miércoles, 15 de abril de 2015

EL CENTRO DE MI CÍRCULO


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C. W. Leadbeater
De todos los obstáculos que se alzan en el camino del aspirante que desea entrar al
Sendero, el más serio, fundamental y de mayor alcance es el estar concentrados en sí
mismos. Nótese que no me refiero con esto al feo y crudo egoísmo que definitivamente
busca todo para sí aún a costa de los demás. Estoy, por supuesto, suponiendo que eso
por lo menos quedó atrás hace rato. Pero aún para quienes dejaron eso atrás hay aún
otro peligro—tan sutil y profundamente enraizado que ni siquiera lo reconocen como
un peligro—sin duda, ni siquiera están conscientes de su existencia.

 Pero si dejamos que cada hombre se examine a sí mismo honesta e imparcialmente, hallará
 que todo su pensamiento está concentrado en sí mismo. Piensa con frecuencia en otras
personas y en otras cosas, pero siempre en relación consigo mismo. Teje muchos dramas
imaginarios, pero él, su persona, siempre ocupa un lugar preponderante en los
mismos. Cambiarle una cualidad tan fundamental es cambiarle la raíz de todas las
cosas, convertirlo en un hombre completamente distinto. Muchas personas no pueden,
ni por un momento, enfrentarse a la posibilidad de un cambio tan radical, porque ni
siquiera saben que esa condición existe.

Sin embargo, esa condición es absolutamente fatal para lograr algún progreso.
Hay que cambiarla radicalmente y, no obstante, son muy pocos los que están haciendo
algún intento para cambiarla. Existe una sola forma de salir de este círculo vicioso, y
ésta es el camino del amor. Eso es lo único que puede alterar esa condición en la vida
de un hombre común, asiéndolo con mano férrea durante un tiempo y logrando que
cambie completamente su actitud. Cuando un hombre se enamora, como se dice, al
menos durante un tiempo otra persona ocupa por completo el centro de su círculo.
Piensa en todas las cosas del mundo con respecto a esa persona, no a sí mismo. La
“divinidad” en cuyo altar deposita esta ofrenda podría parecerle al resto del mundo
una persona muy corriente, pero para él, ella es temporalmente la encarnación de la
gracia y la belleza. Él ve en ella la divinidad que en realidad es suya, porque está
presente en todos nosotros aunque normalmente no la veamos. Es cierto que en
muchos casos después de un tiempo su entusiasmo se evapora y lo transfiere a otro
objeto, pero sin embargo durante el tiempo en que no estuvo concentrado en sí mismo,
al menos tuvo una visión más amplia.

Ahora, esto que el hombre común hace inconscientemente, el estudiante de
ocultismo debe hacerlo conscientemente. Debe deliberadamente destronarse a sí
mismo del centro de su vida y colocar allí en vez a su Maestro. Hasta ahora, ha tenido
el hábito de pensar instintivamente cómo algo le va a afectar, o qué logrará con eso, o
cómo obtener ganancias o placer con ello. En vez de esto, ahora deberá aprender a
pensar cómo todas las cosas afectan al Maestro, y puesto que el Maestro vive
solamente para ayudar a la evolución de la humanidad, ello significa que deberá
contemplarlo todo desde el punto de vista de su utilidad o su entorpecimiento para la
causa de la evolución. Y aunque al principio tendrá que hacerlo todo conscientemente
y con esfuerzo, deberá perseverar hasta que consiga hacerlo inconsciente e
instintivamente, como mismo lo hacía antes cuando estaba concentrado en sí mismo.
Para utilizar las palabras de un Maestro, “debe olvidarse completamente de sí mismo
para recordar solamente el bien de los demás.”

Pero incluso cuando se haya destronado a sí mismo y haya entronizado el trabajo
que tiene que hacer, debe ser muy cuidadoso para no engañarse, y que la vieja forma
de estar concentrado en sí mismo no vaya a regresar de una manera más sutil.
Muchos buenos y dedicados trabajadores teosóficos que he conocido han
cometido el error de identificar la labor teosófica consigo mismos, y sentir que quienes
no coincidían con sus ideas y sus métodos eran enemigos de la Teosofía. Con
frecuencia el trabajador piensa que su camino es la única vía, y que diferir de él en una
opinión es ser traidor a la causa. Esto sólo significa que el ego ha vuelto a ocupar su
viejo lugar en el centro del círculo, y que hay que comenzar nuevamente la ardua tarea
de desalojarlo de allí.

El único poder que el discípulo debe desear es el que lo hace parecer nada ante los
ojos de los hombres. Cuando él es el centro de su círculo, puede que haga un buen
trabajo, pero siempre tendrá la sensación de que es él quien lo está haciendo, y aún
más con el objeto que sea, pero cuando el Maestro está en el centro de su círculo, hará
el trabajo simplemente para que el mismo esté hecho. El trabajo ha de llevarse a cabo
por el trabajo en sí, y no para beneficio de quien lo realiza. Y aprenderá a contemplar
su trabajo como si fuese el de otra persona, y el de las otras personas como si fuese
precisamente el suyo propio.

Lo único importante es que el trabajo se realice. No importa quién lo haga. Por lo
tanto, no debe estar prejuiciado en favor de su propio trabajo, ni ser indebidamente
crítico con el de otro, ni tampoco hipercrítico o despreciativo con su propio trabajo
para que otros se lo elogien. Para citar las palabras de Ruskin con respecto al arte,
tiene que poder decir serenamente, ʺSea tuyo, mío, o de quien sea, está bien así.ʺ

Otro peligro acecha también, especialmente al trabajador teosófico—el de
felicitarse a sí mismo demasiado pronto, hasta el punto de que difiera del resto del
mundo. Las enseñanzas teosóficas confieren una nueva visión a todo, conque es
natural que uno sienta que nuestra actitud es distinta de la mayor parte de las
personas. No hay daño en pensar que esto es una verdad obvia, pero yo he apreciado
que algunos de nuestros miembros están listos para enorgullecerse de sí mismos por el
hecho de que son capaces de reconocer estas cosas. No se dan cuenta en lo absoluto de
que están pensando que nosotros, que somos capaces de reconocer esto, somos por lo
tanto mejores que otros. Otros hombres se han desarrollado siguiendo otras líneas, y
mediante ellas podrían haber llegado más lejos que nosotros, aún cuando según
nuestra línea podrían carecer de algunas cosas que nosotros tenemos. Recuerden que
el Adepto es un hombre perfecto completamente desarrollado en todas las formas
posibles y así, aunque tengamos algo que enseñarles a los otros, también tenemos
mucho que aprender de ellos. Sería el colmo de la locura despreciar a un hombre
porque no ha adquirido aún conocimientos teosóficos, y quizás ni siquiera ha
desarrollado las cualidades que le permitirían apreciarla. Por lo tanto, en este sentido,
también debemos tener cuidado de no ser el centro de nuestro propio círculo.

Un buen plan que podría adoptar para evitar volver al centro de sí mismo puede
ser el de recordar, como mismo he explicado en ocasiones anteriores, la visión oculta
del curso y la influencia de los planetas. Recordarán, como expliqué, que cada planeta
era un foco menor en un eclipse, y que el foco mayor era el cuerpo del sol. Cada uno
de ustedes es el foco menor. Avanzan con su propio curso haciendo el trabajo que se
les encarga y, sin embargo, en todo momento son un reflejo de un foco mayor y su
conciencia se concentra en el sol, porque el Maestro del cual ustedes son parte, es
miembro de una Gran Jerarquía que siempre está realizando el trabajo del Logos.
Cuando un hombre es el centro de su propio círculo, está cometiendo
perpetuamente el error de creer que él es el centro de todos los demás.

Constantemente supone que en todo lo que otras personas hacen o dicen están de
alguna manera pensando en él o haciendo observaciones sobre su persona, hasta que
esto se convierte en una especie de obsesión, y son totalmente incapaces de
comprender que cada uno de sus vecinos, como regla general, también está
enteramente envuelto en sí mismo y no piensa para nada en ellos. Así, el hombre se
busca una enorme e innecesaria cantidad de preocupaciones y problemas, que podrían
haberse evitado si viera las cosas bajo una perspectiva más sana y racional. Y de
nuevo, precisamente por ser el centro de su propio círculo está susceptible a la
depresión, porque ésta sólo viene a quienes están pensando en sí mismos. Si el
Maestro estuviera en el centro del círculo, y todas sus energías estuviesen
concentradas en servirle, no tendría tiempo para deprimirse ni para sentir la menor
inclinación hacia ello. Estaría demasiado ocupado deseando que se le presentara otra
oportunidad de servicio.

Su actitud sería la indicada por nuestra Presidenta en su autobiografía—que
cuando un hombre ve que hay un trabajo pendiente por hacer, a diferencia del hombre
común, que dice: ʺSí, sería bueno hacerlo y alguien debería hacerlo, pero, ¿por qué
yo?”, por el contrario, debería decir: “Alguien tiene que hacerlo, conque, ¿por qué no
yo?”

A medida que evoluciona, su círculo se va ampliando y al final llegará un
momento en que su círculo será infinito en extensión, y luego, en cierto sentido, él,
nuevamente, será su centro, porque se habrá identificado con el Logos, que es el centro
de todos los posibles círculos, puesto que cada punto es equidistante del centro de un
círculo cuyo radio es infinito.
Este artículo fue reimpreso de
The Theosophic Messenger, Vol. 11, 1909.

domingo, 12 de abril de 2015

Pensamientos para Aspirantes



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                                                                                                                               Cuadro de Alfredo Jesús Rocha.

Para la meditación de nuestros lectores.
Con afecto ST en Chile.

N. Sri Ram

Pensamientos
Para Aspirantes

Segunda serie
Título original: "Thoughts for Aspirants"

Conocimiento propio.

 El conocimiento propio es la única base para
cualquier cambio profundo o transformación en
uno mismo, que debe venir de dentro si ha de
perdurar y tener la cualidad espiritual pura que
no puede marchitarse ni languidecer.


 Debemos aprender a caminar a la luz interna
de nosotros mismos, aunque al presente esa luz
pueda ser débil y apagada.


 El conocimiento del mundo externo tiene que
equilibrarse por el conocimiento propio. Cuando
uno cava profundo dentro de sí mismo, comenzará
a sentir allí la identidad básica de la
vida y la unidad de toda la humanidad.


Verdad

 La verdad, en el sentido real, pertenece al
aspecto espiritual del hombre y fluirá en cada
uno cuando su naturaleza sea suficientemente
pura para recibirla; no puede encontrarse fuera
de sí mismo.


 Hay aspectos de la verdad que sólo pueden
descubrirse dentro de uno mismo, y de ninguna
otra manera; y éstas son la parte más valiosa de
la vida.


 Antes de que podamos llegar a la verdad
tiene que haber una actitud de humildad, ausencia
de orgullo, un reconocimiento de nuestras
propias limitaciones, y buena voluntad para

aprender.

viernes, 10 de abril de 2015

La urgencia de una mente nueva




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RICARDO LINDEMANN

Ingeniero de profesión, es Conferencista Internacional y ex Secretario General de la Sección Brasileña de la ST.

