. Nuestro ser real, nuestro Yo espiritual, y esencialmente ese YO divino son inconscientes dentro de nosotros.

   Si decimos que el mundo es la extensión del yo, ¿a qué ‘yo’ nos referimos? La frase se puede tomar como refiriéndose a los tres tipos de ‘yo’. Podemos decir que el mundo en el que vivimos es una prolongación del yo, del Yo y del YO. Tomemos cada una de estas interpretaciones por vez, y veamos cómo se aplican a nosotros mismos y al mundo, y cómo arrojan luz a nuestro concepto actual y a su posible solución.

   Comenzaremos con el YO en el sentido más elevado. Desde un punto de vista muy elevado y metafísico el mundo es la extensión del YO, refiriéndonos al Espíritu o âtmâ que es brahman. Las cosmogonías o relatos de la creación de diferentes civilizaciones y religiones, todas hacen referencia a algo similar:



Del UNO que es Espíritu, TAT, Brahman o lo Absoluto, emergió el dos, llamado de modos diferentes ‘cielo y tierra’ o ‘consciencia y materia’ o ‘padre y madre’. Tan pronto como surge el dos, aparece un tercero: la relación entre los dos. Debe haber una relación, porque proceden de la misma fuente. Esta relación a veces se la conoce como ‘Fohat’ o energía cósmica, otro término para Fohat es eros o amor. Otro relato habla de un niño que nace de padre y madre, y ese niño es el universo. Entonces, del uno surge el dos y del dos surge el tres o la Trinidad que encontramos en diferentes tradiciones religiosas. En algunas tradiciones el tres va seguido del siete y por medio de muchas etapas o jerarquías de este mundo de diez mil cosas, como la tradición china lo llama, surge este universo. En la Kabbala el relato del árbol de la vida, los diez Sefiroth se describen en la tradición mística del Zohar ‘no como los peldaños de una escalera entre Dios y el mundo, sino como varias etapas en la manifestación de la Divinidad que proceden de una y siguen en la otra’ (Gershom Scholem, Major Trends in Jewish Mysticism, p. 209).



   De modo que podemos decir que el mundo, ciertamente el universo, el cosmos, es la extensión del YO, con letras mayúsculas.

   Pero cuando decimos que el mundo es la extensión del ‘yo’, escrito en minúscula, podríamos decir que descendemos de lo sublime a lo ridículo, de lo trascendente a nuestro mundo cotidiano e imperfecto, de lo Real al mundo de Mâyâ.

   Y sin embargo, ¿no es también nuestro mundo como lo conocemos, real, o por lo menos relativamente real? ¿No debemos tomar ese mundo relativamente real, seriamente?



El Universo, con todo lo que hay en él, es llamado Mâyâ, porque todo en él es temporal … Sin embargo el Universo es lo suficientemente real para los seres conscientes que hay en él, que son tan irreales como es él mismo. (H. P. Blavatsky, La Doctrina Secreta, I,p.274)



   Cuando nos miramos a nosotros mismos y al mundo a nuestro alrededor, que nos parecen más reales que el mundo del YO con mayúsculas, ¿no percibimos que ese mundo es una extensión del yo escrito con minúsculas, es decir de la personalidad, el yo cotidiano, el yo egoísta de todos nosotros?

   Por todas partes observamos la presencia de los tres grandes males, flagelos de la humanidad y por lo tanto del mundo: la ignorancia, el deseo o la ambición, y el odio o la ira, simbolizados en el centro de la Rueda Tibetana de la Vida un tanto injustamente por tres animales: un cerdo negro que representa la ignorancia, un gallo rojo que representa el deseo o ambición, y una serpiente verde que representa el odio o la ira. Y acertadamente, se muerden la cola entre sí, dando a entender que están interconectados. Uno conduce al otro.

   La ignorancia nos impide ver lo nocivas que son ciertas actitudes, la maldad causada por ellas, y por tal ignorancia sucumbimos a la avaricia, que significa el deseo de acumular más y más; más posesiones, riqueza, conocimiento inútil, fama, el elogio de otros, poder, etc. Es el pequeño yo agrandándose a sí mismo, como el sapo de la fábula, que quiso ser más grande que un buey y finalmente se infló tanto que reventó! Tal vez ésta fue una buena lección. Un sapo no puede pretender ser grande como un buey. Un ser humano no puede pretender adquirir cada vez más. No le traerá felicidad y la mejor naturaleza del hombre se reprimirá y parecerá perecer en el intento.

   De la avaricia y el deseo surge el odio, odio hacia quienes no nos dan lo que queremos, y lo que queremos es cada vez más; odio por los que tienen lo que nosotros queremos poseer. Podemos pensar en otras maldiciones de la vida humana, tales como celos o temor. Tal vez la lista de estas tres, ignorancia, deseo y odio, no intenta ser exhaustiva, sino solamente ¡dar ejemplos de cómo nos hacemos a nosotros mismos y a otros miserables!

   La ignorancia combinada con la avaricia conduce a acciones estúpidas que destruyen nuestro ambiente. Si esta destrucción ocurre en otro continente, podemos sentir que no nos importa. Pero tarde o temprano tendrá un efecto sobre nosotros. Vivimos en un mundo. La contaminación en un continente, en un océano, se extiende por todo el mundo afectando por ejemplo el clima en todas partes. ¡Recuerden ‘el niño’! Las personas de países pobres, por desesperación, con hambre y sin empleo, tratan de emigrar a áreas más ricas y crean muchos problemas a los mismos países que ocasionaron su miseria. Estos problemas incluyen lucha racial, basada en el odio. El odio surge del sentimiento de que somos diferentes y mejores que otros, y este odio conduce a los celos, al temor y a la violencia.

   Podemos pensar que la ignorancia, el deseo y el odio son nuestros enemigos y por lo tanto son externos a nosotros, nos amenazan, pero no es así. Mientras seamos susceptibles a ellos, son parte de nosotros, son parte de nuestra consciencia. ¿Cuál es la solución?

   La solución yace en un mundo que es la extensión del Yo con ‘Y’ mayúscula, refiriéndonos al Yo Superior, nuestra naturaleza espiritual interna. Si el Yo Superior se expresa -ese Yo que encarna la sabiduría, la humildad y el amor- el mundo podrá reflejar o será una extensión de ese Yo y la sabiduría reemplazará la ignorancia; el deseo y la avaricia abrirán paso a la humildad, y el amor reemplazará al odio.

   El problema es: ¿Dónde comenzamos? El primer paso puede ser reconocer la situación de las cosas. Muchos libros y artículos se han escrito y se siguen escribiendo, mostrando abusos de varios tipos cometidos contra seres y países desprotegidos. Pero ¿se dirigen estos artículos y libros a la raíz del problema? ¿Cuál es la raíz del problema? ¿No es el yo en minúsculas, es decir lo que somos en nuestra naturaleza consciente actual? Si realmente podemos percibir esto, darnos cuenta de la fealdad de la ignorancia, avaricia y odio en nosotros, si podemos ver el daño que causan en nosotros y en otros, es el primer paso hacia su desaparición. Si, por otra parte, podemos ver la belleza de la verdadera sabiduría, humildad y afecto, podremos fortalecer estas cualidades en nosotros. Pero no debemos pensar en nosotros como exhibiendo esas cualidades o estaremos sujetos a orgullo espiritual. ¿Qué es lo que dificulta la expresión y extensión del Yo con ‘Y’ mayúscula, que es en sí mismo sabiduría, humildad y amor? Es el pequeño yo,  con minúscula. Sólo cuando el pequeño yo está en silencio, sólo cuando ya no está presente incluso momentáneamente, el otro Yo se puede expresar. La sabiduría, la humildad y el amor yacen en el auto-olvido, una felicidad infinita para nosotros y por extensión espontánea para todo el mundo. Sólo cuando más y más seres humanos se vuelvan generosos, altruistas y carentes del yo, el mundo se puede volver el reflejo del Yo con ‘Y’ mayúscula, el Yo Superior de la Humanidad, y por lo tanto reflejar su propio origen, su verdadera naturaleza, en el YO DIVINO en mayúsculas, en LO UNO que es nuestro origen y aunque remoto, nuestro destino, y nuestro verdadero ser.

