viernes, 19 de agosto de 2016

La Condesa Wachtmeister refiriéndose a Annie Besant



 


ISAAC JAULI
Miembro de la ST en España y ex Secretario General de la ST en México, actualmente trabaja en los Archivos de la ST en Adyar.
El artículo está basado en una charla dada en la Sede Internacional en Adyar el 1ro de Octubre del 2015


La Doctora Annie Besant, segunda Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica (ST), nació el 1ro de Octubre de 1847. Era tan conocida en todo el mundo que cualquier noticia relacionada con ella era leída por todos con sumo interés. Tuvo una vida tan dramática que de muchos modos ella simboliza algunas etapas del desarrollo general.

La autobiografía de Besant, escrita en 1893, describe su vida hasta 1891, el año que marca el fallecimiento de Madame H. P. Blavatsky (HPB), Co-Fundadora de la ST junto al Coronel Henry Steel Olcott. La autobiografía de Annie Besant revela tantos eventos asombrosos, que es una de las biografías más fascinantes que puedan leerse. Pero el año 1891 sólo marcó el punto medio de su memorable e incomparable vida.

Uno de esos eventos involucró a W. Q. Judge, que prosiguió luego de la partida de HPB y que produjo muchos interrogantes en algunos miembros de la ST alrededor del mundo. Al respecto, me gustaría compartir los siguientes hechos sobre la vida de Annie Besant, puestos en circulación en un mensaje privado impreso por la Condesa Constance Wachtmeister en tal controvertido momento ('H.P.B., y la Presente Crisis en la Sociedad Teosófica', por Constance Wachtmeister, Women's Printing Society, 66, Whitcomb St., Ltd, Londres, W.C.: blavatskyarchives. com/theosophypdfs/wachtmeister_hpb _and_the_present_crisis_1895.pdf).

La Condesa sintió la responsabilidad de publicar este mensaje porque ella era una de las miembros más antiguas de la ST, y porque tuvo una relación de amistad íntima con HPB durante los últimos seis años de su vida. Por ello, se sintió profundamente destinada a compartir con los miembros de la ST algunos de los pensamientos que HPB había guardado para sí, porque se sintió sorprendida por los eventos que habían tenido lugar en el caso del Sr. Judge y la Sra. Besant. La Condesa manifiesta en su mensaje impreso:

HPB siempre me dijo que su sucesor sería una mujer, mucho antes de que Annie Besant se hiciera miembro de la ST. Ella hizo algunos intentos con diferentes personas con la esperanza de encontrarla, pero no tuvo mucho éxito, así que se deprimió y desanimó mucho, y dijo 'Ya no queda nadie para tomar mi lugar cuando me marche'. Sólo fue cuando Annie Besant se unió a la Sociedad que su esperanza revivió, porque parecía sentir que en ella había encontrado un sucesor. HPB me dijo esto.

            Pero la Condesa tenía serias dudas sobre esta candidata que HPB había encontrado y continúa diciendo:

Yo estuve tan desanimada con los fracasos anteriores [los fracasos con los sucesores potenciales], que estaba determinada a protegerme y a no aceptar a Annie Besant a menos que estuviera completamente convencida de su desinterés de propósito y de su integridad. Pensé que también era posible que fuera una mujer ambiciosa, que se había integrado a la Sociedad Teosófica con la idea de gobernar y de tenerlo todo bajo su control, así que la observé minuciosamente, examinando cada acción desde este punto de vista.

Sin embargo, gradualmente la Condesa cambió de parecer desde que escuchó sobre la vida de Besant, una vida de sacrificio constante y de esfuerzos por corregir sus propios errores. Con un poder de voluntad indomable, supo superar los obstáculos que se le presentaron. En palabras de la Condesa: 'Me veo obligada a confesar que mis suposiciones han sido injustas y erradas'. La prueba que terminó de convencer a la Condesa la expresó de esta manera:

Un día vi a Annie Besant envuelta en una nube de luz, del color de la del Maestro. Él estaba parado a su lado con la mano sobre su cabeza. Yo dejé la habitación y rápido corrí donde estaba HPB y hallándola sola le dije lo que había presenciado y le pregunté si esto era una señal de que el Maestro había escogido a Annie Besant como su sucesora. HPB replicó 'Sí' y luego se alegró de que lo hubiera visto.

Esta no fue la única experiencia de este tipo que presenció la Condesa, como ella misma relata:

Otra vez, una tarde acompañé a Annie Besant a un pequeño salón en Londres, donde ella daba una conferencia a unos trabajadores, cuando de repente el Maestro estaba a su lado y habló con una elocuencia que nunca antes había escuchado de sus labios; fluyó de ella como un torrente de fuerza espiritual. Debo agregar que desde entonces y aquí en la India, tengo pruebas repetidas de que ella estaba en comunicación directa con el Maestro.

La condesa deja muy claro en su mensaje que durante el último año de vida de HPB, cuando vivía en Avenue Road, Besant pasaba algún tiempo con HPB cada tarde recibiendo enseñanzas ocultas. Y antes de que Besant partiera rumbo a América con un mensaje de HPB para los Hermanos Americanos, HPB le dijo a la Condesa:

El Maestro se comunica verdaderamente con Annie Besant, su desarrollo en esta vida ha sido realmente rápido; es la explosión repentina a través de la cáscara de todo el desarrollo y conocimiento obtenidos en sus vidas previas de ocultismo.

La Condesa señala finalmente que HPB escribió una carta a W. Q. Judge con fecha 27 de Marzo de 1891, de la que ella poseía de una copia. En esta carta HPB describió a Besant como:

...el alma de honor y de veracidad sin concesiones... un diamante inquebrantable,... tan transparente que nadie puede ver lo lleno que están sus bordes, de puro entusiasmo y Teosofía inalterable. INEGOÍSMO Y ALTRUÍSMO son los nombres de Annie Besant... Judge, ella es una mujer maravillosa, mi mano derecha y sucesora.

La Condesa termina su mensaje diciendo: 'Luego de que HPB falleciera en Londres, fui notificada de que el [su sello] anillo se le entregara a Annie Besant según sus indicaciones expresas; supe entonces que Annie Besant era su sucesora'.

Finalmente podemos decir que 'para conocer a un ser humano, tenemos que conocerlo desde su nacimiento hasta su muerte'. Estas son palabras de la Dra., Annie Besant, pero no podemos omitir el considerar los incidentes narrados por la Condesa Wachtmeister, que nos ayudan a tener una visión de esta gran alma que difundió las enseñanzas Teosóficas alrededor del mundo y supo cómo hacer para que llegaran a miles de corazones.

sábado, 6 de agosto de 2016

El arquetipo del fracaso




PEDRO OLIVEIRA
Coordinador de Educación en la S. T. en Australia y
ex Secretario Internacional y Gerente en la Oficina Editorial en Adyar


Uno de los motivos recurrentes en los relatos de la literatura clásica y mitológica es el fracaso. Cada héroe tiene fallas que tiene que aprender a superar. Al hacerlo, el héroe experimenta una transformación. Este principio se aplica a Buddha como también a Arjuna, Jesús, San Pablo, Giordano Bruno, Florence Nightingale y a muchos otros. El fracaso está definido como 'la negligencia u omisión de una acción esperada o requerida'. Fracasar puede ser paralizante y entorpecedor del alma, y puede conducirnos a las profundidades del abatimiento y de la desesperación.

Generalmente la sociedad contemporánea no fomenta una actitud generosa hacia el fracaso, basada como lo está en una obsesión por el éxito y sus resultados. Cada individuo que fracasa, en cualquier circunstancia, usualmente es estigmatizado y apartado a un lado como un 'fracaso mortal'. El éxito y los resultados son la deidad binaria a la que se rinde culto en un mundo en el que el fracaso es su lado oscuro.