Charla dada en la Convención Internacional, Adyar, diciembre 2013.

 “Es hora de que el Hombre se establezca firmemente en el Nivrtti Mârga (el Sendero de Retorno a la Fuente Espiritual), renuncie al deseo primitivo de sobrevivir y, como la Sra. Blavatsky lo expresa, aprenda un nuevo lenguaje en el regazo de la Madre Naturaleza”.[1]  Éstas son las palabras y el último artículo de la Dra. Radha Burnier, a quien tengo que expresar mis sentimientos de profunda gratitud porque el perfume de su maravillosa vida de luz y amor todavía está con nosotros y así será siempre.

 La Sra. Blavatsky también dice que “la mente es el gran destructor de lo Real”[2] pero nosotros los humanos no parecemos estar concientes de las ilusiones, limitaciones y sufrimientos a los que estamos sujetos en esta vida terrenal, tal vez porque generalmente no estamos buscando ansiosamente una solución. También encontramos en Ocultismo Práctico de HPB: “Somos `lombrices´ porque nos apegamos con todas nuestras ansias a la tierra”[3] o somos como ángeles caídos que hemos olvidado cómo usar las alas.



Los Yoga-Sutra de Patañjali dicen: “Samâdhi (o Éxtasis) está muy próximo a aquéllos cuyo deseo (de Samâdhi) es intensamente fuerte”[4]. Por lo tanto, este sentimiento de urgencia ya era considerado desde la antigüedad como un síntoma del despertar de un nuevo estado de la mente. ¿Estamos realmente interesados en eso? El hombre común, por otra parte, parece preferir estar provisto de una familia y su supervivencia, no habiendo desarrollado la recta visión para comprender Dukkha Satya, la primera enseñanza del Señor Buddha, generalmente traducida como insatisfacción o sufrimiento, tradicionalmente ejemplificado en las miserias de la vida con la enfermedad, la vejez y la muerte.



Respecto a la primera etapa del Sendero Espiritual, Radhaji también consideró:



Un parivrajaka es aniketa, lo que significa que no tiene un hogar en el sentido mundanal. El hogar mundanal es un lugar de refugio del resto del mundo, desde el cual cada uno emprende sus batallas contra el mundo con aliados en forma de marido, esposa e hijos. Así es que el hogar representa un modo de vida exclusivo y egoísta. Pero no tener un hogar, ser un vagabundo, significa que los esquemas y los apegos llegan a su fin. La palabra Samnyâsi se ha comprendido mal, y lo que en realidad representa es que un maravilloso cambio interno se ha hecho trivial por la tradición. El Samnyâsi corta su hilo sagrado, abandona las ceremonias e incluso su nombre porque ya no está apegado. El mundo es su familia, la tierra misma es su hogar.[5]


Esta disposición es la aspiración de la vida que busca una forma mejor de expresión, que es la causa raíz de la evolución, incluso de la forma. Si aceptamos la idea de que en toda la manifestación existen la vida y la forma, podría surgir la pregunta: ¿Cuál es mejor, la vida o la forma? Tal vez la vida tiene más afinidad con nuestro Yo interno, pero sin disciplina, al trabajar sobre el aspecto de la forma de nuestra manifestación también fallaremos.



Desde el punto de vista de la vida o de la conciencia, la transformación de la percepción tiene su urgencia, como Krishnamurti lo considera:



La revolución sólo es posible ahora, no en el futuro; la regeneración es hoy, no mañana. Si experimentan con lo que he dicho, encontrarán que hay una regeneración inmediata, algo nuevo, una cualidad de frescura, porque la mente siempre está quieta cuando está interesada, cuando desea o tiene la intención de comprender.[6]


Pero, generalmente, la mente está apegada a lo viejo para dar continuidad a la sensación, buscando siempre más y más, llegando por lo tanto a la falta de satisfacción. Sólo por la comprensión y la observación, que significa atención total, el deseo de sensación puede realmente cesar sin dejar residuos. Por otra parte, desde el punto de vista de la forma, los cuerpos de materia demoran en evolucionar, al necesitar una disciplina progresiva para desarrollar la habilidad para una auto-observación efectiva, que está ausente en el hombre común, incluso para comenzar el proceso. Como el Dr. Taimni también lo expresa:



El verdadero problema está en la falta de conciencia de nuestra condición real, en el caso de todos nosotros que no queremos enfrentar ahora este problema fundamental de la vida que nos mira de frente, que desea posponerlo, o se inclina a tratarlo de modo ocioso o a medias. La verdadera causa es la falta de discernimiento o viveka que le permite al individuo atravesar ilusiones de diferentes clases y ver la vida en su desnudez, sin todas sus atracciones y tentaciones glamorosas… Por lo tanto esta carencia de viveka (discernimiento entre lo real y lo ilusorio) es el problema real de los seres humanos que están lo suficientemente maduros para sentir la urgencia de la aventura Divina… La mayoría de nosotros con anhelos y aspiraciones espirituales, estamos involucrados en un círculo vicioso tal que no sabemos cómo liberarnos de él… El (espiritual) sendero de (Raja) Yoga para la gran mayoría de los aspirantes comienza aquí, en la incertidumbre, la duda y la carencia de ansias, simbolizadas por vishâda o el abatimiento de Arjuna en el Bhagavadgitâ.[7]

El Dr. Taimni, en su artículo Preparación para el Yoga, enfatiza la necesidad de todo un curso de preparación de vida para la práctica del Yoga como sendero espiritual… “Casi no es necesario destacar que, dado que todos los seres humanos, con muy pocas excepciones, están involucrados en klesas o aflicciones de la vida”[8], y dado que este es el caso, menos percibe la intuición, las limitaciones o la urgencia sentida por la liberación. Si la luz de buddhi o intuición espiritual no se hace presente mínimamente en la mente, incluso el comienzo del proceso de auto-observación no es posible, como puede observarse en el caso extremo de algunos criminales, quienes parecen haber perdido la sensibilidad de percibir cualquier distorsión en su comportamiento, y siempre justifican cualquier cosa o incluso no ven absolutamente nada malo en sus crímenes. Po lo tanto, es necesaria una disciplina preliminar en métodos eficientes o un periodo de tiempo para la preparación para el sendero espiritual de Yoga, incluso para la auto-observación, o hasta que se logre el mínimo de requisitos para hollar el sendero. Por el contrario, incluso la percepción de la urgencia de una nueva mente, estaría ausente.



Por lo tanto, puede parecer una contradicción entre las enseñanzas, el punto de vista de la vida al decir que sólo ahora podría venir la transformación para una nueva mente, y el punto de vista de la forma al decir que sólo por un periodo de disciplina preliminar a tiempo, los vehículos pueden lograr la condición para iniciar el sendero espiritual. Esta aparente contradicción se basa en estos dos puntos de vista opuestos, vida y forma, pero la Teosofía o Sabiduría Divina, como una expresión del Principio Omnipresente, debería abarcar todo y resolver los aparentes problemas, al no tomar ningún punto de vista como exclusivo, sino ver la cuestión como un todo.



Respecto a esta percepción de la Teosofía más allá de todas las paradojas, el Dr. Tamni también escribió:



Es posible permanecer aquí un momento, y considerar la cuestión de las contradicciones que a menudo encontramos en las enseñanzas de los grandes maestros. Estas contradicciones a veces confunden al estudiante de Ocultismo y le hacen que se pregunte si la Verdad  es una, y todos los grandes maestros religiosos están en contacto directo con ella, es posible para ellos diferir a veces incluso en cuestiones de naturaleza fundamental. Las enseñanzas de Buddha y Sankarâchârya pueden tomarse para ilustrar esto.  No sabemos realmente qué enseñó esotéricamente el Buddha, pero incluso si enseñó exclusivamente que existe sólo un Principio Universal e Impersonal en la base del universo y no un Dios Personal, no significa que no exista una Realidad que corresponda a nuestra concepción de un Dios Personal. Deberíamos recordar que todo gran maestro religioso viene a dar un mensaje y una enseñanza particular, de acuerdo a las condiciones particulares en las que tiene que trabajar. Tiene por lo tanto, que destacar esos aspectos particulares de la Sabiduría Divina que se necesitan en ese momento y que pueden ser comprendidos por las personas con quienes trabaja. Y como no puede enfatizar los aspectos opuestos al mismo tiempo, para evitar anular parcialmente sus enseñanzas, a veces puede dar la impresión equivocada de que los aspectos que resaltó representan toda la Verdad exclusivamente. Generalmente, otro maestro viene luego a acentuar los aspectos opuestos y a corregir la mala impresión y los desarrollos no deseados que resultan de las enseñanzas del maestro anterior.[9]


La misma idea parece estar en La Doctrina Secreta, donde H. P. Blavatsky dice que Shankaracharya fue “el gran sucesor de Buddha”[10], así como:



El Brahmanismo y el Budismo, vistos desde sus aspectos ortodoxos, son tan opuestos y tan irreconciliables como el agua y el aceite… La filosofía esotérica de ambos (Advaita Vedanta en el Brahmanismo y la Escuela Yogachara y Mahayana en el Budismo) son sólo una si se analizan y comparan cuidadosamente, como Gautama Buddha y Sankaracharya están estrechamente relacionados, si uno cree la tradición y ciertas enseñanzas esotéricas. Por lo tanto, toda diferencia entre ambos será de forma más que de sustancia.[11]


Entonces, ¿no estaba H. P. Blavatsky enseñándonos a desarrollar una nueva mente o Buddhi-Manas, lo suficientemente intuitivo como para superar las aparentes contradicciones de las enseñanzas profundas? ¿Podemos ver con una mente nueva, que las enseñanzas de Blavatsky, Besant, Leadbeater y Krishnamurti también son variedades diferentes de la misma Teosofía o Sabiduría Divina? Ciertamente, ¡muchos colores conforman el arco iris!