   ¿Podremos ahora comprender mejor los versos siguientes en el Bhagavadgitâ? (VI.5-7)



Que eleve al yo mediante el YO, y que el yo no se deprima; pues en verdad, el YO es el amigo del yo, y asimismo, el YO es el enemigo del yo.



El YO es el amigo del yo de aquél en quien el yo es vencido por el YO, pero con respecto al yo no subyugado, en verdad el YO se torna hostil como un enemigo.



El Yo superior del AUTO-controlado y pacífico, es uniforme en el frío y el calor, en el goce y el dolor, igual que en el honor y el deshonor.

domingo, 6 de julio de 2014

La Teosofía tiene que popularizarse




 RADHA BURNIER
Estoy segura que muchos hemos oído la frase “La teosofía debe popularizarse”. Es una afirmación muy satisfactoria porque da origen a la idea de que para ser teósofo tienes que hacer buenas obras de algún tipo. Ni siquiera tienes que dedicarte a aprender nada. Si haces buenas obras estás demostrando que vives la Teosofía. Varias afirmaciones que encontramos en la literatura teosófica podrían utilizarse para apoyar este tipo de pensamiento. En las cartas de los Maestros de Sabiduría, más de una vez uno de los Maestros dice: queremos actos, no palabras. Y naturalmente tenemos el libro titulado Ocultismo Práctico de Madame Blavatsky y sin leerlo, con solo pensar en el título de la obra, todo nos lleva hacia esa misma idea. Por otra parte, en La Clave de la Teosofía, de HPB, encontramos afirmaciones que se hacen desde un punto de vista totalmente distinto, pero el capítulo en sí se titula “Teosofía Práctica” y hay subtítulos. Existe un capítulo que nos da instrucciones sobre cómo hacer buenas obras.

La quintaesencia del deber

Muchos misioneros cristianos o algunos misioneros hindúes que han intentado imitar a los misioneros cristianos se han dedicado a hacer lo que llamamos buenas obras. Y desde luego hacen muy buen trabajo. Recuerdo haber visitado, hace mucho tiempo, un centro para leprosos dirigido por unos misioneros y era maravilloso ver los cuidados que se les daba a los residentes, la preocupación que mostraban por su futuro, etc. Es decir que no estoy en contra de hacer buenas obras. Pero en este contexto deberíamos reflexionar sobre una oración que hay en La Clave de la Teosofía. HPB dice “La Teosofía es la quintaesencia del deber”. No dice que el deber sea la quintaesencia de la Teosofía. Hay una diferencia entre las dos frases: si se afirma que el deber es la quintaesencia de la Teosofía, parece que si cumples con tu deber, tal como tú lo entiendas, porque cada persona entiende las palabras según sus propios contenidos, si cumples con tu deber, eres un teósofo y no se necesita nada más.

 Pensemos un poco sobre esto, si uno cumple su deber de una forma insensata, la idea de lo que hay que hacer como deber tal vez no sea la correcta.  Algunas personas consideran, por ejemplo, que obligar a la gente a creer en el Corán o en la Biblia, es como enseñar al ignorante cuál es su deber. Pero realmente tal vez estén haciendo más mal que bien. Madame Blavatsky no acepta esta aseveración o no la utiliza, la de que el deber es la quintaesencia de la Teosofía. Dice que la Teosofía es la quintaesencia del deber. Ella nunca escribió de forma muy sistemática, pero si tomamos las oraciones relacionadas directamente la una con la otra, podemos comprender toda su forma de pensar y de instruir. Si aprendemos a ser verdaderos teósofos estaremos cumpliendo con nuestro deber todo el tiempo.

Dice que la mayoría de las panaceas en las que la gente cree para curar los males del mundo no tienen principios rectores detrás y por eso fracasan estrepitosamente. Podemos pensar en la política económica actual. Naturalmente hay argumentos a favor y en contra, pero muchas personas reflexivas señalan que puesto que no existe realmente ningún principio rector detrás de las políticas económicas, estas no solucionan los problemas económicos. Por otra parte, el abismo existente entre ricos y pobres aumenta continuamente. Como hemos mencionado más de una vez, en este mundo, donde hay mucha riqueza y producción, hay también millones de personas que mueren de hambre, y los ricos y los pobres no están unidos entre sí en sus corazones.

Resulta muy interesante encontrar afirmaciones de HPB que parecen poder aplicarse muy bien al mundo actual. Por ejemplo al dar cosas para beneficencia, si no sois teósofos y creéis que hay que ayudar, ayudar desde una nación o desde la comunidad europea, a África, a quien lo necesite, o de un individuo a otros, cuando no hay principios rectores, ella dice, gran parte del dinero se quedará en las manos de la gente que se supone que tiene que distribuirlo o entregarlo. Tenemos la imagen de que hay un debilitamiento de la moralidad, que tal vez puede haber un cambio en las condiciones. Quizás el mundo actual sea mucho más favorable para el hombre deshonesto, el violento, el ambicioso, etc. Proporciona la oportunidad para que todos estos vicios florezcan, debido al así llamado progreso. El progreso también da oportunidades al mal. Pero lo importante es que la naturaleza humana no cambia fácilmente.

Uno de los Maestros dijo que la mente humana no quiere cambiar y tampoco le gusta ver el tipo de cambio que produce un bienestar duradero incluso a nivel físico. Podéis creer que los países ricos están mejor, pero de hecho no es así. Existen tantos problemas y males que están aumentando en esos países. No es solamente en las manos de la gente más pobre o de clase media donde se queda pegado el dinero, parece pegarse también en las manos de gente que tiene sueldos altísimos. Porque la naturaleza humana es ambiciosa. Y HPB señala que todos estos males que vemos tienen su raíz en el carácter humano. Cuando vemos esto, reconocemos la necesidad absoluta que hay de ese cambio interno que producirá una manera externa de actuar y de relacionarse que sea evidentemente útil para los demás.

HPB señala que el deber no debería significar realizar acciones que sean satisfactorias para uno mismo. Cumplir nuestro deber puede hacernos sentir plenos, pero esa plenitud no es el motivo que debería hacer que cumplamos con nuestro deber. Es muy parecido a lo que dice el Bhagavadgitâ, que hay que cumplir el deber que necesita hacerse y realmente tiene que hacerse. Que os sintáis satisfechos o no, que recibáis apreciación o no, que la gente se de cuenta de lo que estáis haciendo o no, todo eso no tiene importancia alguna. El teósofo es alguien que cumple muchas veces con sus deberes sin que los  demás lo sepan. Es decir, le puede preocupar la situación de otra persona y hará lo que pueda por ayudarle sin que nadie sepa lo que está haciendo, ni se sentirá feliz porque otros digan “¡oh, qué generoso eres!” o algo parecido. Es alarmante, pero todo eso forma parte del sentido del deber.