Pero no siempre ha sido así. Escuchemos a San Pablo ejercitando un profundo nivel de honestidad del alma:

Y yo sé que en mí (es decir, en mi carne) no mora el bien, porque el querer el bien está presente en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. (Romanos, 7:18-19)

San Pablo expresa un profundo dilema humano: el deseo de hacer el bien y la irresistible incapacidad para hacerlo. Su descripción es quizás una buena representación de cómo trabaja kama-manas, la mente personal. La conexión íntima entre la mente y el deseo genera un sentimiento de auto-interés que se arraiga profundamente y que, al ser fuerte, muy a menudo le impide a la mente seguir en una dirección que pudiera ser la correcta. El resultado es el fracaso y su corolario, el conflicto. ¿Puede convertirse el fracaso en maestro?

Joseph Campbell propone el tema de una manera no lineal, ni prejuiciosa, sino desde una perspectiva mucho más amplia de la experiencia humana en general:

Cualquiera que sea tu destino, cualquier cosa que suceda, debes decir: 'Esto es lo que necesito'. Puede verse como una ruina, pero enfréntalo como si fuera una oportunidad, un reto. Si traes amor a ese momento, en vez de desánimo, encontrarás allí mismo la fuerza. Cualquier desastre que puedas resistir es una mejora en tu naturaleza, en tu carácter y en tu vida. ¡Que privilegio! Aquí es cuando la espontaneidad de tu propia naturaleza tendrá una oportunidad de fluir.

Luego, cuando mires hacia atrás en tu vida, verás que los momentos que parecían ser grandes fracasos, seguidos por ruinas, fueron los incidentes que le dieron forma a la vida que tienes ahora. Verás que esto es completamente cierto. Nada te puede suceder que no sea positivo. Incluso si en el momento parece y se siente como una crisis negativa, no lo es. Las crisis te desafían, y cuando se te pide que tengas fortaleza, se hace presente.
De Un Compañero de Joseph Campbell

Entonces ¿puede ser visto el fracaso como un arquetipo en la corriente de la evolución humana? El Oxford Dictionary define un arquetipo como 'un símbolo recurrente o un motivo en la literatura, el arte, o la mitología: “arquetipos mitológicos del bien y del mal”. La palabra proviene del Griego arkhetypon, algo formado primero como un modelo'. Podemos observar la presencia de este arquetipo en las muchas guerras periódicas del siglo pasado, en la violencia urbana, en las relaciones forzadas, en las diferentes formas de adicción, en la ambición que destruye al alma y en la profundamente arraigada creencia en la separatividad.

El rol del fracaso en la evolución
Las enseñanzas Teosóficas parecen sugerir que la inevitabilidad del fracaso en la evolución humana está equilibrada por la Ley del Karma y el proceso de la reencarnación. Siempre que uno continúe ejercitando la conciencia, cada fracaso lleva consigo el germen de una futura oportunidad para aprender a entender más, tanto sobre uno mismo como también sobre el profundo propósito de la vida. ¿Realmente importa si esta oportunidad se nos presenta en esta vida o en la siguiente? Cuando lo vemos desde un modo puramente personal y egoísta, el fracaso puede convertirse en una influencia paralizante. Visto desde una perspectiva más amplia, puede conducir hacia la transformación.

Elaine Pagels, en su libro Evangelios Gnósticos2 (Vintage Books: New York, 1989, p. 123), sugiere que algunos términos Bíblicos traducidos del Nuevo Testamento Griego (hamartia) y del hebreo (“sin” o “syn”) como 'pecado', se originaron en el tiro al arco y literalmente se referían a haber fallado al 'punto dorado' en el centro de la diana, sin acertarle al objetivo, es decir, errar. En la tradición cristiana, tres famosos pecadores se convirtieron en santos muy queridos de la Iglesia: San Pablo, San Agustín y San Francisco. Ellos no sucumbieron a sus fracasos, cualesquiera que fueran, sino que fueron capaces de entender su propia naturaleza y así elevarse a un nivel más profundo de conciencia dentro de sí mismos. Antes de que Cristo pudiera convertirse en su Preceptor y Maestro, fueron aprendices de sus propios fracasos.

La mente como escenario para el fracaso   
La mente es un principio multifacético dentro de nosotros que puede manifestar diversos poderes creativos en nuestra vida. Pero la mente también se convierte, inevitablemente, a través de incontables eras de evolución humana, en el escenario en la que el fracaso tiene lugar. Y no es muy difícil entender por qué. La mente es el lugar de encuentro entre purusha y prakrti, el Espíritu y la Materia. Este puede ser por excelencia uno de los dilemas del ser humano. Dentro de la mente, se encuentran y batallan claramente dos fuerzas opuestas: buddhi-manas, la mente iluminada, un campo de conciencia y percepción compasivos y kama-manas, la mente-deseo, asiento de ahamkâra, la facultad hacedora del yo, que establece una relación unidireccional con la vida, basada particularmente en el interés propio, en la auto-importancia y la indiferencia a la santidad de toda la existencia.
           
La clásica obra teosófica Luz en el Sendero afirma que 'trabajar para sí es trabajar para una decepción inevitable'. La importancia de esta enseñanza no puede ser sobrestimada. Por su misma naturaleza el auto-interés está condenado a atraer el fracaso, tarde o temprano, porque refuerza, fortalece y busca legitimar la separatividad en contra de la profunda realidad de la unidad, la interdependencia y la totalidad. Funciona en la dirección opuesta al movimiento de la vida y de la conciencia que está siempre desenvolviéndose. En un universo establecido en el principio de la totalidad sin divisiones, el intento de mantener la separación a toda costa, está destinado a generar sufrimiento, decepción y un verdadero sentido del fracaso. De hecho este fracaso puede convertirse en nuestro maestro si los destellos de la humildad pueden aparecer en nuestro ojo interno.

HPB y el fracaso
Escribiendo sobre la naturaleza de los Elementales, no sólo como inteligencias encarnadas en los mundos de la materia, sino también como realidades metafísicas, HPB sugiere que el fracaso es de hecho una necesidad cosmológica en el gradual desenvolvimiento del proceso universal:

Así, los primeros mundos y Seres Cósmicos, salvo el 'Auto-Existente', un misterio que nadie puede atreverse a considerar seriamente, porque es un misterio percibido sólo por el ojo divino de los más altos Iniciados, pero uno que ningún lenguaje humano puede explicar a los hijos de nuestra era, los primeros mundos y Seres fueron fracasos, en la medida en que los primeros mundos no poseían esa fuerza creativa inherente necesaria en ellos para su ulterior evolución independiente, y las primeras órdenes de Seres carecían de alma inmortal. Parte y fragmento del Anima Mundi en su aspecto Prakrtic, el elemento purusha en ellos era muy débil para permitirle a cualquier conciencia en los intervalos (entre actos) entre sus existencias durante el período evolutivo y el ciclo de la Vida.
(Escritos Compilados de HPB, VI, 192-193)

Las sutiles y complejas interacciones entre la Conciencia y la Materia son difíciles de desentrañar, pero la cita antes mencionada parece sugerir que la manifestación las une con un propósito, uno que es demasiado vasto, rico y diversificado para ser comprendido totalmente, hasta que uno alcanza el final del Sendero, como losYogasutras de Patañjali lo sugieren. Según la traducción del Dr. Taimni en La Ciencia del Yoga:

El propósito de la asociación de purusha y prakrti es obtener por medio de purusha la consciencia de su verdadera naturaleza y el desarrollo de poderes inherentes él y en prakrti . (II, 23)

¿Puede ser percibido el fracaso como un mediador en este vasto proceso? ¿Puede, en vez de se visto como el final del camino, como un episodio negativo o negador de la vida, ser percibido como una oportunidad única de entendernos a nosotros mismos, de comprender a los demás y al mundo en el que vivimos? La leyenda de Parsifal, narrada por Wolfram von Eschenbach, declara que el sendero que toma Parsifal en busca del Grial incluye varios fracasos, cada uno de ellos enseñándole una valiosa lección.