El Dr. Taimni continúa su argumento sobre la naturaleza complementaria del Budismo y la Vedanta al decir: “Ése es probablemente el motivo por el que Shankaracharya tuvo que volver después de algún tiempo (de la vida de Buddha) para destacar los aspectos opuestos. Él pareció estar tratando de demoler al Budismo, pero todo lo que intentaba hacer era enfatizar la laguna de la Sabiduría Divina en las enseñanzas del Buda y de ese modo corregir las ideas equivocadas y las influencias indeseables que el Budismo había creado. Como bien se sabe, Shankaracharya fue un gran Bhakta así como el que presentó la doctrina monástica de la Realidad Una en su forma más sutil. Corrigió en gran medida la mala impresión que se había creado por las enseñanzas del Buddha, de que no hay nada en la base del universo excepto un Principio Impersonal…

Este equilibrio de la enseñanza de un Maestro, por la de otro, no implica en lo más mínimo que no conocieran la Verdad. Ambos, el Buddha y Sankarâchârya, fueron grandes Maestros religiosos de una visión indudable, y nadie puede incluso soñar en sugerir que no sabían lo que todo Jivanmukta liberado se supone que percibe por experiencia directa. Pero, como se señaló anteriormente, cuando ese gran Maestro viene con un propósito definido bajo un número particular de circunstancias, debe adaptar sus enseñanzas a las condiciones prevalecientes, y a los propósitos que tiene en mente. La evolución de la humanidad es un proceso dinámico que requiere un ajuste constante y la introducción de nuevas tendencias en las corrientes de la vida y del pensamiento de modo que el Plan Divino se pueda lograr.[12]



Se necesita una mente nueva no sólo para un nuevo mundo más espiritual y compasivo, sino también para una nueva Sociedad Teosófica ajustada a él, como se señala claramente en el libro del Dr. Taimni, Principios del Trabajo Teosófico, como quisiera sugerir enfáticamente, lo siguiente:



La cualidad tamásica (o inercia) en nuestra naturaleza, engendra el miedo al cambio y una aversión por emprender nuevos experimentos en la búsqueda de métodos nuevos. Esto siempre conduce al estancamiento y a la formación de profundos surcos mentales, que limitan en gran medida nuestra utilidad… El conservadorismo es bueno a su forma y conduce a la estabilidad de una institución, pero cuando degenera en mera inercia y lleva al estancamiento, se debe contrarrestar esta tendencia y tratar de restablecer esa atmósfera saludable en la que es posible hacer experimentos con el fin de desarrollar métodos de trabajo más efectivos.[13]


Él incluso llegó a la conclusión de que cada Sección debería tener un Centro Teosófico de Entrenamiento para investigar e implementar estos métodos efectivos.



Lo que puede ser nuevo en la mente es la percepción de la intuición espiritual o Buddhi. Con una recta visión o claridad de visión uno puede percibir que no hay una serpiente, sino sólo una cuerda enroscada, según la enseñanza Vedanta. Entonces, el miedo y la violencia desaparecen, porque está la nueva percepción de que no hay una serpiente, y nos preguntamos cómo no fuimos capaces de ver esto antes…



Ciertamente, la urgencia de una nueva mente con una nueva percepción es que podríamos ser libres, porque todo nuestro sufrimiento es ilusorio o innecesario, si solamente pudiéramos ver con claridad. Como Radhaji también lo expresa:



La vida exige que la mente del hombre renuncie a sus propios deseos, sus propios impulsos, instintos y reflejos, de modo que un poder mayor se pueda desarrollar y revelarse, no de acuerdo a la voluntad del hombre sino obedeciendo leyes divinas y la voluntad de la naturaleza[14].


Antes de que tal cambio ocurra conscientemente, debe haber no sólo algo de discernimiento (viveka), sino también un poco de desapego (vairagya), cierto auto-control, mencionado en los seis puntos de la conducta (shatsampatti) a los que la Vedanta se refiere, semejanzas de los cuales existen en otras tradiciones. Además debe existir la necesidad de cambiar (mumukshutva), el sentimiento de que ahora debe haber un giro en la vida.[15]


¿Podemos realmente percibir la urgencia de una mente nueva?



Referencias bibliográficas

[1] Burnier, Radha, El Desafío de la Vida. En El Teósofo, Vol. 135 (2), Nov. 2013, p.6

[2] Blavasty, H. P. La Voz del Silencio. Edit. Kier 1973, p.14.

[3] Ocultismo Práctico, TPH Adyar, 1999, p. 104.

[4] Taimni, I. K. La Ciencia de la Yoga. TPH Adyar, 2010, p. 50 (sutra I-21)

[5] Burnier, Radha. No Other Path to Go. TPH Adyar, 2005 p. 16.

[6] Krishnamurti, J. The Krishnamurti Reader. London, Arkana (Penguin Group), 1970, p. 89

[7] Taimni, I. K. Yoga and the Common Man. In: The Theosophist. Vol. 87 (4) Enero 1966, p.234-5

[8] Ibidem, p. 235

[9] Taimni, I. K. Oración. En El Teósofo, TPH, Vol. 93 (1), oct. 1971, p. 50.

[10] Blavatsky, H. P. La Doctrina Secreta (7ma. Edición Adyar 1979 – 3 Volúmenes) Adyar, Chennai, TPH, 2003. (2da reimpresión) v.1; p.xliv.

[11] Ibidem, v.2; p. 637.

[12] Taimni, obra citada 1971, p. 50-1.

[13] Taimni, Principios del Trabajo Teosófico, TPH Adyar, 1991, p. 31-2.

[14] Burnier, El Teósofo, Nov. 2013, p. 7.

[15] Burnier, No hay otro Camino hacia dónde ir, TPH 2005, p.15.

miércoles, 8 de abril de 2015

LA VIDA EVOLUCIONA EN CICLOS


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Por Clara Codd

¿Ha observado usted ese hecho universal de que la vida transcurre en forma cíclica,
siempre volviendo sobre lo mismo pero a un nivel más elevado? ¿Ha visto usted alguna
noche que no esté precedida de otra mañana, o un invierno tras el cual no venga otra
primavera? Una noche de descanso y asimilación siempre sobreviene tras un día
de actividad, como mismo lo que hacemos hoy es el resultado de lo que hicimos en el
pasado y generará lo que nos acontecerá mañana.

De este modo, una vida, con todos sus hechos y circunstancias, es el
resultado de cuanto dejamos atrás, y el presente es el precursor de los
acontecimientos del porvenir.

San Clemente de Alejandría escribió precisamente eso. “Cada alma viene al
mundo fortalecida por las victorias, o debilitada por las derrotas de su vida
anterior. Su lugar en este mundo como vehículo de honra o deshonra, está
determinado por sus previos méritos o deméritos. Su trabajo en este mundo
determina el lugar que ocupará luego en el mundo.” A veces un alma no se
debilita por sus defectos, sino que se fortalece conquistándolos.
Toda la naturaleza sigue la misma ley. Durante el invierno, la vida de las
flores y los árboles se aquieta, pero está allí presente, aguardando la primavera
una vez más. La misma secuencia se observa en la vida de un ser humano. Hay
mañana, tarde, noche y madrugada en un día; primavera, verano, otoño e
invierno en un año; y también niñez, adolescencia, madurez y vejez en la vida de
una persona. Así como regresamos refrescados por el descanso de la noche,
igualmente regresaremos llenos de vitalidad juvenil una vez más, en un nuevo
cuerpo vital. En el momento adecuado, comenzaremos otro amanecer de
experiencias y crecimiento en nuestro nuevo cuerpo joven, pero trayendo con
nosotros una nueva mente y corazón que contienen las semillas de cuanto hemos
pensado y sentido en el pasado. Un bebé no es una nueva creación.

¿Por qué viene un bebé a nosotros? Porque lo hemos amado y conocido en el
pasado, y por eso viene nuevamente bajo nuestro cuidado cuando su cuerpo es
pequeño e indefenso. El amor es una poderosa fuerza de atracción que crea lazos
que nunca pueden romperse. ¡El odio también los crea! Y ocasionalmente
también conforma los lazos de una familia. Lo único en nosotros que no es nuevo
porque es inmortal y siempre está en desarrollo, es nuestro ser espiritual.
Helena P. Blavatsky dice que las Huestes Angélicas colocan a ese Ser
Inmortal en contacto con su nuevo cuerpo en el momento antes del nacimiento
para el “despertar”. Y el lazo así formado atrae a la personalidad después de la
muerte hacia ese maravilloso plano que llamamos el Devachan, el ʺHogar de los
Diosesʺ, o el “Cielo”. Después de un largo período de descanso y cumplimiento
allí, el Ser Inmortal enfoca sus miras nuevamente en la tierra y regresa a un
nuevo cuerpo, con una mente y un corazón renovados que son el resultado de los
anteriores. Los lazos formados con otros egos nunca pueden romperse y nos
dirigen a su encuentro una y otra vez.

El ciclo más grande de todos es el viaje inmortal del espíritu humano fuera
del pleroma divino, como una naciente posibilidad inconsciente, para retornar
con plena conciencia y convertido en ʺHijo de Diosʺ. A este ciclo mayor se le
llama en las escrituras de la India el Pravritti Marga, el Sendero Saliente o
Sendero de Retorno. Platón denominó a este viaje el “Gran Arco”. Todos estamos
en este gran Sendero, pero algunos están más cercanos que otros al Sendero del
Regreso. En el primer volumen de La Doctrina Secreta, el discípulo le dice al Gurú:
ʺPercibo una llama, Oh, Gurudeva, e incontables chispas que brillan dentro de
ellaʺ. Esas ʺchispasʺ son nuestros seres espirituales, que nunca han abandonado
el ʺEdénʺ, es decir, los reinos espirituales internos, pero han enviado a un
limitado representante a reunir los frutos de esos mundos de experiencia.
Charles W. Leadbeater solía decir que era como sacar el brazo y recogerlo luego,
¡y que el brazo creyera ser el cuerpo entero! Esa “entrada y salida” es lo que
nosotros denominamos una “vida”. El Ser Eterno en nosotros realiza esto
durante muchas vidas. ¿Por qué? Porque la posibilidad divina busca el contacto
con los planos materiales para desarrollar los vehículos de la conciencia en todos
los planos de la Naturaleza.

Es este deseo de la posibilidad divina en cada uno de nosotros, de hacer
contacto con la materia y los mundos materiales para conquistarlos y
comprenderlos, lo que nos lleva a la manifestación. Las ʺchispas” que no se han
despegado son inconscientes, nacientes, pero al enviar representantes suyas al
plano material, van desarrollando lentamente auto-conciencia y auto-motivación,
y un día se convierten en “dioses”, dotadas con los poderes de esa Vida y
Conciencia de donde vinieron. Y así nace un ʺHijo de Diosʺ de quien solo parecía
ser un ʺHijo del Hombre.ʺ El regreso al hogar, dice H. P. B., se produce ʺprimero
por un impulso natural, y después por esfuerzos auto-inducidos y autoconcebidos,
según su Karmaʺ. En Las Cartas de los Mahatmas, se nos dice que los
Adeptos ʺllegan a ser tales, no que son hechosʺ. Todos somos Adeptos
incipientes.