De hecho el capítulo mismo es interesante porque no dice cómo se puede evitar el hambre en el mundo, ni cómo deberían regirse los orfanatos o nada parecido. Los subtítulos del capítulo son: Deber, Auto sacrificio, Caridad y la Relación de la ST con las Reformas Políticas.

Por eso, HPB pregunta ¿qué es el deber? Lo que dice es “un reconocimiento total de los derechos igualitarios”, eso es el deber, desde el punto de vista teosófico. Un verdadero teósofo estaría cumpliendo con su deber si reconociera derechos igualitarios, no simplemente para adquirir cosas o vivir con comodidad, sino el derecho a expresar una opinión, el derecho a vivir y crecer con dignidad, incluso el derecho a morir tal como uno quiera morir. Hemos de reconocer la igualdad en ese yo. Existe un tipo de igualdad que menciona el Bhagavadgitâ más de una vez.

Krishnaji lo dice de otra manera: respeto por todo o por todos, por cada criatura, por su vida, por su crecimiento, no sólo el crecimiento físico, sino cada criatura en su lenta forma de crecer hasta una conciencia más amplia, si podemos llamarlo así. Incluso la conciencia de las criaturas más pequeñas se está expandiendo.

Desde el punto de vista de los amplios procesos del mundo, o más bien del universo, lo que consideramos como el tiempo es algo muy engañoso. Como no vemos el crecimiento sin el sentido del tiempo, no podemos decir que no exista; todo crece y tiene derecho a crecer, algo que desgraciadamente somos incapaces de comprender. En este sentido, algunos buenos teósofos han trabajado en el campo de la reforma penal, porque cuando una persona comete un asesinato o hace algo terrible, el mundo piensa que merece un castigo. Cuanto peor es la acción, más duro debe ser el castigo. Si pensáis en términos de crecimiento, no es el castigo sino la educación para comprender la naturaleza global de la vida lo que hace falta.

Annie Besant al principio se preocupaba entre otras cosas por la reforma penal. Solían usar castigos en la antigüedad. Uno era poner una especie de sombrero metálico en el prisionero, podéis imaginar lo difícil que debía ser para esa persona dormir con eso en la cabeza. Hacían todo tipo de cosas parecidas. Pero castigar a alguien no le hace aprender. Puede enfadarse, sentir resentimientos, frustración, pero si detrás del trabajo de la reforma penal está la comprensión teosófica de que todo crece, aunque sea lentamente, crece de acuerdo con las leyes del universo y adquiere una sabiduría cada vez más grande, una perfección de todo tipo, tendría lugar el aprendizaje. El deber, como explica HPB, consiste en ayudar a los demás de esa manera, para que se conviertan en sus propios yoes, para ayudarles a tener un carácter distinto. Existen estos principios rectores que son necesarios para hallar una verdadera respuesta, una panacea para todos los males que uno tenga.

Principios teosóficos esenciales

¿Cómo podemos tener esos principios guía si no estudiamos los principios teosóficos? No es un tipo de ocupación mental, una actividad mental, sino que esos principios quedan impresos en nuestra conciencia. HPB a ese respecto escribió sobre el principio del karma: Hay que comprender que no hay escapatoria a las consecuencias de cualquier tipo de acción, que las consecuencias ocurrirán mañana, al final de esta vida o tal vez después de varias vidas, pero no pueden ignorarse. Si una persona entiende esto, entonces se la podría ayudar a comprender por sí misma la necesidad de cumplir con su deber. Eso significa pensar en el bienestar de todos los demás, no sólo en su propio bienestar. HPB dice también que la gente siente satisfacción cuando experimentan gozo y placer, pero estas satisfacciones duran poco y son limitadas. La satisfacción o plenitud duradera tiene lugar solamente cuando hacemos algo que está de acuerdo con nuestra propia naturaleza superior.

La teosofía, por consiguiente, implica ser cada vez más consciente de lo que es necesario desde el punto de vista espiritual, no simplemente los deseos de los seres humanos, o animales o la misma tierra, a nivel material. De hecho los dos están conectados muy íntimamente. Pero el enfoque de la persona que llamamos práctica, que trata lo material esperando que todo irá bien, está equivocado, porque el cambio tiene que venir de dentro y no de fuera. Esto no significa que los miembros de la Sociedad Teosófica sean indiferentes al sufrimiento físico, a la infelicidad extrema que existe en el mundo, significa que vemos las cosas en su proporción correcta y a menos que tenga lugar un cambio interno, el cambio externo no será adecuado y no durará. Todo esto está implícito en la afirmación: “La Teosofía es la quintaesencia de la virtud”. Cuanto más podamos captar los principios esenciales de la vida, más comprenderemos las leyes del universo y el motivo por el que tienen lugar varios procesos en la naturaleza, mejor será nuestra posición para ayudar verdaderamente como servidores de la humanidad.

(artículo basado en una de sus conferencias)

domingo, 29 de junio de 2014

Mi Karma soy yo

Desde la Atalaya



 RADHA BURNIER

 Mi Karma soy yo

   El Karma de todo lo que hacemos es parte de un Karma mayor que es el del mundo, como lo señala lo que se da a continuación; todo el proceso es uno. El Karma no es algo externo sino que es lo que nosotros mismos creamos. Por lo tanto, cada uno de nosotros debe hacer lo correcto desde un punto de vista mayor, como lo destacan las palabras del Sr. Jinarâjadâsa. El Karma que creamos no es una expresión de alguna fuerza o persona ajena a nosotros mismos. Por lo tanto, debemos tratar de hacer incluso en este momento lo que es correcto.

   Es una afirmación cierta que todo en la vida, lo que parece bueno como lo que no, es nuestra propia responsabilidad. Como todos los maestros nos dicen, cada uno de nosotros debe aprender el principio de Unidad. El pasaje incluido, escrito por el Hermano Jinarâjadâsa, enfatiza que debemos comprenderlo totalmente y vivirlo, que es la dificultad que enfrentamos. Todo parece estar afuera, que es ajeno a nosotros. Esta lección es difícil de aceptar incondicionalmente, pero debe ocurrir. Es una de las razones por la que el principio de Fraternidad se enseña en la Sociedad, y quien lo cumple avanza rápidamente. No sirve de nada decir que la otra persona se equivocó o que produce más daño que nosotros. Lo que se necesita es que todos nos demos cuenta del inmenso trabajo que debemos cumplir y la lección que tenemos que aprender. Esperamos que el siguiente pasaje no sea sólo para un momento de lectura, sino algo que se arraigue en el interior, crezca y subordine todo lo que sea menos importante.

   “Es para nosotros un axioma que lo Divino y el hombre son uno”. Pero también lo es, aunque poco comprendido, que el hombre y todo el proceso de evolución, en el que él es un integrante, también son uno. Normalmente, cuando el individuo siente la presión de la evolución, está preparado para considerar ese proceso como algo impuesto sobre él desde el exterior. Por lo tanto es natural que sienta que todas las dificultades de la vida tales como mala salud, pobreza, limitaciones de todo tipo, son los ajustes de su Karma arreglados para él, por los Señores del Karma, para ayudar a su crecimiento. Eso es perfectamente verdadero. Pero la verdad más profunda es que todos esos arreglos son realmente las operaciones de su propia voluntad. Se debe dar cuenta que, de alguna manera misteriosa, los ajustes de los Señores del Karma son ajustes hechos por él mismo, y decretados por su propia voluntad. Cada hecho que le sucede, particularmente los de carácter doloroso, debe ser reconocido por él, no sólo como el resultado de su propio Karma y por lo tanto como decretado por él, sino más aún como una expresión de su propio yo. “Mi padre y yo somos uno” no debe permanecer meramente como un intelectualismo, porque la Unidad existe no sólo en el reino del Espíritu, sino también en el de la materia.