La Voz del Silencio y los fracasos
Los versos siguientes del Fragmento III de La Voz del Silencio presentan, en su lenguaje único y elocuente, el rol significativo que el fracaso puede tener en el Sendero de la Compasión como una fuerza que puede impulsarnos hacia adelante, incluso cuando tropezamos y caemos:

Ten paciencia, Candidato, como aquel que no teme ningún fracaso, ni acaricia ningún éxito. Fija la mirada de tu Alma en la estrella de la cual eres un rayo, la estrella flamígera que brilla en las profundidades lóbregas del ser eterno, los campos ilimitados de los Desconocido.

Prepárate y prevente con tiempo. Si has tratado y has fracasado, Oh luchador indómito, no te desanimes: sigue luchando, volviendo al ataque una y otra vez.

El guerrero valiente, aun cuando su preciosa sangre vital fluye de sus amplias heridas, sigue atacando al enemigo, sacándolo de su citadela, derrotándolo antes de perecer. Entonces, todos ustedes que fracasan y sufren, actúen como él; y desde la citadela de su Alma, expelan todos sus enemigos, la ambición, la cólera, el odio, hasta la sombra del deseo, aun cuando hayan perdido...

Recuerda, tú que luchas por la liberación humana, cada fracaso es un éxito y cada tentativa sincera recibe su recompensa a su tiempo. Los gérmenes sagrados que brotan y crecen invisibles en el alma del discípulo, tienen tallos que se fortifican en cada nueva prueba, se doblan como juncos sin nunca quebrarse, ni perderse. Mas cuando la hora suena, florecen...

Annie Besant y el fracaso
En el siguiente pasaje del libro La Doctrina del Corazón, Annie Besant apunta a una verdad profunda de la vida, interna y espiritual, la insignificancia relativa de los acontecimientos externos. Aunque las experiencias son un hecho de la vida lo que importa no es tanto las experiencias en sí mismas sino cómo respondemos a ellas. Cuando respondemos correctamente, las oportunidades para un futuro progreso se presentan a sí mismas:

El desastre pende sobre la cabeza del hombre que pone la fe en los atavíos antes que en la paz de la vida interna, la cual no depende de los estados mentales o emocionales de la vida externa. En efecto, cuanto más embarazosas las circunstancias y mayor el sacrificio respectivo de vivir entre ellas, tanto más cerca se halla uno de la meta final de la naturaleza misma de las pruebas a superar. No es sabio, por lo tanto, dejarse atraer demasiado por ninguna manifestación exterior de la vida religiosa, pues todo cuanto se halla en el plano de la materia es efímero y fugaz y ha de llevar al desengaño. Quienquiera que sea atraído fuertemente hacia cualesquiera de las modalidades externas de vivir, tarde o temprano ha de aprender la comparativa insignificancia de todas las cosas externas. Y cuanto antes se pase por las experiencias requeridas por el Karma del pasado, tanto mejor para el individuo. Es desagradable en verdad verse repentinamente arrojado de su elemento, pero la copa que cura la torpeza es siempre amarga y debe probársela si ha de erradicarse la enfermedad. Cuando la suave brisa que viene del Loto de Sus Pies susurra sobre el alma, entonces comprendes tú que las peores circunstancias externas no son lo suficientemente fuertes para malograr la encantadora música interna.

El Karma como Maestro
Como se ha dicho anteriormente, el fracaso es 'la negligencia u omisión de una acción esperada o requerida'. Las consecuencias del fracaso pueden, de hecho, ser devastadoras: abatimiento, desilusión, tristeza, culpa, depresión, entre otras. En sus momentos más difíciles genera un profundo sentimiento de carencia de significado y también de desconexión que nos conduce a una experiencia de completo aislamiento  y alejamiento de uno mismo. Al ser esto así, la Tradición de la Sabiduría sugiere que en esta oscura y profunda desesperación hay una lección que aprender:

¡Oh noche que me guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el Amado transformada!

San Juan de la Cruz,
La Noche Oscura del Alma

Cuando la naturaleza personal es golpeada así por el proceso de la experiencia, se encuentra a sí misma lo suficientemente flexible para comenzar a entender sobre la vida y su significado. Los golpes del Karma solamente se perciben como 'golpes' cuando la mente aún actúa desde un centro reactivo. La profundidad del fracaso puede revelar que estos 'golpes' son de hecho la mano del Karma mostrándonos que la propia importancia y la presunción no son la verdadera dirección del progreso espiritual interno. Sea lo que sea que Karma nos presente, en cualquier circunstancia, siempre es una oportunidad de crecimiento en conocimiento de sí mismo, humildad y paz interior, condiciones necesarias para la realización de la unidad de toda la vida.

Compasión sin límites
En un artículo publicado en The Theosophist (Marzo de 1946), Clara Codd revela, en un pasaje del Bhagavadgitâ (La Canción Celestial de Edwin Arnold, Duodécimo Discurso) la profundidad de una respuesta compasiva al fracaso de Sri Krshna, la encarnación de la compasión y del amor universal. Es una conciencia que no excluye nada de su esfera ilimitada de inefable simpatía y entendimiento. Para él, no hay fracaso final:

¡Aférrate a Mí!
¡Abrázame con la mente y con el corazón!
Pero si tus pensamientos
descienden desde estas alturas; más si eres débil
para entregarme constantemente tu cuerpo y alma,
¡No desesperes! ¡Ofréceme tus mundanos servicios!
Busca para alcanzarme a Mí,
con devoción y voluntad firme;
Y si no puedes obrar con devoción firme,
trabaja para Mí.
Porque aquel que trabaja laboriosamente por
amor por Mí, finalmente llegará a Mí.
Pero si tu débil corazón falla, ¡tráeme tus fracasos!
Encuentra refugio en Mí.


Notas al pie:
1.     Fundación Joseph Campbell, 2003, San Anselmo, California, USA.
2.     Vintage Books, Nueva York, 1989, página 123.


Si admitimos que nos hallamos en la corriente de la evolución, debemos considerar que para nosotros son justas todas las circunstancias en que nos hallemos; y esta consideración será nuestro mayor auxilio cuando fracasemos en el cumplimiento del deber, pues no podemos adquirir de ningún otro modo la serenidad que tanto recomienda Krishna. Si todo nos saliere a la medida de nuestro deseo, no echaríamos de ver ningún contraste. También es posible que por estar nuestros planes ignorantemente y, en consecuencia, erróneamente trazados, la benéfica Naturaleza no permite que los realicemos. No se nos vituperará por el plan; pero engendraremos mal karma si no nos resignamos a la imposibilidad de llevarlo a cabo. Si estáis por entero abatidos, será porque antes decayeron vuestros pensamientos. Puede un hombre estar encarcelado y, sin embargo, trabajar a favor de una causa. Así os exhorto a que eliminéis de vuestra mente todo disgusto por las circunstancias en que os veáis, y si conseguís considerarlas según las miras de vuestro Yo superior, no sólo vigorizarán vuestros pensamientos, sino que se reflejarán en vuestro cuerpo y lo fortalecerá.

viernes, 29 de julio de 2016

Hay un camino...