En el Sendero Saliente, como dije anteriormente, el ser espiritual desarrolla
los vehículos de la conciencia en todos los planos de la Naturaleza. Cada uno de
esos vehículos rige en su momento y de esa forma se desarrolla. En el Sendero de
Retorno, la naturaleza divina misma comienza a despertar y toma entonces las
riendas. Este es ʺel nacimiento del Cristoʺ en nosotros, ʺla esperanza de la gloriaʺ.
La purificación y el gradual crecimiento del alma y el cuerpo han preparado el
camino para el nacimiento de la conciencia espiritual en nosotros. Ese es siempre
nuestro destino final. Como dice San Agustín: ʺFuimos creados para Él, y
nuestras almas no reposarán hasta que encuentren su descanso en Élʺ.
Estos grandes arcos se denominan en las escrituras cristianas la “Caída” (el
descenso a la materia), y la “Redención” (el ascenso al Espíritu). La historia del
Edén es una alegoría muy antigua de la evolución de la humanidad. Es mucho
más antigua que las escrituras cristianas y que las judías, ya que las imágenes de
un hombre y una mujer junto a un árbol al lado una serpiente, se hallaron
inscritas en piedras y joyas en las ruinas de la antigua Caldea. La serpiente es un
símbolo antiquísimo producto de una evolución anterior y alude a un Iniciado,
un “Naga” o serpiente. ¿No le dijo acaso Jesús a sus discípulos que tenían que ser
“tan sabios como serpientes?” Tal era la posibilidad divina nacida del Edén y
traída bajo la acción de ʺlos pares de opuestosʺ, como el Oriente los llamaría,
atraídos para que pudieran comer del árbol del conocimiento bueno y malo,
como Occidente lo expresaría.

¿Ha advertido usted ese otro gran hecho que es el incesante intercambio
entre los pares de opuestos? ¿Hay algo que no tenga su parte contraria? ¿Y en
qué contribuye ello con la humanidad? Su interrelación incesante hace que la
auto-conciencia y la auto-motivación evolucionen gradualmente. ¿Por qué? Para
que aprendamos a escoger el bien y a rechazar el mal, dice la Biblia. El par final
de contrarios son “el bien” y “el mal”, y Dios y el Ser Espiritual están más allá de
ambos.

Esto significa que este gran ciclo de salida y retorno del espíritu en el ser
humano tiene un propósito maravilloso y espléndido. Salimos ignorantes y
subdesarrollados, y retornamos llenos de sabiduría y poder, comprendiendo
todos los planos de la Naturaleza, y capaces de funcionar en todos ellos. En la
historia del jardín del Edén había otro árbol que estaba protegido por un
querubín con una espada flamígera. Los querubines simbolizan el conocimiento
más elevado (Luz en el Sendero lo llama “el guerrero interno”) y la espada es
siempre un símbolo de la voluntad. En el momento adecuado, el “Yo inferior” se
unirá al “Yo superior” y alcanzará conciencia de su inmortalidad.

Me han preguntado si nuestro libre albedrío es dual. Nuestro libre albedrío
se ejercita primero que todo en este plano para obtener cosas para yo temporal,
pero a través del mismo crecemos. Cuando nace la conciencia espiritual, nuestra
voluntad inferior se convierte en una con la Voluntad Única, la voluntad del
Universo. Podemos decirlo en las palabras del poeta Alfred Tennyson:
Nuestras voluntades son nuestras, no sabemos cómo,
nuestras voluntades son nuestras para hacerlas Suyas.

El Cristo llama a la naturaleza humana más elevada “el ángel”, en un hombre
que “siempre respeta el rostro de mi Padre que está en el Cielo”. A veces también
alude a ese elevado conocimiento como ʺla perla de gran precioʺ que yace
profundamente escondida, y hay que cavar muy hondo para encontrarla, porque
es lo más preciado que una persona posee. La diferencia entre el descenso del
alma (o la caída en la materia) y el alma que retorna, es la misma diferencia que
existe entre un bebé recién nacido y una persona adulta. ¿Podemos decir, “por
qué tenemos que crecer hasta nuestra estatura y plenitud con tanto dolor y
problemas?” Esta es una ley universal en la Naturaleza. Cada forma de vida
comienza como algo infinitesimal y la maravilla de ello es que ese principio
diminuto encierra toda la promesa y la potencia que se revelan más tarde.
¿Quién podría mirar una bellota y darse cuenta—si no lo sabía ya— que en ella
yace el futuro gigante del bosque? ¿Y quién, que vea a un ser humano corriente
puede darse cuenta de que allí está un dios naciente en formación?
_____________________________
Este extracto, tomado de Trust Yourself to Life, de Clara Codd, fue editado por el
Departamento de Educación.
Traducción y Redacción: Eulalia M. Díaz

martes, 7 de abril de 2015

Todo el Universo está unido por el servicio



 


T. K. NAIR

 El Dr. T. K. Nair es Secretario, de la Asociación Educativa Besant, Varanasi, India. Charla dada en el Congreso del Sur de India, Adyar, 2011.

   La palabra ‘Servicio’ también significa sacrificio, sacrificio en beneficio de otros. Es por un acto de sacrificio de lo Absoluto, que el Universo se forma. Se limitó a sí mismo en ‘el anillo no se pasa’ y la manifestación comenzó. Es por el sacrificio del Logos Solar que el Sistema Solar continúa existiendo. Quemándose a sí mismo, Él da calor, luz y energía a su sistema. Es por la mera presencia de la luna que las mareas se producen en la tierra, y esta marea beneficia a los habitantes de diferentes modos. Sobre el planeta todas las criaturas viven para servir a los demás, por ejemplo, microbios, lombrices, bacterias, plantas, etc.

   En cierta ocasión, se le preguntó a una hoja que iba cayendo si lamentaba que su vida terminara. Su respuesta fue rápida y clara: “Por supuesto que no. Estoy contenta con mi vida. En mi juventud, ayudé al árbol a dar cobijo al transeúnte, protegiéndolo del calor abrasador. Viví gracias al sacrificio de los organismos que en la tierra convirtieron la materia en estiércol, que pude asimilar. De modo que tengo una deuda a cancelar. Con la ayuda del agua convertí la energía solar en carbohidratos que el árbol usó para producir frutos que alimentan a gran número de criaturas. Mi árbol dio protección a muchísimas criaturas tales como insectos, animales, aves, etc., por medio de su tronco, sus ramas y sus hojas. No sólo eso, dio cobijo a roedores y reptiles en la tierra, entre sus raíces. Yo, junto con mis verdes hermanas y hermanos, producimos oxígeno para la existencia de la vida sobre la tierra. Así fue como viví mi vida plenamente. Y este no es el fin. Ahora caigo a la tierra, y mi cuerpo será alimento para algunos organismos en el suelo. Ellos convertirán mi cuerpo en estiércol que el árbol absorberá, y producirá nuevas hojas con él. Luego continuaré una nueva vida brindando servicio a los necesitados. ¿Debería lamentarme ahora que estoy cayendo?”

   Como mencioné anteriormente, “la manifestación comenzó por un acto de Sacrificio Divino”.

 Vemos la naturaleza de ese sacrificio como limitaciones de la materia por medio de lo Inmaterial, en velar lo Incondicionado por las condiciones, en la unión de la Libertad dentro de límites … esta manifestación de vida sólo es posible por sus limitaciones, que determinan las condiciones de su evolución, y que al igual que la vida se manifiesta al tomar formas, al eliminar forma tras forma, y al asumir otras nuevas, la vida sigue desarrollándose… Vemos que la forma siempre decae y se renueva, y que la vida sólo puede encontrar la posibilidad de manifestarse al llevar constantemente la materia a la decadencia, y de este modo la preserva como vehículo de manifestación; la vida sólo puede evolucionar al apropiarse continuamente de materia inadecuada para construir y renovar su forma… Él aprende en todas partes que en el sendero de Pravrtti, el sendero de ida, debe acaparar, tomar, acumular y atesorar. En todas partes aprende a tratar de absorber en sí mismo otras formas, y por la unión de éstas con la suya, a preservar la continuidad de su existencia en la forma.[1]

   Los grandes Maestros comenzaron a darle lecciones al Jivâtmâ en evolución, que la vida se preserva no sólo tomando, sino también sacrificando lo que ya tomó. “Todo el mundo está unido por una ley de interdependencia.[2] Recuerdo una historia real que sucedió en la isla de Madagascar. Su cultivo principal era el fruto de un árbol conocido como ‘Kalveria Mayor’. Después que los europeos ocuparon por algunos años la isla, la cantidad de frutos disminuyó considerablemente. Durante algún tiempo no pudieron hallar razón alguna por esta merma. También notaron que en la isla hubo una mengua drástica en el número de aves conocidas como ‘Dodo’. Se los cazaba y mataba para usarlos como carne o por entretenimiento. Más tarde, supieron que la semilla del Kalveria Mayor sólo germina si pasa por el intestino del Dodo. La reducción en el número de pájaros de este tipo fue la causa real del desastre económico.

   Algo similar sucedió en el estado de Kerala. Durante algún tiempo hubo gran demanda de patas de sapos en Norteamérica. Para hacer dinero fácilmente, muchas personas cazaron durante la noche los sapos de los arrozales donde se los encontraba en abundancia. Ese año, los arrozales fueron atacados severamente por pestes, produciéndose por lo tanto un mal rendimiento en los cultivos. Eran los sapos quienes se alimentaban de las plagas, y protegían los campos. “Todas las vidas están relacionadas por una cadena de oro, y esa cadena de oro es la ley del sacrificio, y no la ley de la avaricia.”[3]

   En relación con esto, Sri Krshna le dijo a Arjuna: “Este mundo no es para quien no se sacrifica, sino todo lo contrario. Oh, el mejor de los Kurus.”[4]

 La rueda en movimiento de la vida no puede continuar, a menos que cada integrante, a menos que cada criatura viva, ayude a hacerla girar por la realización de actos de sacrificio. La Vida se preserva por medio del sacrificio, y toda la evolución está enraizada en él.[5]

    “Por lo tanto vemos establecido en el ritual hindú los famosos cinco sacrificios”[6], que son necesarios para el mantenimiento de la vida de todas las criaturas del mundo.

   Es por medio del sacrificio de los deva-s que ellos y los hombres se perfeccionan; luego es el sacrificio de los Rshi-s, los Sabios, y los Maestros. Ese es el sacrificio de los estudios a través de los cuales “aprendemos para enseñar, y así mantenemos la transmisión de conocimiento pasándola de generación en generación.”[7]

   El siguiente es el sacrificio de los mayores, “los Pitr-s reconociendo en ello que así como recibimos del pasado, debemos pagar nuestra deuda dándole al futuro. Después aprendemos a pagar nuestra deuda a la humanidad. Se nos dice que debemos alimentar por lo menos a un hombre cada día”[8]. Su significado es el que se da en el relato de los Pândava-s en exilio. Un día Maharshi Durvâsa con un grupo de rshi-s visitó los Pândava-s justo cuando ellos habían terminado su comida. Ordenó comida y se fue al río a darse un baño. Los Pândava-s estaban muy preocupados porque conocían la ira de Durvâsa, y también que el ‘Akshaya Pâtra’ (recipiente) no daría más alimentos una vez que había terminado de servir. Luego el Señor del Sacrificio mismo llegó y pidió buscar comida en el ‘pâtra’. Quedaba un grano de arroz, “que comió y su hambre fue satisfecha, y al satisfacerla el gran anfitrión los hizo sentir satisfechos”[9], y partieron sin regresar a los Pândava-s. Entonces al alimentar a un hombre pobre, alimentamos a la humanidad misma.