   Se afirma en Luz en el Sendero, “Ningún hombre es tu enemigo, ningún hombre es tu amigo. Todos son igualmente tus instructores.” Pero estos instructores, tanto amigos como enemigos son él mismo; y en realidad es él, quien se enseña a sí mismo los principios de la Unidad, por intermedio de ellos. El primer vislumbre de la verdadera percepción de toda la existencia viene cuando lo “externo” y lo “interno” se perciben como los dos lados de un medallón, siempre inseparables en una unidad, aunque cada uno se pueda observar por separado.

   Existe un bello ejemplo de esta verdad en el relato de un yogui hindú que vivió en la época del Motín Indo. Su meditación constante fue por supuesto percibir la Unidad o Dios. Un día estaba meditando en cierto lugar, y en su proximidad estaban ocurriendo los violentos hechos del motín. Los soldados británicos que peleaban con los rebeldes tropezaron con este santo, pero no se dieron cuenta que era un santo; él trataba de comprender la naturaleza de Dios, no era un rebelde. La historia relata que uno de los soldados corrió hacia él y lo mató con la bayoneta. Pero mientras el soldado corría hacia él, el yogui lo miró serenamente y se dijo a sí mismo “Incluso  tú eres Él.” Él había esperado mucho tiempo para que llegara el Señor, y el Señor vino de ese modo particular.                                              

   Es esta misma enseñanza de la Unidad la que tenemos en nuestra Cadena de Unión: “Hay una Paz que sobrepasa el entendimiento, mora en el corazón de aquellos que viven en lo Eterno. Hay un Poder que renueva todas las cosas, vive y actúa en quienes reconocen la Unidad del Ser.” El aspirante comienza a vivir esta enseñanza en su vida sólo cuando pone en práctica la verdad que subyace en las palabras: “Incluso tú eres Él”. Todo hecho en la vida, agradable o desagradable, cada dolor, cada fracaso, es decir, todo lo que consideramos como el no-Yo, se debe percibir de algún modo misterioso como el Yo.

   Pero aún más que esto, cada objeto y hecho se debe percibir, aunque al principio sólo sea con la imaginación, como él mismo. Los diversos aspectos de la manifestación son encarnaciones de la Unidad, y no existe separación para aquél “que ve”, entre él mismo y la Unidad. “Yo soy Él” no sólo debe significar que el hombre y lo Divino son uno y no dos, también debe querer decir que ´Yo´ soy la roca, la planta, el animal, el pecador, el santo, cada hecho del día en mi vida y en la vida del mundo. Especialmente debe significar, ya que somos hombres y tenemos limitaciones humanas, que lo que los hombres consideran como “desagradable”, lucha, dolor, desilusión, fracaso, también son la Unidad, y también “yo”.



Las cajas de bebés aumentan

   El periódico The Guardian Weekly del 22 de junio 2012 tiene un artículo sobre “Cajas de bebés”. Al parecer, a los bebés que no son deseados los ponen en estas cajas, principalmente lo hacen los padres de los bebés. Afuera de los hospitales, una campana le avisa a alguien en el hospital que tome al bebé y lo cuide. Esta práctica se dice que ocurre en Alemania, Austria, Suiza, Polonia, etc. Muchos niños, “muchos” es un hecho relevante por la razón de que estos bebés no tienen a nadie que los cuide, quedan librados a la compasión del personal del hospital.

   Esto ha salvado a gran número de bebés, y muchos de ellos pasan a padres adoptivos. Pero existen personas importantes que afirman que el niño tiene el derecho de conocer a sus padres. ¿Puede un bebé saber la diferencia entre los padres biológicos, y los “padres” afectuosos que los cuidan? Dicen que las cajas de bebés son para ayudar a identificar a los padres y establecer una relación con ellos. En primer lugar, si no son deseados, ¿cómo podemos esperar que los padres, o uno de ellos, tal vez la madre, quiera cuidar al niño después que fue rechazado? De todos modos, la controversia parece continuar, y es considerada solamente desde el punto de vista de los intereses materiales.

   Desafortunadamente, los bebés no tienen el derecho a decir lo que desean. Ciertamente, al ser tan pequeños no saben lo que quieren. Mandred Weber, Vice-Presidente del Partido de las Personas Europeas escribió una carta al periódico The Guardian: “Aunque estoy convencido que un niño se cría mejor dentro de una familia unida, la seguridad de los niños es una prioridad mayor que el deseo de conocer a sus padres biológicos.” En una encuesta suiza, en 2011, vieron que el 87% afirmó que las cajas de bebés son útiles, e incluso muy útiles, y que todos los hospitales deberían tener la ventaja que éstas brindan.

   Al parecer existe la idea de que el responsable es el padre, lo que hace surgir la pregunta de si de alguna manera el tema se considera desde el punto de vista de los bebés. En países como India, se abandonan muchos bebés recién nacidos, se los arroja a pozos o a basureros, o los abandonan de diferentes modos. La madre a menudo no es responsable: teme lo que la gente pueda decir. Es más, muchas veces ella también necesita protección.

   La opinión de que todo niño tiene el derecho de conocer su origen es relativa porque el niño puede llegar a saber con el transcurrir del tiempo que sus padres lo abandonaron como un trozo de papel inservible. Por lo tanto, no parece correcto enfatizar la necesidad por parte de los padres. Lo necesariamente esencial es que el niño crezca en un ambiente bueno y de amor. En las condiciones referidas, mientras el niño esté vivo y lo cuiden, debemos sentirnos felices. No es necesario o incluso correcto interferir en los sentimientos de un niño que es aceptado y cuidado por personas afectuosas. Podemos estar totalmente de acuerdo con el sindicato social cristiano y el Sr. B. Posselt que lo representaba: “Nuestras experiencias con las cajas de bebés aquí en Munich, por ejemplo, organizadas por un monasterio, han sido positivas… Para mi es esencial proteger y salvaguardar la vida de niños en situaciones extremas. Todos los demás problemas se pueden solucionar con buena voluntad, mientras el niño esté vivo. No es decisión de la Comisión de la Organización de las Naciones Unidas qué hacemos para ayudar a los niños que nacen o están por nacer.”

   Yo misma he contactado a más de un niño abandonado que crece con una familia. Son felices, y como los niños deseados, anhelan una vida agradable. No habrían sido felices con el padre o los padres que no los querían. Verlos felices hace a otros felices también. A la niña o el niño no les preocupa dónde nacieron y otras circunstancias que los rodeaba en ese momento. Lo importante es que crezcan bellamente.