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FEMMIEL LIEZENGA
Trabajadora residente en el Centro Teosófico Internacional en Naarden


 Cuando murió H.P.Blavatsky, Annie Besant encontró un poema en uno de los cajones de su escritorio. La primera frase dice:

“Hay un camino, empinado y agreste, rodeado por peligros de toda clase, sin embargo es un camino y lleva al corazón mismo del Universo”.

Las palabras son muy profundas y nos invitan a meditar sobre ellas.

Se afirma que la luz espiritual no nace de opiniones o argumentos. Sin embargo, también  se afirma en la Sociedad Teosófica que a todos se les permite tener y expresar sus opiniones. Pero cuando deseamos recorrer el Sendero espiritual ¿es importante tener opiniones y argumentos? Parece ser una contradicción para el lema de la ST, que dice que la Verdad es lo más elevado. Si es así, las opiniones no son de valor alguno. Necesitamos descubrir la Verdad y no necesitamos dedicar mucho tiempo a las opiniones. Para descubrir lo que significa la Verdad absoluta, tenemos que desechar nuestras opiniones e ideas y necesitamos tener una mente abierta, vacía. Una mente que sea receptiva a la Verdad. Admitir que realmente no sabemos da cabida a hollar el camino en silencio.  En ese silencio no cuentan opiniones, argumentos o ideas.

‘La Escala de Oro’ que nos fue entregada por los Maestros de Sabiduría a través de HPB, habla de una ‘percepción espiritual sin velos’ y también acerca de ‘dar y recibir consejo e instrucción’. Primero examinemos las palabras ‘dar y recibir consejo e instrucción’. Quizás ahora, en cierto punto, es más importante para nosotros ‘recibir’ consejos e instrucciones, porque quiénes entre nosotros pueden decir: ¡yo sé!  Para poder recibir, uno tiene que permanecer en silencio. Para poder recibir, todas las opiniones tienen que cesar. La Voz del Hablante Silencioso puede ser escuchada solamente con total apertura y con la facultad del aprendizaje.

Examinemos ahora una ‘percepción espiritual sin velos’. ¿Qué podría significar una percepción espiritual sin velos? Parece  como que de lo que se habla aquí, es del estado Buddhico, una consciencia total, no cubierta por ningún velo, ni afectada por pensamientos engañosos. Una percepción espiritual sin velos parece significar no tener conclusiones, sino una percepción que sea universal y total. Es solamente con una mente abierta que podemos abordar lo innombrable. Es una percepción que nos da cabida para descubrir.

Algunas personas dicen que el único propósito en sus vidas es llegar a iluminarse. Si uno tiene esta meta, sólo llegar a ser libre de nuestro propio sufrimiento será una meta egoísta. No hay altruismo en tal finalidad y no hay percepción. Pero quizás las personas que dicen esto, significa que desean descubrir lo que ellas son inherentemente; tal vez quieran decir que desean encontrar la fuente real de su existencia.

En Luz en el Sendero se afirma que para escuchar la Voz del Silencio tenemos que comprender esa guía real que proviene desde adentro. Esto muestra que tenemos que aprender a no identificarnos con las cosas efímeras. Puede que sea importante tener conocimiento de la Teosofía, pero si este conocimiento es solamente teórico y realmente no nos cambia, no tiene valor. El conocimiento podría obstruirnos. Tenemos que llegar a la verdadera comprensión de que todo lo que nos rodea es solamente transitorio, efímero. Tenemos que aprender a no identificarnos con lo que es temporal.

Hay mucha belleza a nuestro alrededor y tenemos los sentidos para percibirla. Con los sentidos experimentamos y, si estamos abiertos, aprendemos de nuestras experiencias. Pero tan pronto como etiquetamos las cosas y nos identificamos con las experiencias, tan pronto como deseamos continuar las así llamadas experiencias agradables y evitar las llamadas dolorosas, la experiencia se convierte en memoria, cristalizada y estancada. Y llega a ser una repetición de lo conocido. ¿Es posible también aprender de eso que rotulamos como doloroso o desagradable? ¿Es posible no etiquetar en modo alguno?

Si aprendemos a ver todas las cosas como una expresión de una única Realidad, aprendemos a no identificarnos con las cosas efímeras. En A los Pies del Maestrohay algunas frases para guiarse: ‘Desde lo irreal condúceme a lo Real. De la oscuridad condúceme a la Luz. De la muerte condúceme a la Inmortalidad’.

Nosotros tenemos que aprender a liberarnos de nuestras identificaciones. Tenemos que, por así decirlo, aprender a cambiar nuestro punto de vista; enfocarnos más internamente en vez de sólo hacerlo externamente todo el tiempo. De esta manera aprendemos a ser uno con el Silencio, tenemos que permitir que el Silencio se convierta en el centro de atención, entre todo lo que es transitorio. Si permitimos esto, no nos desconcertaremos tanto con todos los acontecimientos del mundo externo. Ellos vienen y van, son solamente transitorios, como las nubes en el cielo.

Podríamos decir: lo mutable es el total de la Manifestación, desde su primera vibración, la más invisible, hacia abajo, hasta la vibración más densa en el plano material. Podríamos decir que el Silencio eterno es la Fuente de esta total Manifestación visible e invisible, que ambas existen simultáneamente, el Silencio eterno, lo inmutable; y lo efímero, lo mutable.

Tenemos que aprender a enfocarnos de manera diferente y haciéndolo así, podremos vivir en el mundo sin ser de él. Significa no refugiarse en una u otra orilla del río de la vida, siendo capaces de permanecer de pie, imperturbable, sereno, aun cuando haya tormenta. Nosotros podríamos usar las palabras ‘conciencia sin opción’. Cuando alguna vez tengamos una visión, será solo una vislumbre de lo inmutable, veremos todas las cosas transitorias bajo otra luz. Aprenderemos a sorprendernos y a sentirnos envueltos en un misterio que tratamos de descubrir, no con nuestra mente sino en el silencio. Aprendemos solamente con una mente abierta, vacía, permaneciendo en el Silencio y, en ese proceso de aprendizaje, la humildad entra en existencia de una manera natural, sin ningún esfuerzo.

Cuando descubrimos el misterio, aunque tan solo sea con un pequeño vislumbre, no podremos traducirlo en palabras porque está más allá de las palabras, más allá del estado mental, más allá de los pensamientos. Para poder escuchar la voz del Silencio tenemos que llegar a ser uno con el Hablante Silencioso.

Luz en el Sendero afirma que la vida misma es nuestro Maestro. Toda experiencia, todo incidente en nuestra vida es nuestro maestro, nuestro gurú. No necesitamos buscar fuera de nosotros un gurú, el gurú está más cerca que nuestras manos y nuestros pies, justo ante nuestros ojos. De nosotros depende si vemos la vida como nuestro gurú, nuestro maestro. Especialmente en medio del dolor y la aflicción hay algo que podemos aprender. De esta manera nos volvemos cada vez más sensibles y conscientes de la belleza oculta en nuestro más íntimo ser y también a nuestro alrededor. Quizás de esta manera el ruido se aleje y tal vez, por primera vez, encontremos el verdadero Silencio y nos volvamos conscientes del desenvolvimiento de la consciencia a niveles más profundos de comprensión.