   Finalmente aprendemos del sacrificio a los animales. Al hacerlo alimentamos al Señor de los animales y de este modo se mantiene el mundo animal.

 Aprendemos a extender a ese espíritu de sacrificio la reorganización de la ley de obligación, de la ley del deber. Cuando la Ley del Sacrificio está de este modo entrelazada con la Ley de Obligación y unida a ella, entonces el próximo paso se pone ante el Jiva en desarrollo.[10]

  Todos los actos atan, excepto el del sacrificio. Esto no significa que hay dos tipos de acción, la que limita y la que no. Significa que las acciones se deben ver a la luz del sacrificio, renunciando al fruto de la acción. Cuando un hombre comienza a renunciar al fruto de la acción, cuando ha aprendido a realizar toda acción como un deber, entonces se dirige al Nivrtti Mârga, el Sendero de Retorno. Sri Krshna dijo: “Mejor que el sacrificio de la riqueza es el de la sabiduría, oh Parantapa.”[11]

   “Por el ‘sacrificio de la sabiduría’ aprenderemos a ver a todos los seres en el Yo, y por lo tanto en Dios.” Esta es la lección que el hombre que se desarrolla tiene que aprender. Aquí se produce el punto crítico.

 Él perdió el estímulo del Pravrtti Mârga. Todavía no encontró el estímulo del Nivrtti Mârga… parece haber perdido contacto con el mundo de las formas y los objetos, pero todavía no se contactó con el mundo de la vida, con la ‘otra orilla’.[12]

   “Esta es la prueba de la Vida Interna. No puedes tocar lo superior hasta que no te hayas liberado de lo inferior.[13]“ Luego viene el acto supremo de la fe.

 Al abandonar lo inferior, lo superior está seguro, y dejando de lado la vida que conocemos, la vida Eterna se apropia de nosotros… La Ley del Sacrificio es que la vida del Espíritu consiste en dar, y no en tomar, en brindarse y no es acumular, en auto-entrega y no en auto-apropiación, en dar totalmente todo lo que uno tiene, seguro que la totalidad de la Vida Divina irrumpirá.[14]

 La forma es limitada, la vida es ilimitada. Por lo tanto la forma vive tomando, y la vida crece dando. Exactamente en la proporción en que nos vaciamos de todo lo que tenemos, hay lugar para que la totalidad divina fluya y nos complete más que nunca antes… La renunciación es el secreto de la Vida, así como la apropiación es el secreto de la Forma.[15]

  “Desde el punto de vista de la forma, el aspecto del sacrificio es la ruptura de las formas… que siente la vida retirándose de ellas, y así llegamos a pensar sobre el sacrificio como un acto de dolor.” Esto es así porque nos identificamos con la forma.

 Pero cuando comenzamos a vivir la vida del espíritu, la vida que reconoce al Uno en la multiplicidad de formas, entonces allí comienza a surgir en nosotros la suprema verdad espiritual, que el sacrificio no es dolor sino dicha, no es sufrimiento sino gozo, que lo que para la carne es dolor es bienaventuranza para el Espíritu, que es nuestra verdadera vida.[16]

 Habiéndose elevado a esa gran altura donde todos los yoes se conocen como uno, las diferentes formas son todas suyas, Él se reconoce a sí mismo en cada una… todas son partes suyas… Esa es la verdadera Paz, y eso y solamente eso es Sabiduría. La vida espiritual es sólo conocer al Yo, y esa vida es dicha y paz.[17]

 Si por un momento pudiéramos tener un débil destello de la Vida Espiritual, podríamos comprender la inutilidad de todo lo que el hombre considera valioso. “La Ley del Sacrificio, que es la Ley de la Vida, de la Dicha, y de la Paz”, está sintetizada en el Mahâvâkya ‘tat tvam asi’. Una vez que hemos percibido aunque sólo sea por un momento la unidad del Yo, no rechazaremos a ninguno de nuestros hermanos, no habrá odio ni celos, porque encontraremos en él el mismo Yo, aunque de diferente forma.

   Cuando percibimos esto y “sabemos que el único valor del cuerpo es ser un canal de lo superior, ser un instrumento de esa vida, lenta y gradualmente él se eleva sobre todo pensamiento, excepto el pensamiento de unidad, y se siente como parte de este mundo sufriente. Luego él siente que los dolores de la humanidad son los suyos… y ve a través de todas las diferencias al Yo Uno subyacente. En el grado en que tú y yo… no reconozcamos las diferencias, sino que sintamos la unidad de la vida, y sepamos que esa vida es común a todos… en ese grado viviremos la Vida Espiritual… Nada menos que esto es espiritual, nada menos que esto es sabiduría, nada menos que esto es la vida real.”

   ¿Cómo podemos hacer que esto sea real? “Sólo por medio de actos de renunciación diarios, en cosas pequeñas de la vida, sólo aprendiendo en todo pensamiento, palabra y acción, vivir y amar la Unidad; y no sólo hablar de ella, sino practicarla en toda ocasión, colocándonos a nosotros mismos en último lugar y a los demás en el primero, viendo siempre las necesidades de otros y tratando de suplirlas, aprendiendo a ser indiferentes al reclamo de nuestra propia naturaleza inferior y negándose a escucharla…

   “Le hablamos a la Gran Renunciación.” No se logra en un día. Renunciar varias veces, se logra una y otra vez en cientos de vidas. Se lograron por ‘la práctica constante de pequeños actos de renunciación en la vida, por compadecerse constantemente, por los (constantes) sacrificios diarios en la vida humana común’.  También podemos hacer Grandes Renunciaciones si comenzamos “en la vida diaria, en nuestras reiteradas relaciones con nuestros semejantes… No es sólo una hazaña la que sorprende al mundo maravillándolo, lo que logra el verdadero discipulado… La vida del discípulo se vive en el hogar, en la ciudad, en la oficina, y en el mercado, entre la vida común de los hombres.”[18]



Referencias

[1] Besant, A. Las Leyes de la Vida Superior.

[2] Besant, A. Las Leyes de la Vida Superior.

[3] Besant, A. Las Leyes de la Vida Superior.

[4] Bhagavadgitâ, IV.31.

[5] Besant, A. Las Leyes de la Vida Superior.

[6] Besant, A. Las Leyes de la Vida Superior.

[7] Besant, A. Las Leyes de la Vida Superior.

[8] Besant, A. Las Leyes de la Vida Superior.

[9] Besant, A. Las Leyes de la Vida Superior.

[10] Besant, A. Las Leyes de la Vida Superior.

[11] Bhagavadgitâ, IV.33.

[12] Besant, A. Las Leyes de la Vida Superior.

[13] Besant, A. Las Leyes de la Vida Superior.

[14] Besant, A. Las Leyes de la Vida Superior.

[15] Besant, A. Las Leyes de la Vida Superior.

[16] Besant, A. Las Leyes de la Vida Superior.

[17] Besant, A. Las Leyes de la Vida Superior.

[18] Besant, A. Las Leyes de la Vida Superior.

viernes, 3 de abril de 2015

Conocer por uno mismo


 


Reimpreso de The Theosophist, febrero 1974.

 WALLACE  SLATER

 ¿Cómo sabemos lo que pensamos que sabemos? ¿Podemos saber algo verdaderamente? Esto depende de lo que entendamos por saber: ¿meramente contactar un tema, o realmente comprenderlo? Tenemos un número de palabras para expresar cuán profundamente enraizado está nuestro conocimiento  en nuestra conciencia. Pensar: el principio del proceso. Sentir: tener una certeza emocional. Creer: aceptar sin experiencia personal. Experimentar: tomar parte en hechos de modo personal. Aprehender: captar una idea por experiencia sensual o intelectual. Comprender: captar la idea como un todo con entendimiento mental. Entender: comprender el significado y la explicación totales.

   Desde tiempo inmemorial, los filósofos se han cuestionado la naturaleza del conocimiento y su relación con la verdad, y la relación del conocedor, el conocer y lo conocido.

   La filosofía, incluyendo la metafísica, se diferencia de otros campos de investigación en que no está limitada a algo, sino que toma el mundo o la Naturaleza como un todo, y empieza a encontrar respuesta sobre la naturaleza del conocimiento mismo, sobre la verdad, el error, el ser y la experiencia. El objetivo de la filosofía es lograr un estado completo, llevando todos los interrogantes al fin último.

   La experiencia incluye lo subjetivo y lo objetivo, pero no se relaciona con lo incognoscible. Por lo tanto, podemos decir que el conocimiento con la experiencia está relacionado con el contenido e implicancias de nuestra experiencia consciente.

   El método de la metafísica desarrollado por los filósofos en los últimos cuatrocientos años, es de interés con respecto a niveles de conocimiento. Descartes usó el enfoque dogmático, comenzando con una afirmación sobre la que no puede haber duda alguna. Esto implica asumir la verdad de algo conocido. Locke siguió este método para analizar el contenido de la mente misma, el enfoque psicológico comenzando con ‘yo pienso’ y luego educiendo lo que está contenido en la conciencia individual. El enfoque crítico de Kant, era examinar los métodos y campos del conocimiento mismo, epistemología, con énfasis sobre la diferencia entre lo objetivo y lo subjetivo. Él preguntaba: ¿Es esta diferencia aceptada, válida? ¿Qué significa nuestra experiencia del mundo con respecto a nuestro conocimiento del mundo?

   De este modo el pensamiento filosófico se movió hacia una visión más amplia de la naturaleza del conocimiento en relación con el universo como un todo. Esto nos vincula con el tema teosófico de la Unidad de todas las cosas, que soy uno con el mundo externo y por lo tanto puedo extender mi conciencia para abarcar el mundo, tomando lo que es objetivo en mi conciencia subjetiva; luego puedo realmente conocer el mundo, y eso no significa sólo el mundo físico material.

   Sobre este punto H. P. Blavatsky en La Clave de la Teosofía dice:

 Los antiguos teósofos afirmaron, y también lo hacen los actuales, que lo infinito no puede ser conocido por lo finito, es decir, sentido por el yo finito, pero que la esencia divina podría ser comunicada al Yo Espiritual superior en un estado de éxtasis. La verdad puede ser experimentada ‘volviéndose tan puro como los seres incorpóreos’.

 Ese, seguramente, es un nivel de conocimiento elevado.

   Examinemos cómo experimentamos y conocemos el mundo a nuestro alrededor, tanto el objetivo como el subjetivo.

   Todos nosotros vivimos en un número de lo que los filósofos llaman ‘universos’. Un universo en este sentido es el área de actividad consciente en la que un individuo está operando en un determinado momento. El término se usa especialmente en lógica significando el campo de referencia. Ejemplos de tales campos son: nuestro hábito de sentir, nuestro modo y modelo de comportamiento, nuestro temperamento emocional, nuestra vida de negocios, nuestra familia.

   Estamos conscientemente activos en todos estos universos, con una concentración especial en momentos diferentes, a veces limitados a uno, y a varios en otras oportunidades. Según la Teosofía también tenemos una pluralidad de vehículos de conciencia: físico, emocional, mental, espiritual, y cada uno de éstos actúa en su propio grupo de universos.