El individuo medio-humano

   La Ley de Karma nos trae otra vez al nacimiento en el cuerpo físico, a veces en el de un hombre, y otras en el de una mujer, para ayudarle a la conciencia a despertar y crecer poco a poco. Esto fue considerado por un académico de la Universidad de Cambridge en un feliz artículo que destaca que existe todo un proceso de evolución que tiene lugar para llevar varias situaciones a un nivel más elevado. De modo que el insecto crece hacia un nivel más elevado, y a otro más elevado aún, hasta que surge la etapa humana y luego la super-humana, sobre la que sabemos muy poco. En este proceso de una evolución en expansión, el hombre no es aún un ser humano completo, sino que está en vías de serlo. Existe todavía mucho del animal en el gran número de personas que ha alcanzado esta etapa de tener un cuerpo físico humano, pero que tiene muchas características animales, algunas más cerca del humano real y algunas todavía en el nivel animal. La mayoría de ellas es una mezcla de ambas.

   El ser humano promedio actual es esta mezcla, la proporción varía de un individuo a otro, por lo tanto nadie es igual a otro. Desafortunadamente la mayoría de nosotros no sabemos que algunas de las características que exhibimos mientras enfrentamos las circunstancias del presente, son realmente los restos de encarnaciones previas en vidas pre-humanas. Los grandes seres humanos, como el Buddha, están libres de impedimentos de vidas pasadas. Son totalmente humanos, algunas veces más que humanos.

   Si pudiéramos comprender más claramente todo el desarrollo, es decir, el proceso evolutivo, comprenderíamos mejor cómo crecemos realmente, no simplemente cómo se desarrolla la forma física. Si pudiéramos comprender esto, veríamos que la mayoría de los seres humanos todavía no está en el nivel esperado. Por lo tanto, la evolución es un tema importante que tenemos que comprender tanto como sea posible, no sólo la condición física actual, sino la parte que juega en el despertar espiritual.

   Quienes no son cuidadosos con los niños, o que están absortos en sí mismos y los descuidan, los maltratan, e incluso los abandonan por cualquier razón, exhiben imperfecciones en su propio ser. Tomará bastante tiempo para que una persona en esta etapa llegue a ser totalmente humana. Si pudiéramos comprender más todo esto, nos encontraríamos más libres de coacciones, creciendo con más felicidad y no meramente con los así llamados placeres de una vida superficial.

domingo, 22 de junio de 2014

Espiritualidad en el lugar de trabajo




F. M. SAHOO

Profesor Investigador en el Instituto de Gerenciamiento Xavier, Bhubaneswar, India.

 La espiritualidad era un tema considerado inapropiado para la investigación social y conductual. Muchos científicos conductuales consideraban la espiritualidad como de interés fundamental para los filósofos. Sin embargo, la situación mundial y el clima empresarial en la actualidad han enfatizado la urgente necesidad de debatir y practicar la espiritualidad en el lugar de trabajo.

   Algunas personas, por supuesto, se sienten escépticas respecto a si la espiritualidad se puede mezclar con el trabajo. Otros se sienten nerviosos de que se les imponga cierta presión religiosa donde trabajan. E incluso otros se entusiasman ante la posibilidad de una revolución espiritual en el trabajo. La palabra “revolución” tiene dos significados principales. El primero es la revolución fundamental. La otra definición es igual de importante. ¿Qué hace la tierra cada veinticuatro horas? Completa una revolución, regresa donde comenzó. El segundo significado de “revolución” es “regresar donde se ha comenzado”.

   La humanidad experimentó ambos tipos de revolución cuando los astronautas fueron por primera vez a la luna. Se habían manifestado tecnologías revolucionarias. Un cambio igual de fundamental tuvo lugar en nuestra conciencia. Edgar Mitchell, un astronauta estadounidense en el vuelo del Apolo 14, expresó:



La poderosa experiencia de ver la Tierra y todo nuestro sistema solar con el cosmos en segundo plano, tuvo un profundo efecto en mí, un sentido sobrecogedor de estar conectado con el universo, de sentirme relacionado con todas las cosas… Fuimos a la luna como técnicos, regresamos como humanitarios.



Definir espiritualidad

   Aunque la mayoría de las personas se describen como espirituales, definen el término de muchas formas diferentes. Los expertos también varían en sus definiciones. Una investigación en Internet revela más de cinco mil definiciones de espiritualidad. Algunas de las definiciones citadas frecuentemente se dan a continuación:

Lo mejor de aquello que es humano
Una búsqueda de significado existencial
Las dimensiones humanas trascendentales.
  Sin embargo, Pergament y Mahoney (2005) definen la espiritualidad como una búsqueda de lo sagrado. Existen dos términos clave en esta definición: búsqueda  y  lo sagrado. El término “búsqueda” indica que la espiritualidad es un proceso, implica esfuerzos para descubrir lo sagrado. Las personas pueden tomar un número virtualmente ilimitado de senderos en sus intentos de descubrir y preservar lo sagrado. Los senderos espirituales pueden ir de las instituciones religiosas tradicionales a las avenidas no tradicionales.

   Mientras que “religión” y “espiritualidad” se usaban de modo intercambiable hace tiempo, actualmente existe una clara diferencia entre ambas. Religión, representa un sistema institucional, formal, externo, doctrinal y autoritario. En comparación, espiritualidad denota una expresión individual, subjetiva, emocional e interna.

   En los últimos años los psicólogos han llevado a cabo un gran número de estudios para examinar la relación entre la experiencia religiosa y la salud mental. Los descubrimientos nos dejan perplejos. Algunos estudios indican una asociación positiva entre ellos, mientras que otros muestran una relación negativa. Por lo tanto, los psicólogos han diferenciado dos formas de experiencia religiosa: religiosidad externa y religiosidad interna. La religiosidad externa se indica asistiendo a lugares de adoración, con rituales y otro comportamiento externo. La religiosidad interna se refiere a actitudes y valores. En consecuencia, la espiritualidad ha sido equiparada con la religiosidad interna.

   La espiritualidad, definida como una búsqueda de lo sagrado, no sólo ilumina el proceso de búsqueda, también implica esfuerzos para mantenerse en lo sagrado una vez que ha sido descubierto. Las personas pueden tomar muchos caminos para descubrir y conservar lo sagrado.

   ¿Cuáles son las raíces de este proceso de descubrimiento? Algunos señalan el rol de una base genética innata. Otros han destacado el rol de hechos críticos en la vida. Los desafíos que enfrenta la gente pueden revelar limitación humana, y predisponerlos a descubrir lo sagrado. Además, el contexto social, incluyendo la familia, las instituciones y el ámbito cultural, juegan importantes papeles en estimular el proceso de descubrimiento.

   El proceso de búsqueda o santificación tiene tres implicancias importantes para nuestras vidas. Primero, es probable que preservemos y protejamos objetos sagrados. Segundo, es posible que dediquemos más de nosotros mismos en la búsqueda de lo sagrado. Tercero, es probable que obtengamos más significado, fortaleza y satisfacción de los aspectos sagrados en nuestras vidas.



Inteligencia espiritual

   El enfoque sistemático hacia el estudio de la espiritualidad se ha centrado alrededor del concepto de inteligencia espiritual. La evolución del interés en esta área también ha seguido una secuencia lógica de hechos. Es un caso conocido que los investigadores y los agentes de cambio estaban interesados en el estudio de la inteligencia racional durante la primera parte del siglo veinte. Ellos midieron la inteligencia de modo operativo y expresaron la capacidad intelectual en la forma de coeficiente intelectual (CI). El CI se consideró un indicador estable y fuerte de logros académicos y éxito profesional.