Entonces, el verdadero Maestro reside en nuestra naturaleza intima. Si nosotros, aunque solo sea una vislumbre, nos volvemos conscientes de la verdad acerca de esta naturaleza, cambiaremos todas nuestras acciones y viviremos de una manera totalmente diferente, aprendiendo sin ningún esfuerzo, muriendo a lo conocido, en el Silencio que no nace en el campo de lo conocido:

"Existe un camino, empinado y agreste, rodeado de peligros de todo tipo, pero sin embargo un camino, que conduce al corazón mismo el Universo: puedo decirles cómo encontrar a aquellos que les mostrarán la puerta secreta que sólo se abre hacia el interior, y se cierra rápidamente detrás del neófito para siempre. No hay peligro que un coraje intrépido no pueda conquistar; no hay prueba que una pureza inmaculada no pueda superar; no hay dificultad que un intelecto fuerte no pueda vencer. Para quienes avanzan hay una recompensa que está más allá de toda descripción: el poder de bendecir y salvar a la humanidad; para quienes fallan, hay otras vidas en las que el éxito llegará".

domingo, 24 de julio de 2016

Estar en silencio




Tim Boyd

 Dirijamos nuestra mente hacia algo un poco más profundo que la simple superficie. Como muchos hemos estado involucrados en una u otra forma de búsqueda espiritual, algunos incluso durante décadas, de vez en cuando está bien hacernos algunas preguntas simples para recordarnos lo que nos ha conducido hasta un camino espiritual.

  La pregunta que vamos a considerar es muy básica: ¿por qué estamos aquí tratando de vivir la vida espiritual? Probablemente la mayoría de nosotros podemos retroceder y trazar el curso que nos ha conducido hasta el momento presente. Sin embargo, incluso más importante que la pregunta histórica es el proceso.

  ¿Qué ocurre cuando nos hacemos una pregunta? Las preguntas, por su misma naturaleza, tienen lugar a distintos niveles. Normalmente nos pasamos el día haciendo preguntas. Si tenemos información insuficiente o si nuestro conocimiento o recursos no son adecuados, tanto si se trata del supermercado como de internet, hacemos preguntas. Y ¿qué ocurre? La mayor parte del tiempo probablemente estamos pidiendo simple información. Pero cuando nos hallamos en el sendero espiritual, la naturaleza de las preguntas y del cuestionamiento se hace ligeramente, si no profundamente, distinta.

  El proceso del cuestionamiento necesariamente requiere algo de nuestra parte. La mayoría de las veces al principio buscamos respuestas y eso ya está bien. Pero las respuestas con cosas muy pequeñas. Cuestionar realmente nos implica en un proceso que requiere escuchar. Si preguntamos de forma adecuada, requiere que escuchemos la respuesta, o mejor todavía, que busquemos la respuesta. Entonces preguntamos, escuchamos y si nos implicamos en el proceso adecuadamente, oímos. Hay una antigua plegaria que dice: “Que vea lo que veo y que oiga lo que oigo”. A nivel superficial parece casi absurdo. Naturalmente que vemos lo que vemos y si oímos, oímos. Pero ¿ocurre así?

  En los Estados Unidos, donde los vehículos de dos ruedas y las motocicletas son mucho menos comunes que en otras partes del mundo, una causa importante de los accidentes de carretera es cuando los conductores de un coche miran por el retrovisor para ver si es seguro cambiar de carril y cuando no ven otro coche, hacen el giro. Cuando miraron por el retrovisor de hecho había un vehículo de dos ruedas en el carril de al lado, pero aún viéndolo, como su mente está acostumbrada a buscar otra cosa, no ven nada excepto un carril seguro para girar y ocasionan un accidente. Sí que es cierto que el conductor miró, pero no vio.

  También esto se aplica a nuestras conversaciones con los demás. Tenemos el ejemplo del caso de discusión o desacuerdo. Muchas veces una persona contará la historia sobre lo que se ha dicho y la otra contará exactamente lo contrario. En esos casos los dos oyeron, pero debido a sus prejuicios y expectativas, realmente no oyeron. El proceso, pues, es un proceso de escucha y se necesitan algunos requisitos para escuchar genuinamente. No se trata simplemente de dirigir los oídos en una cierta dirección.

  Uno de los requisitos principales para escuchar verdaderamente es que, primero, hemos de dejar de lado cualquier expectativa que tengamos. Cualquier prejuicio que podamos tener respecto al modo en que alguien nos haya hablado en el pasado, tiene que desaparecer en ese momento. Una de las cosas que Confucio decía era que su sastre era el hombre más sabio que conocía “porque cada vez que lo veo, me vuelve a tomar las medidas. Sólo porque me hizo otro traje la última vez, no va a hacerlo exactamente de la misma manera. Vuelve a tomar las medidas”. Obviamente no se trataba de un consejo de modisto. Es un consejo para nosotros en términos de nuestra capacidad de ver y oír realmente las cosas que vemos y oímos.

  Así pues escuchamos, creamos un espacio abierto y después tenemos la posibilidad de oír. Para ello se necesita una cierta cualidad muy importante, la cualidad de entrar en el silencio. Hay una máxima oculta que numera las cuatro actividades que son responsabilidad de todo el que entre en la vida espiritual: saber, querer, osar y, lo más importante, estar en silencio.

  Tenemos la costumbre de intentar aumentar nuestro conocimiento. La profundidad con que lo asimilemos es otra cosa, pero constantemente estamos buscando la parte siguiente de información. En ese sentido estamos muy activos. Nuestra voluntad es algo que aprendemos a ejercitar desde edad temprana, tal vez no adecuadamente, pero la vamos refinando. Después osar, esforzarnos realmente por ir más allá de lo que podrían ser unos límites que nos impedirían dar el paso siguiente. Osar estar en silencio, osar escuchar más allá de las fronteras de nuestros prejuicios, es algo que pocos de nosotros estamos dispuestos a hacer. Es pedir un poco demasiado. Y después, estar en silencio.

  Una de las bellezas de la vida espiritual es que el foco importante cada vez que nos encontramos con los demás no está en las cosas que decimos, ni lo que oímos, ni las palabras que pronunciamos, sino en la manera en que somos capaces de cultivar y después entrar en el reino del silencio. Este silencio nos permite una presencia que podríamos describir como la de los Fundadores Internos o los Maestros, los Seres Sagrados, una Energía Superior o Divinidad. ¿Cómo se hace eso?

  El verano pasado visité varios grupos en Europa. Cuando llegué a Holanda, encontré un país fascinante por varios motivos. Uno de ellos es que, en términos de la formación de la tierra, ese país ni siquiera debería existir. Los holandeses dicen que “Dios creó la Tierra y los holandeses crearon Holanda”. Lo dicen por una muy buena razón. Todo el país se encuentra bajo el nivel del mar y está justo al lado del mar.

  Hace mil años Holanda no era nada más que pantanos y tierra húmeda, hasta que empezaron a construir los muros contra el mar que llamaron diques. Con los años han desarrollado una manera de construir esta tierra para impedir que el agua la inunde. Ahora tienen una nación en tierra seca. En algunos lugares, cuando uno camina, está el dique cubierto de tierra a un lado y el mar al otro, y te das cuenta de que, sólo con unos metros de distancia, estás bajo el nivel del mar.

  Es algo notable y dice mucho del proceso de dar forma a las cosas. Para nosotros se trata de un proceso interno. En el caso de los holandeses, impusieron su voluntad sobre la tierra, osaron. Desarrollaron el conocimiento que se necesitaba para contener el mar y la tierra se secó. Pero nosotros estamos funcionando dentro de la tierra de la conciencia; tenemos que contener un mar de cháchara mental que es la condición normal de cada día. Hemos de contener una inundación de emociones, de sentimientos, que están constantemente fluyendo a nuestro alrededor y muchas veces a través de nosotros, para dar paso a algo más. Cuando creamos ese espacio, siempre tiene relación con el silencio.