   Otros universos reconocidos por la filosofía son: el científico, el ético, el estético, el religioso, el especulativo. Nuestra reacción a lo que oímos, leemos, respecto a lo que pensamos o experimentamos depende de qué universo estamos en ese momento. ¿Estamos juzgando con nuestra actitud de conciencia científica, ética, estética o religiosa? Tales enfoques resultan en variedades de conocimiento.

   Tomando los vehículos o niveles de conciencia en la forma teosófica tradicional, reaccionamos al mundo externo de un modo físico, emocional, mental y espiritual, nuestro juicio está condicionado según el principio o principios dominantes en ese momento.

   Entonces, ¿cómo sabemos lo que afirmamos saber? El cuerpo físico conoce por experiencia práctica y por experimentar. La Ciencia Material se basa en la observación del fenómeno físico, ya sea natural como en la observación de las plantas, animales, objetos astronómicos, etc., o por experimentos planificados.

   Nuestros vehículos superiores de conciencia son más sutiles. No es fácil separar la mente de las emociones. Y ¿qué ocurre con lo espiritual? Existe un factor que une todos nuestros vehículos de conciencia (niveles) y nuestros universos personales (variedades). Podemos llamarlo la ecuación personal. Sé que soy. Soy conciente de mí mismo. Soy conciente de una continuidad personal, que aunque cambien las condiciones, sigo siendo la misma persona que fue a la escuela hace muchos años, que vivió dos guerras mundiales. Seré el mismo mañana, espero.

   Pero lo que realmente quiero saber es cómo sé cualquier cosa. ¿Cuál es el mecanismo, el instrumento, el vehículo para conocer, y luego cómo juzgo el valor de lo que sé, o pienso que sé? Cuando digo “Yo sé quién soy”, ese ‘yo’ es una entidad muy compleja.

   Durante las primeras etapas de la evolución, el ‘yo’ se relaciona con su propia existencia, su existencia continua, y esto se logra más o menos, por instinto animal: la búsqueda de alimento, auto-protección, y la existencia futura de la raza, de las especies. Gradualmente aparecen nuevas cualidades, no sólo la actividad de un cerebro más grande, sino el llamado de lo que ahora denominamos alma o espíritu. La humanidad muy rápidamente irrumpió en un plano de existencia más elevado, un universo más amplio, y entonces el ‘Yo’, se hizo conciente de ser capaz de saber, no sólo el mundo objetivo externo, no sólo el mundo objetivo de su propio cuerpo, sino también del mundo subjetivo que siente que es algo que está en su interior, indefinido y vago, pero definitivamente aquí.

   Esta experiencia está ubicada en la mente. Para citar a Descartes, “Pienso, por lo tanto existo”. Podríamos ampliarlo y decir “Pienso, por lo tanto sé que soy.” Pero el ‘conocer’ requiere de un objeto: yo sé ¿qué? Sólo logramos conocer esas cosas que podemos absorber en nuestra conciencia personal, en el pequeño mundo interior del yo.

 Cerebro, mente, inteligencia

   La ciencia ha tratado de explicar esta experiencia subjetiva del mundo objetivo tratando de probar que todo está en la actividad electro-química del cerebro, que la mente es el cerebro.

   Una palabra con un significado más amplio que la mente es inteligencia. Los psicólogos definen la mente como el asiento de la conciencia, del pensamiento y de los sentimientos. Usando lenguaje teosófico, este es el vehículo del pensamiento y sentimiento conciente, manas. La inteligencia es la facultad de conocer y razonar. Es una cualidad más que un instrumento o vehículo. En este sentido la inteligencia tiene la misma relación con la mente, que el estado del ser lo tiene con el individuo. Yo, el individuo, soy. La mente, actuando inteligentemente, conoce y razona.

   Lo expresado precedentemente puede estar definiendo los términos arbitrariamente, pero puede ayudarnos a comprender esa facultad, o cualidad, de la inteligencia que está más allá del cerebro, que pre-existió al cerebro y que vivirá después de éste. Puede que el término sánscrito Chit exprese lo que he tratado de decir. Según varios glosarios Chit es “usualmente considerado como inteligencia, pero también conciencia y pensamiento puro” (Bendit). Chitta se dice que “corresponde a la mente de la psicología moderna pero con una trascendencia, y campo de funcionamiento más completo” (Taimni).

   Por esta razón he elegido la palabra ‘inteligencia’, comparándola con el término ‘seidad’, como lo usó H. P. Blavatsky en La Clave de la Teosofía, donde dice respecto al Absoluto, “ESTE no piensa porque es el Pensamiento Absoluto mismo. Tampoco existe… porque es la existencia absoluta, y la Seidad, no un Ser.” Por lo tanto, estoy usando inteligencia queriendo decir pensamiento absoluto. Apoyando esto, en el mismo libro, HPB dice que Sinnett debería haber titulado su libro Budhismo Esotérico con una ‘d’, significando ‘todo lo que implica la sabiduría (Bodha, bodhi, inteligencia, sabiduría)’.

   El punto de vista teosófico es que la inteligencia es fundamental y no un producto final del proceso evolutivo como la Ciencia nos querría hacer creer. Existen sin embargo un número importante de científicos modernos que aceptan que la mente y la inteligencia no están limitadas al cerebro físico (Ver: Inteligencia, Humana y Cósmica, del Dr. E. Lester Smith FRS, y Raíces y Coincidencia de Arthur Koestler). Esto nos da otro modo de evaluar nuestros niveles de conocimiento: el cerebro en el nivel físico, la mente como el vehículo no-físico y la inteligencia como la esencia que todo lo impregna.

 Manas y Mahat

   Yendo más específicamente al enfoque teosófico, los niveles del conocimiento se pueden considerar como manas superior e inferior, con antahkarana o manas intermedio, como el puente. Uniendo esto con lo que se dijo respecto a la inteligencia fundamental, hay otra palabra sánscrita Mahat que literalmente significa grande pero en el sistema brahmánico, y en La Doctrina Secreta se toma como el Padre-Madre de manas. Se describe figurativamente como la ‘madre’ de los Mànasa-putra-s, los Hijos de la Mente, esos seres semi-divinos (entidades) que ayudaron a nuestra humanidad en la tercera Raza Raíz de esta Ronda, para darnos ‘luz intelectual’. Los mânasa-putra-s se dice que también son nuestra naturaleza superior: están sobre nosotros, fuera de nosotros, y sin embargo compartimos su vida. Ellos aceleraron e iluminaron en nosotros los Manas-manas de nuestro manas septenario.

   Mahat, entonces es la mente universal, la mente-como-tal (Bendit), mente pura, la que yo he llamado inteligencia, el nivel más elevado de conocer.

   De ese nivel recibimos nuestra mente individual manas-manas, a veces llamada buddhi-manas o más comúnmente manas superior. Es preferible, buddhi-manas, interpretando a buddhi como iluminación, y por lo tanto buddhi-manas, como la mente iluminada. Esto se ha elaborado en la literatura teosófica elemental como ese principio pensante que puede tratar con ideas o conceptos abstractos. Por contraste el manas inferior o mente inferior se lo considera capaz de tratar sólo con ideas concretas.

   El manas superior (mente) es lo que continúa después de la muerte como una esencia en la Mónada espiritual. También se la denomina Ego reencarnante. No desarrollaremos esto plenamente hasta el final de la próxima (5ta) Ronda, pero en esta 5ta Raza ensayamos su uso. En este nivel, si podemos separarla del manas inferior con sus velos físico y físico-etérico, entonces realmente podemos conocer en el sentido de contactar la realidad.

   El manas inferior, también llamado kâma-manas, es la mente personal, animal o de deseos, de los escritos de HPB. Trabaja sobre las percepciones recibidas por los sentidos desde el exterior y por lo tanto trata con el mundo objetivo. Esto limita su funcionamiento a cosas concretas e ideas claras. En este nivel todo el pensamiento está influido por los sentimientos y las emociones, y por las atracciones de las cosas materiales.

   Puede ser útil pensar en dos mentes, y en su naturaleza septenaria, pero hay por cierto sólo una mente que es el punto central de la conciencia humana. Podemos pensar sobre esto como un manas intermedio o antahkarana. Ésta última palabra significa literalmente ‘entre la causa o el efecto’. Uno podría decir el ‘intermediario’. Se usa particularmente para el puente entre el Ego Divino y el alma personal del hombre, y este puente es un manas intermedio, entre la mente superior y la inferior.

   De modo más general es el puente entre cualquiera de los dos centros monádicos en la constitución septenaria del hombre. Aplicando la idea monádica a los cuatro niveles de conocer: mahat, manas superior, manas intermedio, y manas inferior, nos damos cuenta que estos niveles emergen en otro por la influencia de la Mónada Divina, la fuente fundamental única de todo lo que somos. De esa fuente fluye la inteligencia y la vida para formar un foco de consciencia dentro de cada ser humano y en cada nivel.

   He examinado un amplio campo de la filosofía, la psicología y algunas ideas teosóficas sobre la constitución del hombre para indicar cuán compleja es la organización de conciencia que tenemos o que somos.  Esto significa que para conocer algo por uno mismo, se requiere una actitud de gran apertura mental. Sea cual sea el conocimiento que adquirimos por nuestros sentidos, nuestro estudio, nuestra imaginación o intuición, estará influida por el nivel o la variedad de actividad mental que aplicamos a esa adquisición. Esto es válido para toda búsqueda e investigación, ya sea en el reino de la Ciencia física o el campo de la metafísica, incluyendo la Teosofía.

   El punto importante es saber qué factores son factibles de estar influyendo nuestro juicio. La recepción de ideas está modificada por el universo en el que la mente está actuando en ese momento, ya sea científico, ético, etc., y como éstos varían de vez en cuando, entonces hay inconsistencias naturales en nuestro pensar, incluso sobre el mismo tema. Nuestros vehículos de conciencia también cambian en su dominio, por lo que el conocer no está limitado al nivel mental. También tenemos la limitación impuesta en la mente y la inteligencia por las limitaciones del cerebro físico. Finalmente existe el enfoque más específicamente mental en la idea teosófica de los tres niveles de pensar, mente superior, intermedia e inferior (manas) que son manifestaciones de la Mente Universal o inteligencia (Mahat), con la Mónada como una influencia unificadora para abarcar todos los niveles del pensamiento en un Ser íntegro, el microcosmo como encarnación del macrocosmo.

   ¡Qué naturaleza compleja! ¿Es acaso sorprendente, que nos resulte difícil saber qué es lo que sabemos, cuando pensamos que sabemos algo? La literatura teosófica ha enfatizado la necesidad para cada individuo de establecer su propio cúmulo de conocimiento útil, o por lo menos de ser capaz de decir lo que sabe por sí mismo, y qué ha aceptado meramente porque otros se lo han dicho. Esta idea de conocer por uno mismo es particularmente importante con respecto a nuestro conocimiento de las cosas reales de la vida, las que son el interés particular de la religión, la sabiduría antigua, la filosofía perenne, la Teosofía.