   Sin embargo, a mediados de los noventa se vio un cambio drástico en estos argumentos. El libro de Goleman, Emotional Intelligence (1991) (Inteligencia Emocional), popularizó el concepto de coeficiente emocional (CE). Esto fue fortalecido por los descubrimientos neuro-psicológicos que evidencian que nuestro cerebro, aunque estructuralmente uno, tiene dos unidades funcionales: el cerebro que siente y el cerebro que piensa. En términos evolutivos, el cerebro que siente es más viejo que el cerebro que piensa. El psicólogo Roger Sperry (1981), galardonado con el Premio Nobel, mostró que el hemisferio izquierdo del cerebro está relacionado con la lógica y el lenguaje mientras que el derecho está asociado a la emoción y formas de reconocimiento. CE es un requisito básico para el uso efectivo del CI. Si las áreas del cerebro del “sentimiento” están dañadas, pensamos menos efectivamente.

   Por lo tanto, la primacía de la inteligencia emocional se reconoció en la década del 70. Comparado con la inteligencia racional, el CE fue considerado como un fuerte indicador del éxito académico y ocupacional. Pero el principio del siglo marcó otro desarrollo interesante y duradero. El concepto que unifica la inteligencia racional y la inteligencia emocional avanzó para explicar nuestra búsqueda de significado y valores.

   La inteligencia espiritual se refiere a esa inteligencia con la cual ubicamos nuestras acciones y vidas en un contexto más amplio, rico y que otorga significado. Es un fundamento necesario para el funcionamiento efectivo del CI y del CE.

   El diccionario Webster define espíritu como “principio vital, que da vida a un organismo físico en contraste a sus elementos materiales”. En otras palabras, es el “aliento de vida”.

   La inteligencia espiritual nos motiva a hacer preguntas fundamentales. ¿Por qué he nacido? ¿Cuál es el propósito de la vida? ¿Cuáles son mis metas importantes? Los antropólogos y neurólogos argumentan que es este anhelo de significado y su valor evolutivo lo que ha motivado a los humanos a salir de las cavernas. Este anhelo también es responsable del crecimiento del cerebro humano.

   Ni el CI ni el CE, de modo separado o combinados, son suficientes para explicar toda la complejidad de la inteligencia humana. El CI y el CE toman parte en actividades limitadas, mientras que el coeficiente espiritual (CS) toma parte en actividades imperecederas. El CS no tiene una relación indispensable con la religión. Para algunas personas, el CS puede encontrar un modo de expresión por medio de la religión formal, pero ser religioso no garantiza el CS.



Evidencia científica

   Existe, por cierto, gran cantidad de evidencia científica para el CS. En los últimos años, estudios neurológicos, psicológicos y antropológicos de la inteligencia humana y del proceso lingüístico ofrecen evidencia de apoyo.

   Primero, a principios de la década de 1990, un neuro-psicólogo, Michael Persinger, descubrió que la actividad del lóbulo temporal está relacionada con visiones místicas. Más recientemente, un neurólogo, V. S. Ramachandran, en la Universidad de California, identificó un centro espiritual incorporado entre conexiones neuronales en los lóbulos temporales del cerebro. Ramachandran (1997) denominó a este centro “el lugar de Dios”. En escaneos tomados con un tomógrafo de emisión de positrones (TEP) estas áreas neuronales se encienden siempre que los sujetos de la investigación son expuestos a debates de temas espirituales o religiosos. Estos varían con las culturas. Los occidentales responden a la mención de “Dios”. Los orientales responden a símbolos que son significativos para ellos. Se puede indicar que el escaneo del TEP es una de las técnicas de imágenes modernas. Por medio de una inyección se pasa una sustancia radioactiva inofensiva a áreas neuronales del cerebro. La concentración de esta sustancia es profunda en las áreas del cerebro involucradas en una actividad particular en un momento dado. Por supuesto, el lugar de Dios no prueba la existencia de dios, pero muestra que el cerebro se ha desarrollado para hacer “preguntas fundamentales”, tener y usar una sensibilidad para valores y significados más amplios.

   En segundo lugar, el trabajo del neurólogo austríaco, Wolf Singer, en la década de 1990, sobre el problema vinculante, muestra que existe un proceso neuronal en el cerebro dedicado a unificar y dar significado a nuestra experiencia. Es el proceso neuronal que literalmente “une” nuestras experiencias. Antes del trabajo de Singer sobre oscilaciones neuronales unificadoras simultáneas por todo el cerebro, los neurólogos y científicos cognitivos sólo reconocían dos formas de organización neuronal en el cerebro. Una de estas formas, conexiones neuronales seriales, es la base de nuestro CI. Los tramos neuronales conectados de modo serial le permiten al cerebro seguir reglas, pensar lógica y racionalmente paso a paso. En la segunda forma, atados de hasta cien mil neuronas se conectan en forma aleatoria a otros atados masivos. Estas redes neuronales son la base del CE.

   Las computadoras seriales y paralelas existen y tienen diferentes funciones, pero ninguna de las dos funciona con sentido. No existe ninguna computadora que pueda preguntar ¿“por qué?”. El trabajo de Singer sobre las oscilaciones neuronales unificadoras ofrece el primer indicio de un tercer tipo de pensamiento, pensamiento unitivo, y un tercer modo de inteligencia que lo acompaña, el CS. La inteligencia espiritual puede considerar preguntas fundamentales de porqué, de motivación, de significado.

   Tercero, Terrance Deacon, neurólogo y antropólogo biólogo de Harvard, ha publicado recientemente un trabajo nuevo sobre el origen del lenguaje humano (The Symbolic Species, 1997). Deacon muestra que el lenguaje es una actividad exclusivamente humana, esencialmente simbólica, que otorga significado, que co-evolucionó con el rápido desenvolvimiento de los lóbulos frontales del cerebro. No existe ninguna computadora, ni tampoco los simios más avanzados (con raras y limitadas excepciones), que puedan usar el lenguaje, porque carecen de la función del lóbulo frontal para que emplee el significado.



Parámetros operativos del CS

   En términos evolutivos, el CS nos ha “unido” para volvernos las personas que somos, y nos da el potencial de más “uniones” para mayor crecimiento y transformación. Usamos el CS para tratar problemas existenciales. El CS nos hace darnos cuenta que tenemos problemas existenciales y nos permite solucionarlos. El CS es nuestra brújula “en el límite”. Los problemas existenciales más desafiantes de la vida existen fuera de lo esperado y lo familiar, fuera de las reglas dadas, más allá de la experiencia pasada, más allá de las habilidades conocidas. En la teoría del caos, “el límite” es el borde entre el orden y el caos, entre lo conocido y lo desconocido. Es el lugar donde podemos ser más creativos. El CS, nuestro profundo sentido intuitivo de significado y valores, es nuestro guía en el límite. El CS está en nuestra consciencia. Usamos el CS para ser creativos. Lo necesitamos cuando tenemos que ser flexibles, visionarios y creativamente espontáneos.

   Podemos usar el CS para volvernos espiritualmente más inteligentes, respecto a la religión. El CS lleva a la esencia de las cosas, a la unidad detrás de las diferencias. Una persona con elevado CS puede practicar cualquier religión, pero lo hará sin estrechez ni prejuicio. De modo similar, una persona con elevado CS podría tener muchas cualidades espirituales sin ser religioso.

   El CS nos permite integrar lo intra-personal y lo interpersonal. Ayuda a trascender la brecha entre el yo y los otros. Aunque la inteligencia emocional incluye ambos componentes (habilidad interpersonal e intra-personal), el CS se necesita para unir la separación entre ambos.