  Cuando alguien habla, puede tener lugar un proceso de “cuestionamiento meditativo”. Es el proceso de estar en silencio en presencia del ruido, de manera que otra cosa se pueda grabar en la pantalla de la mente. Algo puede descender o aparecer, pero sólo puede ocurrir cuando la cháchara y el ruido quedan liberados. El proceso empieza con la imposición de la voluntad. El cuerpo no controla ese momento. Las emociones que fluyen no abruman ese momento. En la historia bíblica de Cristo éste le dijo al embravecido mar: “Calla, enmudece” y el mar enmudeció. No es una descripción de un evento histórico. Es la descripción de un hecho interno que confiamos poder hacer cada vez que estemos relacionándonos con alguien y tiene un objetivo.

  Aprendemos a estar en silencio incluso en medio de nuestro discurso, para cultivar ese espacio silencioso a partir del cual se forman las palabras. No somos nosotros quienes las proyectamos. Tal vez con el tiempo, nuestra capacidad de cultivar ese silencio aumente.

  Durante mis recientes viajes también estuve en París. Para la mayoría de la gente, la imagen predominante de esa ciudad es la Torre Eiffel. Es el edificio más alto situado en el centro de París. No hay rascacielos que obstaculicen la vista de la ciudad. Cuando el ascensor llegó al último piso de la torre yo estaba entre otras ciento cincuenta personas que se apretujaban y hablaban en una docena de lenguas distintas. En seguida miré la extensión de la ciudad, observando el panorama que se me ofrecía y todo a mi alrededor quedó difuminado.

  Pasé los siguientes 45 minutos en esa posición, simplemente mirando la ciudad. La altura permitía ver las tortuosas callejuelas, los famosos edificios antiguos, los jardines en medio de ellos. Se podía ver cómo había cambiado el aspecto de la ciudad al paso el tiempo. Podías ver los trazos del tráfico y las personas que parecían puntitos de distintos colores. Yo los seguía y los veía moverse, cada uno de ellos pensaba que se movía de forma independiente pero cada uno bajaba por aquellas calles que canalizaban y limitaban su movimiento, unas calles que habían sido transitadas por otros puntos similares desde hacía siglos y cada uno se movía hacia un destino distinto para hacer una cosa distinta, pero todo ello tenía lugar dentro de aquel gran ser que es la ciudad de París.

  Desde aquel punto de vista elevado resultaba muy claro en un sentido lo pequeños que somos, pero en otro sentido lo profundamente conectados que estamos con algo mucho más grande. El problema para nosotros tiende a ser que somos incapaces de verlo. Solamente en nuestros momentos de elevación conseguimos una perspectiva más profunda. Al cabo de un rato mis sueños terminaron. Me di cuenta de que tenía cosas que hacer, sitios a los que ir y dejé mi visión de la ciudad. Una vez más surgieron las voces de aquellas ciento cincuenta personas y sus distintas lenguas como si alguien hubiera subido el volumen. Aparté el rostro de aquella visión y regresé con la muchedumbre, entré en el ascensor y volví a bajar a la tierra.

  Pero no lo había olvidado. La fragancia, o vasana, de esa experiencia permanece. Mi momento en la Torre Eiffel fue una experiencia de la mente y de los ojos; para cada uno de nosotros existen esos momentos de elevación que ocurren de vez en cuando. Para cada uno de nosotros la experiencia es similar. Nos elevamos en la conciencia sólo para regresar. En las palabras del poeta Robert Frost: “Tengo promesas que cumplir y millas que recorrer antes de dormirme”. Pero el que se eleva no es el mismo que regresa. La experiencia de verlo todo desde una perspectiva más alta y más expansiva nos hace cambiar. Estamos viviendo desde el recuerdo de lo que hemos visto. Se nos recuerda una Presencia Más Grande, siempre presente, pero sobre todo olvidada. La esperanza que tenemos es que podemos recordar.

lunes, 18 de julio de 2016

Más allá de los sentidos


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ANOOP JAISWAL
Secretario Honorario del Grupo Teosófico-Científico en la Sociedad Teosófica, Adyar,
y un físico interesado en tecnología, la Naturaleza, y la vida salvaje

En los últimos cuatro siglos hubo grandes cambios de dirección en nuestra comprensión sobre la vida y el universo que nos rodea. El primer cambio de paradigma se inició durante el siglo 17 con Galileo, Kepler, Descartes y Newton y fue completado a comienzos del siglo 20 por Albert Einstein. A pesar del enorme impacto que la ciencia tuvo en la vida de las personas alrededor del mundo, mediante la expansión de nuestro poder físico sobre la Naturaleza y al aliviar el agobio del peso de las tareas tediosas, redujo el aspecto espiritual de la humanidad a la nada. Al buscar la racionalidad y la lógica en cada aspecto del esfuerzo humano, inconscientemente creó una nueva y poderosa superstición propia que coloreó cada aspecto del comportamiento humano. Según esta ciencia, la Naturaleza era puramente 'material' y se componía de pequeños trocitos localizados de materia, y cada movimiento de cada uno de estos elementos estaba determinado completamente por las interacciones físicas entre los elementos materiales adyacentes. Esto no sólo incluía a las estrellas y a los planetas, sino también a nuestros cuerpos e incluso a nuestros cerebros. Y por lo tanto nuestras acciones corporales, nuestros pensamientos y sentimientos, estaban completamente determinados por procesos mecánicos que ocurrían a niveles atómicos. La noción de que las opciones de nuestra conciencia decidían nuestro comportamiento fue etiquetada como una ilusión. La conciencia misma se desvaneció volviéndose una propiedad emergente de la actividad del cerebro. Nosotros, los seres humanos, nos convertimos entonces, de chispas de poder divino creativo, dotados con libre albedrío, a robots mecánicos moviéndose en una trayectoria predeterminada bajo el control de un proceso causal preciso y dependiente. Así Brahma, el creador, fue reducido a un relojero ciego.

Sin embargo, este cuadro científico del mundo a nuestro alrededor fue bastante deficiente. Nos dio mucha información basada en hechos, colocando toda nuestra experiencia en un orden magníficamente consistente, pero también fue absolutamente sigiloso sobre todo lo que realmente estaba muy cerca de nuestro corazón y que verdaderamente era importante para nosotros. No pudo decirnos ni una sola palabra sobre el rojo y el azul, sobre lo amargo y lo dulce, sobre el dolor y el placer físico; no supo nada acerca de la belleza y la fealdad, del bien y del mal, de Dios y la eternidad. Nos permitió imaginarnos un cuadro total como el de un reloj mecánico, que para todo lo que la ciencia sabía, podría continuar de la misma manera como lo había hecho hasta ahora, sin que hubiera conciencia, voluntad, esfuerzo, dolor, placer, y responsabilidad conectados a ella, aunque realmente se necesitan. Y la razón de esta situación desconcertante fue que, con el propósito de construir el cuadro de este mundo externo, se usó el recurso excesivamente simplificado de apartar nuestra propia personalidad, de retirarla, y en consecuencia se fue, se evaporó, aparentemente no era necesaria.

Este cuadro material del ser humano no sólo erosionó las raíces religiosas de los valores morales sino la total noción de la responsabilidad personal, socavando de este modo las bases de cualquier filosofía moral y racional. Nos despojó de cualquier visión de nosotros mismos y de nuestro lugar en el universo, que podría ser la base racional de un grupo de valores elevados. Lentamente esta creencia, proporcionada por la ciencia, se difundió en todos los estratos de la sociedad, y dirigió las decisiones de naciones, gobiernos, escuelas, cortes, medicina, e incluso nuestras propias decisiones. En resumen, todo lo que la vida tenía para ofrecer eran ganancias y pérdidas materiales.