 De lo irreal a lo real

   Existe un método de elevar la consciencia a tan alto nivel, que uno puede examinar los contextos de la mente liberada de cualquier universo particular de comportamiento o nivel de conciencia mental: es el camino de la meditación. Trabaja objetivando nuestras experiencias subjetivas de modo que son examinadas como desde afuera de nosotros. Paradójicamente, esto puede hacer el examen impersonal, pero también hace el resultado más personal, en el sentido que el resultado es conocimiento de uno mismo, más que el resultado negativo de aceptar las ideas de otras personas sin confirmación personal.

   Todo estudiante real usa este método, ya sea que lo llame meditación o no. Primero él fija su mente sobre el tema. Tiene que concentrarse sin distracción de los sentidos. Luego reflexiona sobre ello, lo considera, relaciona la idea con su marco de conocimiento, considerando la cuestión en todos sus muchos aspectos y relaciones. A medida que el tema se desarrolla ante su imaginación, todas las opiniones parciales de allí en adelante se funden en una experiencia incluyente de comprensión.

   Es usual referirse a lo dicho precedentemente, como un proceso dual de concentración y meditación: en términos sánscritos dhârana y dhyâna. La concentración contrae la mente y la enfoca sobre el tema. La meditación expande la mente sobre la cuestión, extendiendo el campo de conciencia. Tal meditación es creativa y abre la mente a una comprensión más profunda.

   Es más común pensar sobre la meditación como usada para adquirir una experiencia personal de la naturaleza de la realidad, la verdad en un sentido abstracto, y un medio de lograr la así llamada liberación e iluminación espiritual. Pero muchos científicos usan el método en el campo de la investigación ortodoxa, aunque puede que no la llamen meditación. Toda investigación científica debe ser conducida de tal modo que los resultados son fundamentalmente independientes de primeras impresiones, e imparciales de condicionamientos mentales previos.

   Un buen ejemplo de esto se puede ver en el progreso de las ideas en la naturaleza de la materia. Para el laico la materia era, y todavía es un continuo, para propósitos prácticos de cada día. Por esto quiero significar que los sólidos tienen superficies que son continuas, ya sean suaves, ásperas o blandas. Los líquidos y los gases son fluidos pero hay también para los sentidos una continuidad en la masa del fluido. La materia física puede separarse en partículas cada vez más pequeñas y hasta 1896 la Ciencia consideró la materia como compuesta de pequeñas partículas indivisibles llamadas átomos. La teoría cinética de gases estaba basada en la idea que estos átomos eran bolas elásticas que rebotaban unas contra otras. Este fue el primer paso más allá de lo que puede experimentarse y conocerse por los sentidos.

   El próximo paso fue descubrir que cada átomo tiene una estructura complicada, un núcleo complejo de protones y neutrones en el centro rodeado por electrones a distancias relativamente lejanas del centro. Aunque los sentidos no podían ver o sentir el átomo, la mente produjo modelos que podían visualizarse, primero el modelo Bohr-Rutherford planetario, y luego el de Lewis-Langmuir con los electrones en los ángulos de un cubo imaginario. Por medio de ambos modelos, la materia ahora se veía compuesta de partículas de materia, casi infinitamente pequeñas separadas por distancias relativamente tan grandes como para parecer ser sólo espacio vacío.

   Pero incluso esos modelos tridimensionales, más allá de los cinco sentidos, tuvieron que ser abandonados por una fórmula matemática todavía más alejada del mundo de las cosas diarias. Las partículas de materia ahora se volvieron ondas comportándose como partículas, pero no aceptadas como partículas; ondas de energía, porque es la energía, más que la estructura, con lo que se han interesado ahora los físicos. Tal átomo no puede ni ser visualizado por la mente. Es como si cuanto más se acerca la Ciencia a la realidad, más se aleja nuestro conocimiento del mundo físico objetivo de nuestros sentidos, primero a la mente más allá de los sentidos y luego más allá de la mente. La teoría ondulatoria de la materia es un concepto mental, pero abre el camino para trascender la mente.

   Este ejemplo de cómo la Ciencia ha desmaterializado la materia se dio para mostrar que los métodos modernos de la Ciencia pueden elevar la conciencia para trascender la mente. De aquí mi afirmación anterior, que el camino de la meditación la usan los científicos, y se vuelve más obvio cuando tratan de comprender la naturaleza de la realidad.

   Volviendo a la práctica específica de la meditación como un modo de conocer algo de la realidad por uno mismo, el término dhyâna significa que la mente y el corazón están bañados en conocimiento puro e iluminación, libre de las atracciones del mundo externo, libre de las atracciones del yo inferior.

   El próximo paso es samâdhi, la contemplación. HPB la llamó éxtasis. Puede surgir una profunda meditación cuando la conciencia inferior está unida con la conciencia superior. Es como si uno elevara los principios inferiores al mundo del Espíritu, trasmutándolos en una totalidad, una unión entre lo superior y lo inferior, y entre el Uno y los muchos.

   Al hablar de niveles mentales he indicado que no deberíamos ser demasiado cortantes al dividir lo inferior de lo superior. Es útil analizar nuestros modos de pensar, de modo concreto y abstracto, etc., pero uno debería elevarse sobre las barreras entre los diferentes métodos. De modo similar con la meditación, las tres etapas de concentración, meditación y contemplación pueden estar separadas y ser diferentes, pero es mejor dejar que una se funda con la otra. Luego el proceso triple es samyama, literalmente un ‘mantener juntos’, Ernesto Wood lo tradujo como equilibrio.

   Cuando decimos ‘sabemos’, existen muchos modos de conocer, desde la experiencia sensual del mundo objetivo a la experiencia subjetiva de samâdhi, de la aceptación de las teorías de alguien, a nuestra propia experiencia personal. Lo que sí sabemos es que no hay un conocer absoluto. Todo conocimiento es relativo.

   Cuanto más nos acercamos a la realidad como individuos es cuando estamos relajados mentalmente, libres de parcialidades o tensión de ningún tipo. Ese es el objetivo de la meditación y de la Yoga, considerando esas prácticas en sus significados más amplios, ya sean usadas inconcientemente por un científico en la investigación ortodoxa, o concientemente por un yogui en su esfuerzo por la auto-realización. Ambos están interesados en la ‘totalidad de la realidad’. Este concepto se refiere a las actividades más elevadas del hombre e implica que el mundo externo es la manifestación de una realidad fundamental, una ‘cosa’ en sí misma, un absoluto. La meditación o el estudio de ella puede resultar en un destello personal de ese absoluto, lo suficiente como para producir un estado de equilibrio perfecto de todo nuestro ser.

   El enfoque científico hacia todo el conocimiento es mantener ideas sutilmente, reconociendo que en cualquier momento algún descubrimiento nuevo cambiará las ideas fijas previas. Entonces uno necesita escuchar tolerantemente todas las otras ideas, sin reaccionar automáticamente a favor, o contra ellas. Esto se aplica de igual modo a la sabiduría antigua, la Teosofía, como a cualquier otro campo del conocimiento. ¿Qué sabemos realmente de las Verdades eternas de la vida y del universo?, y ¿las sabemos sólo porque nos las dijeron? Aunque la Teosofía ha sido expuesta por generaciones de pensadores y sabios a través de las edades, y en nuestra Sociedad durante muchísimos años, cada miembro debe finalmente establecer su propio enfoque personal de la Verdad, y tener la satisfacción de que lo que acepta, lo sabe por él mismo. Y cuando lo encuentra, debe aceptar que todavía está lejos de conocer la totalidad de lo que encontró.

miércoles, 1 de abril de 2015

La Mente: ¿recipiente de ignorancia o de Verdad?


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LINDA OLIVEIRA.

 Una forma poderosa de comprender la consciencia humana es por medio de símbolos. La mente puede considerarse como un recipiente o vasija, una palabra que deriva del latín vascellum, “vaso o urna pequeña”, que curiosamente también significa “embarcación”. Invito a visualizar estos dos símbolos: primero como una urna, y en segundo lugar como una embarcación. Una urna es un contenedor, por supuesto, tal como una urna de jardín en la que puede crecer una planta y se apoya en una base. Una embarcación también es un contenedor pero con movimiento inherente, tiene la capacidad de viajar de una orilla a la otra. Ambas imágenes le proveen a la mente oportunidades muy vívidas, su condición actual y su potencial. Viajemos un momento por las funciones de la mente, por una parte como un recipiente para la ignorancia, y por la otra, como un recipiente para la Verdad.

 Un recipiente de ignorancia

Cuando miramos a nuestro alrededor, vemos que en la actualidad predomina notablemente una carencia de profundidad en la vida humana. La mente en su expresión kama-manásica muy rara vez está en calma, le gusta repetirse, y frecuentemente está en un estado de división. Nuestro sentido de separación se origina en este nivel de la mente, y se refuerza a diario.

 En La Voz del Silencio, se menciona ese estado de consciencia, descripto como el Vestíbulo de la Ignorancia o avidyâ. Esta es la disposición del individuo común que constantemente se vuelca hacia el mundo externo, que no tiene ningún interés particular en un significado más profundo de la vida, que vive el momento y se siente cautivado por diferentes atracciones. Ciertamente, a este vestíbulo se lo describe de modo notable con estas palabras:

 Verdaderamente, la ignorancia se asemeja a un vaso cerrado y sin aire: el alma es como un pajarillo preso en su interior. No gorjea ni puede mover una pluma, mudo y aletargado queda el cantor, y exhausto muere. (112. Fragmento II)

Podemos notar muy bien aquí la descripción de la ignorancia como un recipiente, pero con la cualidad de que está cerrado y sin aire; en otras palabras, no se pueden oír las notas de la naturaleza interna.

 Los significados de avidyâ incluyen lo opuesto a vidyâ, el Conocimiento; también es ignorancia que procede y es producida por la ilusión de los Sentidos o viparyaya. De esto se deduce que ver con los ojos físicos es tener una visión parcial, no una verdadera visión. De modo similar, nuestros otros sentidos físicos nos dan una imagen incompleta, en el mejor de los casos nos proveen con percepciones de cosas o situaciones que son verdades parciales.

 Lo que comprendemos por medio de los sentidos físicos, requiere de la acción de la mente. Normalmente asimilamos aspectos del mundo a nuestro alrededor usando a kama-manas como medio, lo que puede ser notablemente poco fiable. Consideren este ejemplo. Supongan que nos encontramos con una persona después de algunos años. Él o ella pueden verse un poco más viejos y tener un aspecto ligeramente diferente. Puede que veamos la verdad de esto. Pero tal vez hemos reaccionado a algo que esa persona dijo o hizo en el pasado. Puede que haya algún prejuicio residual contra él o ella. Por lo tanto, nuestra percepción está coloreada y no vemos verdaderamente lo que está frente a nosotros ahora. Por ejemplo, podemos estar ciegos al hecho de que el individuo de referencia realmente ha cambiado en cierta forma, o no ver una verdad mayor respecto a sus virtudes. Por lo tanto no comprendemos la realidad total de tal situación, debido a una ilusión de los sentidos.