   Finalmente, podemos usar nuestro CS para solucionar los problemas del bien y del mal, de la vida y la muerte, y de los orígenes más profundos del sufrimiento humano. Los indicadores de un CS altamente desarrollado incluyen lo siguiente:

Capacidad de ser flexible;
Elevado grado de auto-consciencia;
Capacidad para enfrentar y usar el sufrimiento;
Capacidad para enfrentar y trascender el dolor;
Cualidad de ser inspirado por la visión y los valores;
Renuencia a causar daño innecesario;
Tendencia a ver la unidad en la diversidad;
Tendencia a preguntar “¿por qué?” o “¿y si…?”, y a buscar respuestas esenciales.


Estrategias pragmáticas

   Relacionado con el aumento de interés en la inteligencia espiritual, la espiritualidad en el lugar de trabajo comenzó como un movimiento a principios de la década de 1990. Surgió como un movimiento de la clase media, con individuos que buscaban vivir su fe y/o valores espirituales en el lugar de trabajo. Al poco tiempo aparecieron muchas organizaciones que promovieron este movimiento.

International Centre for Spirit at Work (Centro Internacional para el Espíritu en el Trabajo) (www.spiritatwork.org)
World Business Academy (Academia Empresarial Mundial) (www.worldbusiness.org)
Spiritual Business Network (Network Empresarial Espiritual) (www.spiritualbusiness.net)
Foundation for Workplace Spirituality (Fundación para la Espiritualidad en el lugar de trabajo (www.workplacespirituality.org.uk)
   A fines de la década de 1990, The Academy of Management (Academia de Gerenciamiento) (www.aomonline.org) formó un grupo de interés especial llamado Grupo de interés en Gerenciamiento, Espiritualidad y Religión. Esta es una asociación profesional de profesores de gerenciamiento de todo el mundo que enseñan e investigan sobre espiritualidad y religión en el lugar de trabajo. Esta acción a cargo de la Academy of Management fue un paso significativo al legitimizar la espiritualidad en el lugar de trabajo, haciéndolo en el lugar de trabajo como campo de estudio. De modo similar, la División 36 de la Asociación Psicológica Estadounidense (Psicología de la Religión y la Espiritualidad) lanzó un Periódico nuevo en 2008 para reflejar el movimiento de interés. La investigación que se realiza en India se difunde por medio del Global Dharma Centre (Centro de Dharma Global) (www.globaldharma.org) y Tiempos de India (website.http./spirituality, indiatimes.com).

   El International Centre for Spirituality and Work provee una definición operativa.

   La espiritualidad es un atributo humano innato. Todo el mundo lo lleva al lugar de trabajo, como parte integral de sí mismo. La espiritualidad es un estado o experiencia que puede darle a los individuos dirección o significado, o proveer sentimientos de comprensión, apoyo, integridad interna o conexión. La conexión puede ser con ellos mismos, otras personas, la naturaleza, el universo, un dios, o algún otro poder supernatural.

   La definición implica un componente vertical y otro horizontal. El componente vertical representa un deseo de trascender el ego individual o el yo personal. El componente vertical podría ser Dios, el Espíritu, el Universo, la Naturaleza, el Poder Supremo, o alguna otra cosa. Esta dimensión se experimenta como un sentido consciente de profunda conexión con el Espíritu Universal/Dios. Esto podría ser experimentado internamente como momentos de asombro o experiencias pico. Un fuerte componente vertical sostenido refleja un comportamiento externo como el de una persona (o grupo) que es centrada y que es capaz de acceder a la sabiduría y a una profunda fortaleza interna. Generalmente se requieren momentos de quietud con la naturaleza y otras actividades o prácticas reflexivas. Los ejemplos incluyen ambientes para meditar, tiempo para reflexiones compartidas, silencio antes de las reuniones, plegarias y apoyo para que los empleados tomen un tiempo para el desarrollo espiritual.

   El componente horizontal representa un deseo de ser serviciales a otros seres humanos y al planeta. En lo horizontal, buscamos lograr un cambio por medio de nuestras acciones. Un fuerte componente horizontal se demuestra por una visión y valores bien alineados, orientados al servicio y la compasión. Una persona con fuertes componentes verticales y horizontales tiene una clara comprensión de la meta, la ética, los valores y las actividades.

   La espiritualidad en el lugar de trabajo significa que los empleados se nutren en ambas direcciones, la vertical y la horizontal. Es sobre los individuos y las organizaciones, es ver el trabajo como un sendero espiritual, como una oportunidad de crecer y contribuir con la sociedad de modo significativo. Es sobre cuidado, compasión y apoyo a otros, sobre integridad y sobre las personas siendo veraces consigo mismas. Significa que los individuos y las organizaciones intentan vivir sus valores más plenamente en el trabajo que realizan. Ejemplos de la espiritualidad organizativa vertical incluyen tiempo de meditación al iniciar las reuniones, retiros o tiempo de entrenamiento espiritual establecido para los empleados, ambientes apropiados para las prácticas de plegarias de los empleados. Las compañías con un fuerte sentido de espiritualidad horizontal tienen en cuenta lo siguiente: un comportamiento considerado entre los compañeros de trabajo, una orientación de responsabilidad social, un fuerte compromiso de servicio hacia los clientes, sensibilidad medioambiental y actividades de servicio comunitario. Las dimensiones verticales y horizontales deberían estar bien integradas de forma que la motivación (que surge de lo vertical, y las acciones (que surgen de lo horizontal) estén explícitamente unidas.

   La determinación a crear un ambiente de trabajo más espiritual ha comenzado. En líneas generales se incluyen las siguientes actividades:

1.      Programas sobre la pérdida de un ser querido

2.      Exhibición con información sobre un buen estado de salud, y su distribución

3.      Programas de asistencia a empleados

4.      Programas que integran el trabajo y la familia

5.      Sistemas de gerenciamiento que estimulan la transformación personal y espiritual

6.      Liderazgo sobre el servicio, el deseo de servir a los demás

7.      Administración, liderazgo que apoya el crecimiento y el bienestar de los demás

8.      Programas diversos que crean culturas inclusivas

9.      Integración de valores esenciales, y decisiones y prácticas empresariales

   La determinación a lograr un cambio en el mundo toma formas prácticas principalmente en tres niveles: individual, liderazgo y organizaciones. El debate de estrategias específicas en estos tres niveles aporta claridad para una comprensión de componentes prácticos de la espiritualidad en el lugar de trabajo.



Esfuerzos individuales

   La espiritualidad en el lugar de trabajo toma una forma tangible sólo cuando los individuos, líderes y organizaciones trabajan armónicamente hacia tales objetivos. Los individuos necesitan desarrollar un carácter espiritual en el lugar de trabajo. El carácter espiritual se muestra con la siguiente ecuación:



Carácter espiritual=

Contexto espiritual + objetivo espiritual

+ valores espirituales

deseos del ego



   Como se indicó, los individuos necesitan trabajar en el contexto espiritualizado por sistemas de creencia comprensivos. Los individuos deberían creer que el bien colectivo es posible por medios espirituales. Esto es estimulado por objetivos o propósitos espirituales. Más aún, se deben buscar valores espirituales. Por supuesto, los valores espirituales son básicamente valores humanos tales como la verdad (satya), rectitud (dharma), paz (sânti), amor (prema) y no violencia (ahimsâ). Aquí nuevamente, el amor es la fuerza unificadora. Las palabras impregnadas de amor constituyen la verdad. La acción con amor da origen a la rectitud. La emoción colmada de amor genera la paz. La comprensión con amor toma la forma de no violencia. Cuando los individuos integran sus palabras, sus pensamientos, su emoción y acción con el amor, se preservan y promueven los valores humanos. El otro principio guía para el individuo es su respuesta a la consciencia, una indicación interna. Las personas pueden enfrentar algunas situaciones cuando la decisión organizativa está en conflicto con la consideración moral de los individuos. En estas difíciles situaciones, la gente con carácter espiritual escucha los dictados de su propia consciencia. Al llamado de la consciencia muchos individuos se han aventurado a oponerse a las prácticas inmorales y corruptas de la organización.