Sin embargo, otro cambio de paradigma en la ciencia comenzó con la llegada de la teoría cuántica en las décadas de 1920 y 1930, y el primer signo de una revolución drástica en el pensamiento fue mostrado por John von Neumann, en el que la mente y la conciencia llegaron a tener una existencia independiente. Sus rigurosas fórmulas matemáticas condujeron a la conclusión ineludible de que 'la conciencia crea la realidad'. Su lógica matemática, apoyada luego por experimentos, condujo a la conclusión inexorable de que, por sí mismo, el mundo físico no es totalmente real, sino que solamente toma forma como resultado de los actos de observación por numerosos focos de conciencia. Irónicamente, esta conclusión no provino de algún místico del otro mundo examinando las profundidades de su propia mente en meditación íntima, sino de uno de los matemáticos más prácticos del mundo al deducir las consecuencias lógicas de un modelo de trabajo sumamente exitoso y puramente material, las bases teóricas de la billonaria industria de la computación. Esta teoría afirma que el mundo físico se debe comprender en términos de información interpretada por la conciencia colectiva, no sólo de la humanidad, sino también de la vida misma. Esto le dio solidez a nuestra conciencia, que todos nosotros intuitivamente sentimos, pero que fue negada por un tiempo por la ciencia moderna.

Lo que es nuevo, radicalmente hablando, es que las propiedades de los sistemas cuánticos no están limitadas por lo que está al alcance de nuestros sentidos, y que no tiene que ser un conocimiento de objetos interactuando y de eventos conectados causalmente. Puede llegar a alcanzar mucho más de lo que está directamente al alcance de nuestros sentidos. Sin embargo, lo que encontramos allí, no podemos esperar estructurarlo de la misma manera en la que estructuramos lo que está al alcance de nuestros sentidos. No tenemos razones para creer que lo que no está directamente al alcance de nuestros sentidos está sujeto a las condiciones espacio-temporales de la experiencia sensorial, como tampoco tenemos razones para esperar que lo que no está sujeto a estas condiciones se conforma con las descripciones que involucran estos conceptos espacio-temporales como la posición y el momento, el tiempo y la energía, la causalidad y la interacción. Como esencialmente estos son conceptos descriptivos a nuestra disposición, no debe tomarnos por sorpresa que lo que no está directamente al alcance de nuestros sentidos sólo pueda ser descrito en términos de correlaciones entre los eventos que están directamente al alcance de nuestros sentidos.

Junto a este cambio titánico de nuestro entendimiento vino otra definición sobre la visión de la Naturaleza, el entrelazamiento cuántico. Según éste, los objetos y las mentes no están tan separados como se muestran en apariencia. Cuando lo profundizas hasta su esencia, esta separación desaparece. La idea de que el universo está interconectado de modos mucho más allá de lo obvio no es nueva. Por milenios ha sido uno de los conceptos principales subyacentes en las filosofías indias. Lo nuevo es que la ciencia moderna, lentamente, ha comenzado a comprender que al menos algunos elementos de esta antigua tradición son significativos.

Lo que valora una persona depende, básicamente, de lo que ella misma cree que es. Si cree que es un pedazo separado de protoplasma, luchando por sobrevivir en un mundo hostil, o un organismo físico construido por los genes para estimular su propia supervivencia, entonces sus valores tenderán a ser muy diferentes a los de una persona que se considera a sí misma como un ser con un aspecto mental que toma decisiones conscientes, y que a su vez, controla su propio futuro y juega un rol primordial en el desenvolvimiento del universo. El lugar de la conciencia humana en este universo cuántico es totalmente diferente del lugar en el universo clásico. Ahora ya no estamos más separados ni somos engranajes impotentes en una máquina inconsciente. Por el contrario, somos, por nuestra conciencia, protagonistas activos en la creación de este universo.



Todas las religiones, las artes, y las ciencias son ramas del mismo árbol. Todas estas aspiraciones están dirigidas hacia el ennoblecimiento de la vida del hombre, lo elevan de la esfera de la mera existencia física, y lo conducen hacia la libertad.

Albert Einstein
De Mis Últimos Años

martes, 12 de julio de 2016

Ciencia, Científicos y Cientificismo



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TIM  BOYD

Hay un movimiento en el mundo actual que promete algo especial para nuestro futuro. Abarca la idea de que se puede cerrar la brecha aparente entre la Ciencia y la Conciencia. Desde que asumí el rol de Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica, hice una buena cantidad de viajes y donde quiera que voy me encuentro con personas que sienten que estamos en la cúspide de algo significativo.

Hay muy pocas personas en la actualidad que no tengan el sentimiento de que algo de proporciones inmensas es inminente en el mundo de hoy, que algo grandioso está por venir. Esto puede ser algo bueno pero, como todo lo demás, puede expresarse de dos maneras. A pesar de que muchas personas están esperando algo grandioso, cuando tratan de formularlo en sus mentes con lo único  que pueden construir su imagen mental es a través de los medios de comunicación populares o el noticiero nocturno. Éste puede ser un pensamiento perturbador para nosotros, dado al enfoque de los medios masivos de noticias en la guerra, la violencia y todas las formas de comportamiento antisocial. Para las personas que adoptan este punto de vista ¿cómo se verá esto que estamos sintiendo dentro de nosotros y que es tan grandioso?

No podemos ser tan críticos de esta manera de pensar. No es sólo pura imaginación que haya fuertes crisis en el mundo, a las que debemos enfrentar. No es falso que en todo el planeta estamos en guerra con nosotros mismos. Hay una expresión Indio-Americana: "Ningún árbol es tan tonto como para poner sus ramas a luchar contra ellas mismas". Pero como humanidad, lo somos. Las estadísticas nos dicen que se están librando sesenta y cuatro guerras alrededor del planeta actualmente y que seiscientos grupos diferentes están involucrados en esas guerras. Yo no lo entiendo. Con tantos grupos en la contienda, ¿cómo sabe siquiera alguno de ellos a quién disparar? Además de las guerras en el mundo, los desiertos se expanden en donde acostumbraba haber tierra fértil. El aire, el suelo, y el agua están contaminados masivamente. Esto no es ficción, está sucediendo justo frente a nosotros.

El año 2008 estableció una marca en la historia mundial que necesariamente cambiará el modo en el que vivimos en el planeta tanto para bien como para mal. Sin importar el nivel de educación, pocas personas estuvieron conscientes de este notable evento. En ese año por primera vez en la historia de la humanidad la población mundial se tornó predominantemente urbana; más del cincuenta por ciento de la gente en la tierra ahora vive en ciudades y este porcentaje aumenta rápidamente. Esta condición tiene consecuencias que necesariamente acelerarán muchas de las crisis que enfrentamos. Así que, quien observa el mundo dice: "esto grandioso que siento es algo que debo temer", estando en sintonía con una fuerte tendencia que avanza ahora mismo en el mundo.

Por otro lado, tenemos la perspectiva que están adoptando grupos alrededor del mundo, como la IONS (Instituto de Ciencias Noéticas) y otros de su tipo. Es la idea de que estamos de pie en la cúspide de un descubrimiento, en términos del modo en el que somos capaces de ver y de interactuar con el mundo en el que vivimos, una nueva manera de ver el mundo a través de los ojos de una conciencia que despierta. Es algo que habilitará cambios en el modo en el que nos comportamos hacia el otro, el restablecimiento del orden natural.

Hace años pensaba que lo que estábamos enfrentando en términos de contaminación y demás, era algo terrible porque mi propia hija tendría que vivir con todas las consecuencias. Estaba apenado por ella porque según la opinión científica de ese entonces yo estaría muerto para el momento en el que esta crisis madurara. Por supuesto, la ciencia ha progresado desde entonces y ha actualizado esos modelos computarizados. Ahora se nos afirma en términos certeros que a menos que actuemos ya, las consecuencias se experimentarán  en nuestra vida. No es sólo en nuestros pobres hijos, sino en nosotros. ¿Seremos capaces de encaminar este barco y comportarnos de un modo más natural, que exprese respeto tanto mutuamente como hacia el planeta, a fin de evitar una catástrofe? No lo sé. Tengo la esperanza de que lo haremos. Es mi esfuerzo del día a día intentar estimular y despertar esta conciencia. Pero no sé si esta conciencia surgirá a tiempo.