 Ya se mencionó que uno de los significados de recipiente, es urna. Una urna tiene una base cerrada que la conecta con la tierra. La urna rústica con su base apuntando hacia abajo, puede considerarse como un símbolo para la mente como un recipiente de ignorancia en el que las notas del alma no se pueden expresar.

 Magnetismo opuesto

Los grandes polos de la existencia: purusha y prakriti, se reflejan en las polaridades de nuestra naturaleza. Cuando el mundo sensorial no satisface lo suficiente, existe una especie de magnetismo contrario que comienza a actuar; esto requiere de una reorientación y movimiento activo. Aquí podemos usar el símbolo de la mente como una embarcación, parte del significado que deriva de la palabra “vessel” (“vasija” en inglés). Consciente o inconscientemente, comienza el proceso arduo pero glorioso de abrir un puente o canal hacia la naturaleza interna, por medio del cual se hace posible, finalmente, contactar el orden divino de las cosas. Pero la embarcación debe ser duradera; para forjar el antahkarana es necesario dedicarse con tenacidad, de modo que nuestra consciencia de cada día pueda navegar por este canal, como un barco, en una consciencia más plena.

 Una de las afirmaciones más citadas de Las Cartas de los Mahatmas a A. P. Sinnett, es del Mahatma KH:

 ¿Hay alguno de ustedes tan ansioso de conocimiento y de los poderes benéficos que éste confiere que esté dispuesto a abandonar su mundo y venir al nuestro? (carta 2).

Esta afirmación tiene una tremenda intensidad de significado. En primer lugar, necesitamos saber qué es nuestro mundo para saber qué vamos a abandonar. Este mundo es el centro de nuestra experiencia inmediata, sin embargo, ¿con cuánta exactitud lo percibimos?

 Al respecto, el Dr. Taimni sugirió muy convenientemente dos líneas de investigación por medio de las cuales uno puede darse cuenta que el desarrollo interno es deseable. Por otra parte, hay un examen cuidadoso y exacto del mundo en el que vivimos, que puede realmente darnos la certeza que estamos en un estado de ignorancia.

 La mente como recipiente de Verdad

La segunda parte del enfoque del Dr. Taimni es examinar el mundo al que vamos a entrar, lo que nos lleva a la pregunta: ¿Qué es Su mundo? Uno de los Mahatmas escribió a A. P. Sinnett (carta Nº17) sobre la cualidad de percepción que posee un Adepto, que es totalmente diferente: “Para adquirir un mayor conocimiento, ya no tiene que recurrir a un minucioso y lento proceso de investigación y comparación de diferentes materias, sino que se le concede una instantánea e implícita percepción de toda verdad primordial.” Además, “… el adepto ve, siente y vive en la misma fuente de todas las verdades fundamentales – la Esencia Espiritual Universal de la Naturaleza, SHIVA el Creador, el Destructor y el Regenerador”.

 Puede haber momentos cuando estamos en calma y nos sentimos más cerca del Yo, cuando podemos percibir un poco de Su mundo al usar nuestros sentidos internos, como opuesto a los sentidos externos que usamos diariamente.

 ¿Cómo puede la mente acercarnos más hacia Su mundo? Es necesario que funcione como un recipiente de un orden diferente, uno que sintetiza y descubre principios unificadores, en vez de ser divisorio, analítico y crítico. Porque es este aspecto universal de la mente, combinado con nuestro corazón intuitivo, lo que ayuda a revelar los significados más profundos de la vida. Ciertamente esto ha sido descripto como el reino de la Verdad universal, el Bien, la Verdad y la Belleza de Platón. Una trinidad similar existe en la tradición hindú de satyam, sivam y sundaram.

 ¿Qué es entonces la Verdad? N. Sri Ram dio una descripción relevante:

 La Verdad se puede considerar como el significado dado por el Espíritu interno a cualquier cuerpo de hechos, y ese significado tiene un encanto y un poder que puede entrar a las raíces mismas de nuestro ser.

Él también expresó que sólo puede ser experimentado en nosotros mismos cuando la mente y el corazón están completamente abiertos.

 Vayamos ahora a la leyenda del Grial, que describe bellamente cómo la mente puede volverse un recipiente de Verdad. Hemos considerado un recipiente como una urna. El Grial es la versión de una urna, porque es una especie de cáliz o recipiente poco profundo, pero de una naturaleza verdaderamente sagrada en la que el receptáculo se transforma. Es significativo que el símbolo del Grial se use en los rituales de todo el mundo. Las mitologías de Oriente y Occidente hacen referencia a la búsqueda épica humana de significado. Se ha observado que cada uno de los participantes en el drama de la búsqueda del Grial está presente dentro de cada uno de nosotros aquí y ahora. Una versión de la leyenda del Grial, la historia de Parsifal, comienza con el héroe que vive en el bosque: el hecho de que él no sea verdaderamente consciente de su nombre es muy simbólico. Se puede considerar que el bosque representa un estado de ignorancia, gobernado por los sentidos. Provee una imagen de Parsifal cercado e incapaz de ver claramente.

 Joy Mills sugirió que somos como Parsifal, comenzando nuestro peregrinaje humano como un simple tonto, ignorante e infantil. En el camino nos enfrentamos con muchas tentaciones que a menudo se disfrazan de algún modo, nos hacemos amigos de varias clases de individuos. Parsifal finalmente se convierte en el despierto espiritualmente, aquél que resiste toda tentación. De igual modo, al prestarle atención al reino de la Sabiduría espiritual podemos descubrir esa Verdad, por medio de la cual podemos regenerarnos a nosotros mismos así como al mundo. Recuerden que el mundo de los Mahatmas se vive dentro de SHIVA, el regenerador.

 Toda la leyenda del Grial puede considerarse como un símbolo del Sendero espiritual, en el que el Grial tiene dos aspectos. Como ya se mencionó, es un cáliz o recipiente del que debemos beber profundamente para recuperar nuestra verdadera naturaleza. En este sentido se lo puede considerar como el cáliz del vehículo causal, un receptáculo para la vida espiritual. Por otra parte, el Grial también es una joya o piedra con poderes milagrosos para curar y transformar. En este sentido podemos concebirlo como la consciencia búdica, cuyo efecto transformador ayuda al espíritu humano inmortal a expresarse por medio de manas.

 La búsqueda del Grial también se cuenta por medio de las leyendas del Rey Arturo. Escuchen estas palabras de The Idylls of the King (Los Idilios del Rey), en el momento en que el Rey Arturo formó la Mesa Redonda en la que se sentaron los Caballeros:

 Luego el Rey, con tonos graves y profundos y palabras simples con gran autoridad, los comprometía por medio de rectos votos con su propio yo, y cuando se levantaban, nombrados caballeros estando de rodillas, algunos estaban pálidos como si hubieran visto un fantasma, algunos se sonrojaban, y otros miraban, como alguien que espera medio ciego, la llegada de una luz. Pero cuando el Rey hablaba y le daba ánimo a su Mesa Redonda con hermosas y divinas palabras, más de lo que les puedo decir, observaba atentamente que toda su Orden mostraba súbitamente una semejanza momentánea al Rey.

Al Rey se lo describe en la leyenda como alguien que inspira y eleva a sus Caballeros, en cuya presencia se elevaban. Unía los reinos en lucha. Le otorgaba la misma importancia a cada Caballero y los inspiraba. Se convirtió en rey por accidente, o por lo menos, así es como al parecer sucedió. Una espada particular había sido colocada mágicamente en una piedra, esperando que la persona correcta la sacara. Significativamente, a pesar de esfuerzos desesperados e inútiles, nadie había podido liberar la espada. Sin embargo el joven Arturo sacó la espada, y lo hizo fácilmente. Sin embargo, y éste es el punto crítico, su intención era dársela a otro para que la usara. Por lo tanto su motivo al sacar la espada fue puro, no había auto-interés. Él no había clamado por el poder que la espada representaba y tenía.

 Al Rey también se lo puede considerar como nuestra naturaleza más interna. La popularidad misma de la leyenda del Grial en los últimos años es significativa. Se la ha descripto, psicológicamente, como el símbolo de todo ser humano en el que ya no existe división alguna, en quien los opuestos en lucha se han integrado en un todo. Muchos individuos son claramente afines con los arquetipos detrás de los personajes descriptos en el relato, que esencialmente representan.

 La mente ciertamente es un recipiente. Es un recipiente de ignorancia cuando la urna rústica, hablando simbólicamente, toca la tierra y se convierte en un recinto de juego para los sentidos. Pero es un recipiente de Verdad cuando la urna rudimentaria se trasmuta en su gloria total, el Grial interior. Recuerden que la palabra también deriva del término latino que significa “embarcación”. Cuando nuestra consciencia se mueve con un objetivo hacia el polo espiritual de nuestra consciencia, se vuelve una embarcación que navega con una energía y determinación enfocada, moviéndose de aguas tormentosas a otras más calmas, hacia la otra orilla, que ciertamente es un mundo nuevo.

 Concluyamos con una observación de nuestra Presidenta extinta, Radhaji, quien observó cómo la mente fragmentada (o, podríamos decir, la mente ignorante) no puede tratar los problemas actuales. Ella afirmó que es vital que estemos conscientes de nosotros mismos, de nuestra Verdadera naturaleza, y que podamos percibir nuestro potencial interno. Y esto, dijo, ¡no es una cuestión teórica!

 Referencia:

 Barker, A. Trevor, Las Cartas de los Mahatmas a A. P. Sinnett de los Mahatmas M. Y K. H. en orden cronológico, TPH, Manila, 1993.

Blavatsky, H. P., Glosario Teosófico. The Theosophy Company, Los Ángeles, 1990.

Blavatsky, H. P., La Voz del Silencio, TPH, Adyar, 1982.

Burnier, Radha. Regeneración Humana, Uitgeverij der Theosofische Vereniging in Nederland, Amsterdam, 1990.

Miller, Jeanine, “Holy Vessel, Holy Grail”, The Theosophist, Octubre 1989.

Mills, Joy, “Today´s Search for the Holy Grail”, Theosophy in New Zealand, June 2012.

Monier-Williams, Sir Monier, A Sanskrit-English Dictionary, Motilal Banarsidass Publishers, Delhi, 1990.

Nicholson, Shirley, Ancient Wisdom Modern Insight, TPH, Wheaton, 1985.

Sri Ram, N., Pensamientos para Aspirantes, Segunda Serie. TPH, Adyar, 1974.

Taimni, Dr. I. K., A way to Self-Discovery, Quest Books, TPH, Wheaton, 1967.

Collation of Theosophical Glossaries, http:www.theosophy-nw.olrg/theosnw/ctg/ctg-hp.htm

http://www.etymonline.com

http://ebooks.adelaide.edu.au