   La rica tradición de la herencia humana les aconseja a las personas “comenzar pronto, conducir lentamente y llegar seguro”. Los maestros espirituales de India han aconsejado comenzar pronto. Un pequeño desarrollo todos los días puede ser muy útil.

   Al practicar la espiritualidad en el lugar de trabajo uno debe percibir la espiritualidad como la base del éxito. La espiritualidad en el lugar de trabajo no es una calle de sólo un sentido, es de dos sentidos. Uno debe trabajar para crecer espiritualmente y la espiritualidad en aumento es fundamental para trabajar mejor. Finalmente uno debe expresar el pensamiento y hacer lo que dice. Los líderes con una base espiritual ayudan en gran medida los intentos individuales.



Líder espiritual

   Cualquiera que exprese su Yo espiritual con confianza, puede ser un líder espiritual, ya sea que influya a uno, a diez o a cientos. Los líderes que se  basan en la espiritualidad, manifiestan cuatro facultades clave.

Tienen una visión de la vida que sostienen con claridad. Tienen una definición clara de la espiritualidad; conocen su propia relación entre la espiritualidad y la religión. Continuamente preguntan: “¿Cómo puedo enfocar esta situación desde mi punto de vista espiritual de la vida?”
Exploran su espiritualidad desde el interior. Carl Jung afirmó: “Quien mira hacia fuera sueña, quien mira hacia adentro despierta.” Tal líder mira su corazón. Toman un tiempo regular para alimentar su crecimiento espiritual, identifican su objetivo y valores espirituales en la vida y constantemente examinan su pureza y unidad de pensamiento, acción y palabras.
Encarnan sus principios espirituales en su liderazgo. Ven la espiritualidad como la base de su éxito. Aprecian el trabajo en términos de oportunidad y crecimiento espiritual. Buscan “expresar y hacer lo que piensan”.
Se comprometen en actividades revolucionarias. Promueven un cambio fundamental basado en su punto de vista espiritual.
   Cuando un ejecutivo dirige su empresa desde un punto de vista espiritual, ¿cambia su definición de “línea de base”? El término “línea de base” originalmente significaba la última línea de una estimación de ganancias, los beneficios que quedaban después que se deducían los costos de los impuestos. Con el transcurrir del tiempo, su significado cambió a algo amplio “el resultado clave”, o los “resultados más importantes” de un emprendimiento.

   Cuando nos enfocamos con una base espiritual en medidas de una “línea de base”, es más posible que permanezcamos elevados en nuestra visión. Es más factible que veamos más allá del objetivo de ganancia, incluso más allá del interés propio de la organización, y más allá del bienestar de la sociedad en términos materiales. Es posible que encarnemos al Espíritu, el que puede ver lo que es eternamente importante, y asegurarnos que el tiempo y la energía que pasamos en el trabajo realmente contribuyan con lo que es esencialmente importante.

   Además del esfuerzo de los líderes con una base espiritual, las organizaciones necesitan adoptar algunas prácticas útiles en esta dirección.



Alma organizativa

   Desde la caída de Enron y Worldcom, los escándalos corporativos han marcado la consciencia del mundo empresarial. Actualmente la gente quiere hacer negocios con compañías que tengan firmes valores morales. El desafío para el comercio, sin embargo, es crear una atmósfera cordial basada en valores, sin que afecte negativamente su línea base. El Alma en el trabajo dice que la espiritualidad colectiva no sólo puede lograr empleados más felices, sino que puede aumentar las ganancias en las empresas.

   Benefiel expresa que la espiritualidad y las ganancias se pueden combinar, de modo que esos dos objetivos trabajen en sinergia. Ella escribe: “las organizaciones espiritualmente arraigadas, se desempeñan mejor y enriquecen más a sus inversionistas”. Los exhorta a los demás a seguir un nuevo modelo comercial y cosechar enormes recompensas que son más que económicas. La sinergia se puede lograr adoptando ciertos caminos.

   Articular valores. Es posible ayudarle al alma incluyendo un lenguaje preciso en declaraciones de visión y misión. Por ejemplo, la declaración de visión del Document Management Group (Dublin, Ireland) incluye un compromiso para construir un lugar de trabajo en el que “nuestra gente pueda encontrar significado, sentido y éxito por medio de su trabajo, y donde los valores del personal y del lugar de trabajo se unan para lograr una mayor armonía externa y una vida espiritual”. La armonía entre los intereses financieros y los humanos conducen hacia organizaciones más saludables y felices.

   Combinar las personas con la visión. Un medio solidario debe encontrar a personas con formas de pensar similares. La aerolínea Southwest Airlines (USA), por ejemplo, contrata por actitud y entrena habilidades. Se piensa que la congruencia con su misión elevará la retención de empleados y la satisfacción de los clientes. Esto bajaría costos y elevaría ganancias.

   Actividad especial del departamento de personal. La importancia dada al alma organizativa puede tomar formas manifiestas. El sector de personal de la organización necesita dedicar tiempo y energía en entrenar a los empleados a integrar la espiritualidad con su comportamiento laboral.

   Crear estructura específica y procesos. La estructura y las prácticas se pueden adoptar para incentivar la espiritualidad en el lugar de trabajo. Por ejemplo, en Grayston Foundation en Nueva York, un momento de silencio marca las reuniones de negocios, y el equipo de conducción experimentado realiza trimestralmente retiros en otra parte. Texas Instruments provee “Habitaciones para la serenidad” donde los empleados experimentan momentos de calma. Esto fortalece la armonía entre los objetivos financieros y los intereses humanos.



Conclusión

   El debate sobre la espiritualidad en el lugar de trabajo no descarta la posibilidad de comentarios por parte de los críticos. Sin embargo, la mayoría de los críticos señalan los elementos de conflicto y confusión que surgen de prácticas religiosas en las organizaciones. Los críticos dicen que la espiritualidad y las prácticas religiosas son un tema de creencia personal y no deben ser parte de las organizaciones. Consideran que tal clima diluiría y distorsionaría las metas organizativas. Sin embargo, un examen detallado y concienzudo de las crisis e incertidumbres actuales profundizan nuestra impresión de que la necesidad de un clima espiritual es posible que solucione el problema del auto-interés. La preservación y promoción de bienes comunes seguramente se facilitará por medio de una revolución espiritual que se establezca en los lugares de trabajo en la actualidad.

 

Referencias

Benefiel M., Soul at Work. Spiritual Leadership to Organization, Seabury Books, New York, 2005.

Hill P. C. y K. I. Pergament, Avances en la conceptualización y medida de la religión y la espiritualidad, American Psychologist, 2003, 58, 64-74.

Johar D. y I. Marchall, Spiritual Intelligence, Bloomsbury, London.