Durante la Segunda Guerra Mundial Perl Harbor fue bombardeado y los Estados Unidos de Norteamérica entraron en guerra. Tomó un total de tres días para que la nación entera se pusiera de pie para enfrentar esta crisis. En situaciones difíciles y extremas nos vemos forzados a responder. A pesar de que siempre es mejor responder a partir de una elección que de una coacción, esta última es otra vía  para poder encarar las crisis. Un gran científico, Robert Oppenheimer (mejor conocido por el trabajo que realizó supervisando el proyecto que produjo la bomba atómica), tenía un gran número de citas. Una de ellas era: "El optimista piensa que vivimos en el mejor de los mundos, el pesimista teme que esto sea cierto". Tenemos dos opiniones y sin importar hacia qué lado se incline la balanza, podemos estar seguros de que la Ciencia y cualquier forma que ésta tome, pasará a ser una de las grandes influencias que nos guíen en este nuevo mundo que habitaremos. De una manera u otra, tenemos que solucionarlo y hacer las paces con la Ciencia.

A menudo al hablar sobre la comunidad científica, es fácil enfocarse en sus limitaciones, particularmente en el casi dogma religioso que confina la realidad a esa estrecha banda que percibimos como el mundo material. Pero la Ciencia en sí misma es algo maravilloso. Es progresiva, siempre avanza, se refuta a sí misma paso a paso. Antes vivíamos en una Tierra plana que era el centro del universo, con el cielo y las estrellas girando a nuestro alrededor. Ésta era la sabiduría científica del pasado, pero todas esas ideas han sido reemplazadas. Nuestro problema es, como en muchas otras cosas, que somos receptores pasivos. La Ciencia es para expertos y en palabras de un proverbio Zen: "Para la mente del experto hay pocas opciones, pero para la mente del aprendiz hay muchas". La mente del aprendiz es la mente que buscamos aplicar a todas las cosas. Somos consumidores de la ciencia: nos gustan los resultados, disfrutamos los teléfonos celulares y los otros juguetes, disfrutamos las pequeñas tecnologías pero para nosotros son un proceso muy distante de lo que son para aquellos versados en ellas. Ésta es una idea equivocada y un modelo enfermizo en el cual basar nuestra vida o para relacionarnos con el mundo.

Trato de enfocarme en la dimensión espiritual de la vida, a pesar de que a menudo decido no hablar sobre ello en esos términos. Esto es porque a menudo es difícil para las personas ver la diferencia entre espiritualidad y religiosidad. Actualmente hablo más sobre conciencia, porque, como el espíritu, es universal. La Conciencia impregna todo, así como en la concepción religiosa la Divinidad lo impregna todo. Conciencia y espiritualidad tienden a ser el eje de lo que es importante para mí, porque son universales y por ende compartidas por todos. Sin importar si lo reconocemos o no, la conciencia es lo esencial, la dimensión compartida de nuestro ser.

Cuando hablamos sobre ciencia y sobre científicos, deberíamos preguntarnos ¿quiénes son estos científicos que lideran el pensamiento de la humanidad? Básicamente hablamos de hombres y mujeres, gente que tiene esperanzas, miedos, que duermen y sueñan, que tienen experiencias pico de alegría, felicidad  y visión intuitiva, gente como el resto de nosotros. La diferencia está en que para ser considerado como un científico contemporáneo hay un alto nivel de entrenamiento especializado presente en este proceso. Lo que se ha vuelto desafortunado es el hecho de que a algunas clases de experiencias internas, que son la herencia de cada persona viviente, se les niega cualquier validez científica dentro de la cultura que se ha convertido en "cientificismo".

Esto significa que si estamos tratando con algo que es mensurable (y la conciencia no lo es), algo que puede ser captado por nuestros sentidos o los instrumentos que los amplifican, lo podemos discutir. Pero la verdad obvia que se ignora, la conciencia, lo único que todos compartimos y que se requiere para ejecutar cualquier experimento e incluso para respirar, es lo único que un científico en ejercicio debe evitar examinar profesionalmente o su carrera sería perjudicada. Hay algo fundamentalmente mal con esto, particularmente porque incluso aunque es algo de lo que rara vez se habla, es de conocimiento común que algunos de los avances científicos más grandes han ocurrido como resultado directo de sueños, despertares intuitivos y visiones.

Cualquiera que haya estudiado química, probablemente ha escuchado sobre  MendeléyevCuando dormía tuvo un sueño en el que se basó para crear su propia versión de la tabla periódica de los elementos, que luego se usó para corregir las propiedades de algunos de los elementos ya descubiertos y para predecir ocho elementos aún no descubiertos. Niels Bohr, el famoso físico cuántico, soñó sobre la estructura del átomo. La persona que se describe como el padre de la neurociencia, Otto Loewi, tuvo un sueño indicándole que el impulso nervioso se llevaba a cabo a través de medios químicos, no eléctricos. Él tuvo el sueño, se despertó y lo olvidó por dos noches, pero en la tercera lo recordó. Así fue como obtuvo su Premio Nobel.

Esta lista no estaría completa a menos que mencionemos a Albert Einstein. Cuando era adolescente tuvo un sueño en el que descendía en trineo por una colina. El trineo continuó avanzando cada vez más rápido hasta que sintió que había alcanzado la velocidad de la luz. Él dijo que entonces miró las estrellas y vio que estaban refractando una luz que nunca había visto. Dijo que toda su carrera científica fue una meditación sobre este sueño que tuvo cuando era adolescente. Estas experiencias internas de conciencia son la base de algunas de las más profundas revelaciones por venir en el mundo científico y, sin embargo, se impide su consideración.

Uno de los científicos más grandes del siglo XX se ha marchado casi sin ser reconocido. Fue un botánico involucrado en el monocultivo del algodón, responsable de reorientar completamente las prácticas agrícolas de la porción sur de los Estados Unidos de Norteamérica. Su nombre era George Washington Carver. Él era un hombre muy religioso. Cada mañana salía hasta el bosque y comulgaba con la Naturaleza. Cuando lo hacía, también comulgaba con Dios y le preguntaba a Dios qué era lo que tenía que saber para ese día en particular. Obtenía una respuesta y tal era su trabajo para ese día. Como resultado, además de otros avances, se le ocurrieron más de trescientos productos diferentes que podían hacerse con maní. No solo hizo comida, también hizo caucho, pintura, polvo para la cara y revolucionó la agricultura del Sur de Norteamérica.

Una de las cosas que Carver decía era: "Cualquier cosa revelará sus secretos si la amas lo suficiente". Cualquier cosa se nos revela a sí misma si desarrollamos la capacidad para amarla. Ésta era la metodología científica de este gran hombre de ciencia. Ésta es una metodología con la que puedo simpatizar.

Con los cambios que estamos enfrentando, con la dirección en la que sabemos debemos ir, todo parece incierto, inseguro. La seguridad es una ficción. No existe en ninguna parte en la Naturaleza. Pero si hay algo de lo que podemos estar seguros, es que la mejor salvaguardia y fuente de nuestra futura iluminación es la capacidad de desarrollar amor. Ya reside dentro de nosotros. Todos sabemos cómo hacerlo, quizás imperfectamente en este momento, pero lo sabemos.